Actriz Olivia Manrufo: “mi proyecto artístico es ser mamá”

Aunque reside en Lima (Perú), Olivia Manrufo, la conocida Indirita del humorístico "Vivir del Cuento", no está ajena a lo que sucede en su país natal
Actriz cubana Olivia Manrufo. Foto: Facebook personal
 

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Olivia Sofía Manrufo Hernández es una actriz cubana que se hizo conocida en la isla porque protagonizó –entre el 2009 y 2012– el popular programa humorístico Vivir del Cuento, interpretando el personaje de Indirita. Nació en La Habana (1985) y se gradúo de Teatro en la Escuela Nacional de Arte. Ha recibido importantes premios de actuación y su última película en Cuba (Jirafas, dirigida por Kiki Álvarez) se estrenó en el Festival Internacional de Rotterdam (2013).

Aunque reside actualmente en Lima (Perú), Olivia Manrufo no está ajena a lo que sucede en su país natal. En esta entrevista con ADN Cuba nos deja saber coordenadas de su quehacer artístico, sus opiniones sobre los temas actuales, y también nos cuenta sobre su vida personal.

– Disfrutamos tu personaje Indirita en "Vivir del Cuento", donde se dijo que te fuiste (metafóricamente) a Tahití. ¿Pero, qué tal la nueva experiencia como actriz en Perú?

Pues diferente y poca, pero he entendido varias cosas. Lo principal es que más allá de las contadas oportunidades en las que pueda mostrar mi trabajo como actriz, es algo que puedo decir que soy, así como puedo decir que soy tímida, delgada, o que soy terca. Ya no padezco tanto por vivir desempleada. Entendí que actuar es para mí algo fisiológico, que va a suceder siempre que las condiciones sean favorables. Por otro lado, no estoy dispuesta a hacer todo lo que se necesita para conseguir una estabilidad en mi carrera. Prefiero andar por ahí, y ser muchas otras cosas, antes que desgastarme o poner toda mi energía en obtener un papel o hacerme visible para lo mismo. Entonces vivo, y gano experiencias de vida que a mi entender es lo único indispensable para poder calzar los zapatos de otro, interpretar un personaje, es decir, ser esa “persona”.

"Vivir del cuento" es aplaudido por muchos, mientras otros miran con sospecha su humor afilado, que casi siempre hinca algún problema generado por el régimen. ¿Qué opinión tienes sobre el humor cubano actual? ¿Qué crees de las dinámicas que bloquean carreras artísticas en Cuba, como la reciente censura contra Andy Vázquez?

Creo que el humor cubano –no sé si siempre, pero al menos desde que tengo conciencia de él– se ha entendido, o el gobierno, régimen, o dictadura (estoy tratando de hacer el ejercicio necesario de llamar las cosas por su nombre), lo ha entendido como una válvula de escape necesaria y conveniente. En otras palabras, creo que [a los humoristas] los dejan ser. Eso favorece a los dos bandos de cierta manera: a los televidentes que se sienten cómplices con chistes más “fuertecitos”, con las carcajadas de los lunes, o los que pueden ir a un teatro o a un club nocturno, que así descomprimen “arterias” obstruidas a punto de estallar; y por la misma razón ayuda al poder a disfrazar su control de la libre expresión, mantener al pueblo entretenido sintiéndose reflejado, comprendido en las heridas cotidianas, en las quejas de toda la vida, pero que finalmente no pasan de eso. Es el hábito y la normalización de la queja sin buscar un propósito más allá.


El poder sabe del efecto que tiene el humor como mecanismo de descompresión, y que de la risa no se pasa a otro estado, que [un programa humorístico] no dura más de 30 o 45 min, y después queda el suspiro, el cuerpo laxo, relajado, tierno, ablandado. Sabe que después de esto, el pueblo no se va a levantar de su sillón. En cambio, habría sido nuevo de ver qué pasaría si al pueblo le quitas su válvula de escape. Qué habría sucedido del colectivo de Vivir del cuento si no hubiese cedido ante la censura y se hubiese negado a prescindir de uno de sus personajes habituales [Facundo, interpretado por Vázquez]. No sé, puede que esté alucinando o inventándome teorías absurdas, también es una posibilidad.

– Hoy la televisión cubana no parece estar en la preferencia de los jóvenes ni de algunos mayores. ¿Hay que replantearse sus programaciones?

