Plantón y acuerdos del Mincult, sin “tregua” para la prensa en Cuba

Lo sucedido y supuestamente conseguido en el Mincult, ya que está por verse si las promesas se cumplen, no garantiza o aborda las necesidades, libertades y derechos del periodismo independiente en Cuba, reprimido y censurado día tras día
Sin “tregua” para la prensa en Cuba
 

Reproduce este artículo

Entre los puntos de acuerdo alcanzados tras la reunión de funcionarios culturales del régimen cubano con unos 30 representantes de la sociedad civil, como respuesta al plantón de centenares de miembros de ésta en las afueras del Ministerio de Cultura (Mincult) el viernes, destaca la promesa de que se permitiría que los ciudadanos pudieran trabajar, estar y realizarse en los espacios independientes sin ser hostigados.

Muchos lo han referido como una especie de “tregua” que el régimen, o al menos sus autoridades culturales, concedería a la sociedad civil independiente de artistas y creadores, pero también son muchos los que descreen que ello vaya a ocurrir a realmente.

Más allá de lo último, lógica predicción dada la naturaleza dictatorial del régimen político imperante en Cuba, valdría preguntarse si esa tregua prometida aplica o aplicará también para la prensa independiente y alternativa en la isla, o si algún día se le dará alguna garantía o acuerdo similar, con independencia de que probablemente tampoco se cumpla o respete.

Entre los 30 a los que el Mincult permitió entrar para dialogar estuvieron varios periodistas de prensa independiente cubana, algo sin precedente, como lo fue de cierta manera el diálogo en sí mismo.

Camila Acosta, de Cubanet, Mauricio Mendoza, de Diario de Cuba, Alfredo Martínez, de Tremenada Nota y Nelson Julio Álvarez Mariata, de ADN Cuba, fueron los periodistas que participaron en la reunión cuyo desenlace ha dejado un mal sabor en tanto no se consiguió lo que ha tensado el ambiente político de la isla en los últimos días: la liberación del rapero aficionado y contestatario Denis Solís, y el cese de la represión y hostigamiento al Movimiento San Isidro.

Fueron puntos de acuerdo y promesas el resultado del plantón y la reunión en el Mincult, que aun así trascienden como eventos de protesta pacífica ciudadana en la historiografía contemporánea de la Cuba totalitaria en tanto funcionarios del régimen tuvieron que reconocer a los manifestantes y acceder a conversar con ellos en su condición de actores políticos legítimos, lo cual le han negado de manera permanente.

Para la prensa, actor de importancia en cualquier sociedad democrática, como también lo son los artistas y activistas de causas y proyectos sociales, los resultados no fueron muy halagüeños. Se permitió la entrada de los reporteros referidos, pero se les impidió acceder con medios intrínsecos a su trabajo como grabadoras, cámaras y celulares, privándoles de poder transmitir en toda su magnitud la esencia de lo conversado o negociado.

El testimonio de Álvarez Mariata sobre la reunión contiene matices que diluyen lo inédito del reconocimiento a reporteros independientes en espacios oficiales e indican que puede, muy probablemente, haberse tratado de cosa de una sola vez.

El viceministro Fernando Rojas acusó a Diario de Cuba de tergiversar las noticias y le pidió exclusivamente al periodista que representaba a ese medio que no le hiciera ningún tipo de entrevista de manera directa a su persona, detalló a esta revista su periodista participante en el hecho, el cual, refirió, “fue muy intenso para ambas partes”.

“Se hizo un llamamiento de culpabilidad al Mincult por no pronunciarse a favor de los artistas independientes, por contribuir a su criminalización y no darles espacio, por no pronunciarse a su favor o hacer un llamado de advertencia contra las arbitrariedades de los últimos años”, comenta sobre la reunión Álvarez Mariata.

Para los centenares de plantados en la sede del Mincult los acuerdos no fueron resolutivos, pero sí un primer paso que podría conducir a más si no se permite que el régimen haga oídos sordos y falte a los compromisos contraídos por sus funcionarios culturales participantes en el encuentro.

Sin embargo, para la prensa independiente, e incluso la extranjera acreditada en la isla, no hay mucho. Se le reconoció al permitirle la entrada, pero los comentarios de Rojas sobre Diario de Cuba, los impedimentos puestos a los reporteros que se les permitió acceder y la realidad de la isla ratifican ese presente de censura y acoso del que los periodistas son tan víctimas como artistas, activistas y opositores.

Actos represivos como los sufridos por Roberto Quiñones, quien debió cumplir la injusta condena de cárcel que le fue impuesta por sencillamente ejercer el periodismo; Luz Escobar, amenazada de diversas maneras por el régimen, incluso con el futuro de sus hijas; y Abraham Jiménez, trasladado arbitrariamente a interrogatorios intimidantes y denigrantes para que renuncie a sus columnas en medios internacionales, son sólo escasos ejemplos de cuánto sufre y es maltratada la prensa independiente en Cuba.

Un maltrato del que no escapan ni los periodistas extranjeros que el régimen reconoce y agradece cuando de hablar bien de él se trata, pero que odia cuando deciden cumplir con su deber de informar a plenitud sobre la realidad en la isla. 

Quedó evidenciado el pasado domingo 22 de noviembre, cuando corresponsales de medios extranjeros acudieron al Parque Central de La Habana para cubrir la protesta popular a la que había convocado el Movimiento San Isidro.

"A ella no la golpeen porque la va a atender el Minrex. Si la quieren escupir, escúpanla, pero no la toquen”, habrían sido las instrucciones de uno de los encargados del acto de repudio en el Parque Central para la turba "revolucionaria" que fue a reprimir a activistas sobre cómo tratar a una periodista internacional, que solamente quería registrar los hechos para reportar como corresponde.

La escena demuestra el total desprecio del régimen y sus defensores por los principios más elementales de la democracia, el Estado de derecho y la convivencia cívica, a la vez que consagra lo harto sabido al evidenciar el trato del gobierno cubano a la prensa independiente e internacional. 

No obstante, por repetitivo o conocido no deja de indignar, más aún cuando lo sucedido y supuestamente conseguido en el Mincult, ya que está por verse si las promesas se cumplen, no garantiza o aborda las necesidades, libertades y derechos del periodismo en Cuba.