Israel Rojas iguala plantón en Mincult a tángana en parque Trillo
El director de la agrupación Buena Fe rebajó la importancia y significación sociopolítica de lo ocurrido en la sede del Mincult al igualarlo con la llamada tángana organizada por el régimen en el parque Trillo
 

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El cantante y compositor cubano Israel Rojas rebajó la importancia y significación sociopolítica de lo ocurrido el pasado viernes 27 de noviembre en la sede del Ministerio de Cultura (Mincult) al igualarlo con la llamada tángana organizada por el régimen y sus organizaciones en el parque Trillo de La Habana, dos días después.

En el Mincult se agruparon centenares de artistas, activistas y jóvenes que, a partir de la represión de la Seguridad del Estado y la policía contra el Movimiento San Isidro (MSI), quisieron externar su inconformidad y deseo con que en la isla cambie la situación de los derechos humanos y las libertades civiles y políticas, como la de expresión y creación, violentadas y reprimidas por el régimen a diario.

Estuvieron plantados por horas hasta que el viceministro Fernando Rojas y otros funcionarios culturales se dignaron a escuchar a 30 de ellos en una reunión, tras la cual prometieron una tregua y contrajeron varios compromisos, la mayoría de ellos incumplidos apenas horas después del encuentro.

Como respuesta artificiosa a esos acontecimientos espontáneos, ilustrativos como pocos de la pluralidad sociopolítica realmente existente del país y que el oficialismo pretende negar y ocultar por cualquier medio a su alcance, el gobierno organizó el domingo 29 una llamada tángana para que sus partidarios o jóvenes ciudadanos que deben obedecerlo sí o sí diesen una falsa imagen de apoyo a la pretendida “revolución” y su ideología.

Sin embargo, a pesar de esas enormes diferencias entre un hecho y otro, Rojas, director de la popular agrupación Buena Fe, otrora celebrada por letras con mensajes críticos al totalitarismo ideológico del régimen, consideró que es engañoso “mezclar ambas cosas y echarlas en la misma olla, como si una derivase de la otra”.

“Separar ambos procesos puede ser erróneo. Yo creo que muchos que estuvieron en el Mincult también estuvieron en el parque Trillo. Hay muchas demandas que son las mismas, que se comunican. No hay dos juventudes. Hay una juventud inquieta, que hay que seguir sumando y lanzando a sus propios objetivos”, aseveró el músico en una entrevista que concediera para el periódico oficialista Escambray.

Desde su punto de vista, el logro de lo que sucedió en el Mincult fue “la movilización de un grupo de jóvenes alrededor de sus inquietudes, de sus demandas y reclamos”, muchas de las cuales, consideró, se valoran y se ventilan en las organizaciones controladas por el régimen como la AHS o la Uneac, pero que “definitivamente pueden no tener toda la rapidez y la inmediatez” en su atención y respuesta.

De tal suerte, para Rojas lo discutido en el Mincult puede solucionarse en los estrechos canales de pretendido diálogo que habitualmente instrumenta el régimen, donde nunca se permiten cuestionamientos frontales a su naturaleza dictatorial y excluyente de cualquier disidencia o pluralismo político.

Nada habló el músico en la entrevista de libertad de expresión y creación, así como de la represión que sufren activistas, opositores y periodistas independientes, verdadera causa del plantón del Mincult.

Tampoco refirió las enormes diferencias que hubo entre las dos concentraciones, una auténticamente espontánea y la otra convocada, de la manera “voluntariamente forzosa” en la que se hace todo lo oficial en Cuba, como respuesta a la primera.

Para Israel Rojas, en consonancia con la estrategia que están desplegando los órganos represivos para mermar al grupo de la reunión y mantenerlo aislado del MSI, los plantados y reunidos en el Mincult pueden ser absorbidos por el régimen sin mayor contratiempo. 

Rebaja así la importancia de lo sucedido, de manera tal que, si la Seguridad del Estado consigue sus objetivos mediante la represión a los que más les incomodan de los 30 y el MSI, para el discurso oficial lo ocurrido en el Mincult y el parque Trillo terminarán siendo muestras de “apoyo” a lo que fantasiosamente se le sigue llamando “revolución”.