Estoy bastante desactualizada de la programación de la TV cubana. Estuve en La Habana casi todo el 2019 y tampoco vi mucho, pero sí puedo decir confiada que la parrilla de la TV cubana te hace sentir siempre como de la familia. Me refiero a que, no importa cuántos años pases sin verla, todo, incluso todos, son los mismos. Nada ni nadie ha cambiado tanto como para no ser reconocido. Puede que en las series el tío flaco ahora esté panzón, o que la prima coqueta tenga un nuevo marido, o que el cuñado vanidoso ahora se tiña las canas... pero las formas, el contenido, la familia en sí, va a ser siempre la misma. Ahora que lo pienso es hasta consecuente. ¿Por qué tendríamos que esperar que la oferta de un canal o tres canales de televisión cambiara, si el dueño de los caballitos sigue siendo el mismo o de la misma familia?

– Luego de los sucesos del 27 de noviembre recibiste una invitación a participar en la Asociación de Actores de Cuba. ¿Qué te hizo no firmar este documento? ¿Lo crees un ardid del gobierno para simular el diálogo que nunca estableció?

Yo he intentado muchas veces cerrar el tema Cuba, con candado y botar la llave en un lago, pero no he podido. Siempre sale a flote la jodida llave, y a veces se abre incluso sin necesidad de llave. A raíz de los plantados del MSI ya desistí de cerrar el tema. Por el contrario, se me activó una disidencia que siempre estuvo ahí. A lo que voy, es que he estado siguiendo muy de cerca todo lo sucedido desde ese momento. Cuando me llega esta carta, así como cuando te llega un correo spam o te pasan una cadena, en ningún momento me pasó por la cabeza firmar algo así. Para mí no había mucho que pensar, lo que sí me cuestioné fue si hacerlo público o no.

Finalmente lo publiqué por lo mismo que mencioné en ese momento: no quiero ser cómplice nunca más. Estoy lejos de tener los conocimientos y herramientas para ser activista, pero al menos decido no participar de manera consciente en algo que no creo. Me parecía ingenuo y peligroso este tipo de acción, porque es como lo de los humoristas, como la carta abierta a Biden [pidiendo el fin del embargo]. Tengo la sensación de que los dejan ser. No estoy diciendo que sea una acción premeditada de los involucrados, para obtener algún beneficio, pero sí la manera que tiene el poder de comprometer a las personas, y a personas buenas. Todos necesitan buscar su espacio, defenderlo, trabajar en él, nunca voy a obviar esto, pero creo en el caso de los actores que no era el momento de plantear un diálogo con las mismas autoridades que públicamente lo habían negado, y menos a favor de sus propios intereses, que no estaba directamente ligados a las demandas del 27N.

Además, ¿cómo terminó eso? Con el programa Palabra Precisa, donde salieron dos [actores] representantes de las autoridades del Ministerio de Cultura que participaron en la reunión que finalmente se concedió a los de la Asociación. Pero en ese programa, como suele ser el estilo conocido de la difamación, solo estuvieron estos dos actores en representación de dicha reunión y por supuesto, sin nadie que les replicara, se sintieron con derecho a deslegitimar la reunión, la posibilidad de diálogo o asociación alguna y a sus propios compañeros del gremio.

– ¿A qué proyectos artísticos estás ahora vinculada? ¿Cuándo podremos disfrutarte en pantalla?

Mi proyecto artístico, pedagógico y social, en estos momentos (y supongo que en mucho tiempo), es ser Mamá. Quiero escribir lo que pueda y tener tiempo real para criar a mi hija. También quiero irme al campo, y estudiar para ser una gran mamá y escribir más o menos.

– ¿Te gustaría dejar algún mensaje a los jóvenes actores y actrices cubanos?

Iba a decir que no hay mensaje. Y lo digo, pero también quiero decir, que los actores y actrices somos bichitos muy maltratados, siempre a disposición del antojo y el ego y el punto de vista de alguien más. Si consideran que sus problemas podrían solucionarse en parte, conformando una Asociación de Actores, pues me encanta. Defiéndanla entonces con las uñas y los intestinos, pero hay también que ser conscientes del país en que se vive y de su contexto político-social. Es, creo yo, la única forma de arrancarle algún derecho al poder totalitario. Y por último, entender que todo acto, acción, todo movimiento, así sea gremial, personal o molecular, es político.