Critican carta de cubanos a Biden: ¿Por qué no hacen una a su 'presidente'?

Una carta enviada al presidente de EE.UU., Joe Biden, pidiendo que levante las sanciones económicas al régimen castrista, es duramente criticada por otros cubanos que reclaman un posicionamiento frontal contra la dictadura
General Raúl Castro, y presidente designado Miguel Díaz Canel. Fotomontaje: ADN Cuba
 

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Una carta enviada este lunes por unos 300 cubanos al presidente de EE.UU., Joe Biden, pidiendo que levante las sanciones económicas al régimen castrista, es duramente criticada por otros que reclaman un posicionamiento frontal contra la dictadura.

Hasta el momento han firmado la “Carta Abierta al presidente Joseph R. Biden, Jr.”, publicada en La Joven Cuba (LJC), alrededor de 300 artistas, médicos, intelectuales, periodistas, emprendedores y otros ciudadanos residentes en Cuba y el extranjero. En la misiva, que fue llevada a la Embajada de Estados Unidos en La Habana, y a la Casa blanca, le solicitan al mandatario demócrata “levantar las sanciones incondicionalmente”.

“Sabemos que Estados Unidos no es el único responsable de los problemas que enfrenta el país. Sin embargo, las sanciones económicas, financieras y comerciales que nos han impuesto durante 59 años han hecho muy difícil superarlos en sus dimensiones económica y política”, aseguran en el comunicado.

Los promotores de la iniciativa desean un “deshielo” similar al ocurrido durante los últimos años del segundo mandato de Barack Obama, e instaron a Biden para que “comience a desmantelar el sistema de sanciones que continúa afectando al pueblo cubano”.

“Por qué los firmantes de esta carta no hacen una a su propio 'presidente' para que no castre TODAS las LIBERTADES del ser humano”, cuestionó el científico y activista cubano Ariel Ruiz Urquiola. El opositor ilustró con la historia de su familia las violaciones cometidas por el régimen y que, a su juicio, son de urgente denuncia antes que pedir un entendimiento con el castrismo.

Cita la expulsión y “cese” de contratos como académicos de la Universidad de La Habana de Ariel y su hermana Omara Ruiz Urquiola, por motivaciones ideológicas. Denuncia el “asesinato de ganados mayor y menor y destrucción generalizada de los cultivos en la finca de los hermanos Ruiz Urquiola (…), por parte de esbirros al servicio de la policía política”.

También, fustiga que las autoridades impidieron por diversas vías, el acceso a energía eléctrica en la finca ubicada en Pinar del Río, así como que otros los ayudaran “a cobijar la vivienda rural en dos ocasiones, [acción realizada] abiertamente por parte de la policía política con amenaza a la libertad de los miembros de la brigada” de campesinos de Consolación del Sur.

Además, denuncia “torturas médicas por diversas formas de miembros claramente identificados dentro del sistema de salud 'pública' de Cuba para acelerar las lesiones cancerosas de Omara Isabel Ruiz Urquiola y provocar su muerte”.

Ariel Ruiz Urquiola refiere su prisión política, “ejecutada por la Policía Nacional Revolucionaria declarada como de conciencia según Amnistía Internacional y como una detención arbitraria por el Alto Comisionado de DD.HH. de la ONU”. Volvió a acusar al régimen de “tortura médica y crimen de lesa humanidad”, contra él, “a través de la inoculación de una cepa altamente mutagénica de VIH en un hospital público cuando se defendía de la prisión indigna con una huelga de hambre y sed”.

Entre otras críticas al régimen, Urquiola mencionó que “usa los medios nacionales, todos bajo la égida de la dictadura cubana y penetrados hasta el tuétano por la policía política, para calumniar, e injuriar a ciudadanos comunes que lo único que pretendemos es ser seres sociales sin doble moral y emprendedores”.

“¿Estas atrocidades públicas tienen algo que ver con el embargo norteamericano contra la dictadura cubana que desgobierna (…) y organiza y ejecuta terrorismo de estado en la propia nación cubana y una serie de países latinoamericanos (…)?, cuestionó el activista.

Ruiz Urquiola exhortó en Facebook, “a todas las víctimas directas de las atrocidades cometidas por la familia Castro y sus secuaces a que escriban cartas al presidente de los EE.UU. exigiéndole la nula colaboración con el desgobierno cubano (…)”.

“Ser dignos es ser completamente honestos, y no usar a una masa de esclavos, analfabetos funcionales con toda la mala intención del mundo, para permitir los negocios privados y el derecho al ocio de unos pocos: la familia Castro, sus aliados y secuaces (…)”, añadió.

Por otra parte, en el independiente Diario de Cuba, los columnistas Emilio Morales y Juan Antonio Blanco, criticaron que en la carta de LJC “se amontonaron” las “demandas y acusaciones contra Estados Unidos por todos los males que padece la población —omitiendo toda referencia a quienes en Cuba los provocaron”.

Opinan que la misiva está “firmada por un grupo heterogéneo en el que coexisten espías, agentes de influencia, oportunistas, ingenuos de buena fe. También hay unos pocos académicos que, después de asumir posturas valientes, fueron atacados por la nueva ola represiva de los talibanes, y que habrían sido presentados como proamericanos si rehusaban firmarla”.

Los intelectuales Morales y Blanco, refieren que “no hay en esa misiva un solo reclamo a quienes sabotearon, por varios años, la política de Obama hacia Cuba”.

Para restablecer el “deshielo”, opinan en Diario de Cuba, se “requiere primero enfrentar la verdad y decirla sin adornos ni tapujos. La causa principal de la crisis social y económica que viven hoy los ciudadanos, incluso muchos de los firmantes de esa carta, no fue obra de Estados Unidos sino de esa élite de poder mafiosa que han elegido no mencionar”.