Castrismo responde a burlas por la limonada de Díaz-Canel
La difícil tarea de defender al presidente Miguel Díaz-Canel, luego de que mostrara sus pobres ideas para resolver la falta de alimentación en su país mediante “guarapo y limonada”, ha sido acometida con entusiasmo por la prensa castrista
Collage de limones y foto del presidente de Cuba. Imagen: tomada de Newgeneration News
 

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La difícil tarea de lavar la imagen del presidente Miguel Díaz-Canel, luego de que mostrara pobres ideas para resolver la falta de alimentación en su país mediante “guarapo y limonada”, fue acometida con entusiasmo por uno de los medios de la prensa castrista, representante del único partido gobernante.

El comunismo es cosa muy seria, por lo que el humor con el que los cubanos -para no llorar-, se han tomado los disparates soltados por el designado de Raúl Castro, cae a los defensores del régimen como zumo cítrico en estómago vacío.

En el peor estilo del extinto dictador Fidel Castro y sus delirantes e improductivos proyectos agropecuarios, a Díaz-Canel se le ocurre ante el hambre que dejará la pandemia del coronavirus, producir masa de pizza, jugos, guarapo y limonada en la isla.

Sus declaraciones reproducidas por la televisión estatal, que no previó la tempestad que desataba, han sido tema de burlas, memes y críticas de todo tipo. Ahora, un reportero generosamente premiado por la oficialista y tibia Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), respondió a los ciudadanos y medios independientes que hacen mofa del mediocre mandatario, porque según el castrismo reírse de sus dirigentes es vivir en “un idilio eterno con el odio”.

 

 

Para comenzar el redactor Enrique Ojito, del periódico Escambray (medio del Partido Comunista en Sancti Spíritus), comete la desfachatez de utilizar ideas de Martí y llama “almas ruines” a quienes critican la limonada del presidente en las redes sociales. Sobre todo la emprende contra cualquier medio de prensa alternativo a la voz del amo, la del Comité Central del PCC.

Es el mismo José Martí que aseguró “cuando los pueblos emigran los gobernantes sobran”; y también: “De nada servirían la libertad y el derecho, si el derecho y la libertad no se ejercieran, si todavía tuviera el pensamiento, sobre sus espaldas, el látigo de la censura”.

Ambas frases se ajustan perfectamente al gobierno de Canel y su jefe Raúl Castro, pero Ojito y la prensa castrista miran sesgadamente el pensamiento del héroe independentista cubano.

Criticar –¡reírse! – del cantinfleo presidencial es formar parte de una “campaña de satanización de los líderes cubanos”. Eso piensa el redactor, como si los dirigentes del gobierno actual no fuesen ya suficientemente ridículos y grises.

Le duele al medio castrista que, de todo lo dicho en la reunión de alto nivel, solo se recordará a Díaz-Canel diciendo como colegial sediento: “la limonada es la base de todo, (…) a una base de refresco de limón, tú le echas cualquier otra cosa y es un refresco superagradable y superbueno”.


No repara el articulista en lo siguiente: el pueblo cubano, cansado de estar durante décadas sumido en la más profunda escasez de alimentos y todo tipo de productos básicos, poco cree ya en los planes y compromisos de sus funcionarios. Los cubanos prefirieron reírse de las únicas líneas dichas que fueron distintas a otras horas de discursos demagógicos.

Quiere Ojito que el pueblo se nutra, no ya con el refresco imposible de hacer sin limones, sino con estas oraciones suyas: “las autoridades de la isla no han dejado de concederle preeminencia en su temario a la producción alimentaria y, por consiguiente, se labora en la reactivación de la tecnología de ese sector y en promover la industria a nivel local y municipal”.

 

 

Algo parecido repiten, desde que el cubano de ahora tiene memoria, el periódico Granma y el Escambray, Radio Rebelde y el Noticiero Nacional de la Televisión Cubana. Pero la mesa continúa vacía y el derecho a disentir secuestrado, y castigado severamente. ¿El castrismo y sus voceros quieren también prohibir la risa?   

Para que no vuelva tal ola de burlas contra el que ya identifican como el “Limonadista en Jefe”, el periódico estatal –parte de un sistema que ellos insisten en mal llamar público–, pide a sus compañeros de armas en la guerra contra la libertad de opinión poner “en solfa nuestro ejercicio periodístico”. Esto es: sesgar la información y lavar con eficiencia la imagen a los torpes dirigentes castristas.