MSI y grupo del Mincult, ¿Qué no olvidar en un movimiento cívico?

Para el éxito de un movimiento cívico que busca cambiar un régimen o sus características más vejatorias, hay lecciones o claves que no se deben olvidar para no perecer. La unidad y el consenso en la diferencia, y las estrategias y metas comunes son esenciales
¿Qué no olvidar en un movimiento cívico? La unidad y el consenso en la diferencia
 

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*Por Orlando Gutiérrez Boronat y José Gabriel Martínez Rodríguez 

Los acontecimientos de los últimos días en Cuba se han sucedido a un ritmo tan vertiginoso e inusual para las dinámicas rutinarias de la isla, que a muchos les ha embargado el optimismo por la potencial ocurrencia de un alzamiento cívico que ponga fin al actual régimen.

El Movimiento San Isidro (MSI), su atrincheramiento y huelga de hambre para la liberación de Denis Solís, así como el vergonzoso desalojo y represión de las que fue objeto, motivaron un plantón sin precedentes frente a la sede del Ministerio de Cultura (Mincult), que obligó a que funcionarios del gobierno se sentaran a dialogar con 30 miembros de la sociedad civil independiente.

Miembros que, contrario a los procesos simulados por el régimen, fueron elegidos de manera democrática para representar a centenares de cubanos que con su presencia en el lugar manifestaron su renuencia a que en Cuba se siga reprimiendo a todo el que disienta, y cercenando las libertades y derechos individuales de toda la ciudadanía.

Tras esto y el evidente e inmediato incumplimiento por el régimen de lo que sus funcionarios culturales presentes en la reunión pactaron, se han sucedido manifestaciones en más de 20 lugares diferentes de la isla, que han sido reprimidas y ponen de manifiesto eso que el oficialismo se empeña tanto en no reconocer formalmente y ocultar: el descontento con el régimen imperante en la isla no es cosa de 14 “mercenarios” o “marginados”, sino algo generalizado que aún no ha encontrado las vías y formas para forzar un cambio en el estado de las cosas.

En la teoría de la lucha no violenta, eventos como los sucedidos en Cuba responden a una primera fase de “protesta y persuasión”, donde una vanguardia ciudadana demuestra que se puede luchar a favor del cambio pese a las sanciones, castigos y represión de un sistema.

Las acciones no violentas del MSI prendieron una mecha que permitió que el ya referido como Grupo de los 30 consiguiera algo inédito en la historia política reciente del país. 

Incluso con los incumplimientos del régimen, forzar el inicio de un diálogo con la presencia de medios de prensa independiente, obligar a escuchar las verdades siempre negadas sobre represión y la inexistencia de un Estado de derecho, y preocupar al punto de tener que desplegar más efectivos policiales y represivos de lo habitual en las calles –con sus derivadas detenciones arbitrarias, retenciones domiciliarias forzosas y escenas de explícita vulneración de derechos y libertades elementales, pero nunca respetadas-, no es poca cosa.

Tampoco lo es el hecho de que se obligue a simular “espontaneidad” o “autenticidad” a los defensores del sistema –o a los aún férreamente controlados por éste- en un acto político lleno de despropósitos en plena contingencia sanitaria, ni que se exhiba la falta de ética de los propagandistas y voceros del oficialismo en un programa manipulador, tendenciosos y lleno de sesgos informativos e interpretativos.

Son todos motivos que desnudan y hacen más explícita aún de cara a todos los cubanos y el resto del mundo la naturaleza dictatorial de un régimen que gusta autodefinirse y referirse como humanista y emancipatorio, cuando en la práctica cotidiana es justamente todo lo contrario.

Sin embargo, con tantos logros por celebrar y acciones que profundizar, malas prácticas y actitudes de los propios activistas, artistas y reclamantes de toda índole que han puesto en jaque al sistema podrían dar al traste con lo que muchos suponen puede ser el inicio del cambio ansiado en Cuba para conseguir la anhelada y siempre postergada democracia.

Es cierto que en el Mincult pudo haberse conseguido más. También que el régimen ha incumplido hasta ahora todo lo que prometió - a expensas de que se dé o no la reunión con el ministro de Cultura anunciada para después del miércoles de esta semana- y que los huelguistas del MSI debieron estar presentes en cualquier negociación que se emprendiera o, cuando menos, dejar de ser reprimidos de inmediato.

Las causas que motivaron su atrincheramiento y huelga debieron ser atendidas la misma noche de la reunión, como una prueba verdadera de “buena voluntad” y disposición al diálogo.

Pero, no puede perderse de vista que la sociedad civil cubana enfrenta a un régimen poderoso cuyas fuentes de poder y obediencia por parte de otros sectores populares no terminan de resquebrajarse.

Lo que se viene gestando en Cuba adopta matices de un auténtico movimiento cívico que debe rebasar personalidades o grupos específicos, amén de la iniciativa o las acciones que tengan en la práctica más peso o no. Ello no implica dejar a nadie atrás o desentenderse de liderazgos o méritos, mucho menos dejar de exigir justicia para todos ni de contemplar demandas o intereses que no respondan a todos por igual.

Se trata de sumar sin jerarquías y contribuir a que se construya finalmente esa Cuba “con todos y para el bien de todos”, traicionada una y otra vez.

En un movimiento cívico hay puntos esenciales que no se deben olvidar. En este que podría estarse gestando en Cuba -con riesgos de diluirse ante la represión y estrategias divisorias del régimen, y errores de sus protagonistas e impulsores como personalización de la experiencia, faltas estratégicas y programáticas, y sobredimensionamiento de individualidades por encima del necesario consenso y unidad de acción-, el doctor Orlando Gutiérrez Boronat, secretario nacional del Directorio Democrático Cubano, destaca cinco:

1.    Tener los objetivos claros:  lo que buscamos es la libertad y la democracia. El pleno restablecimiento de nuestros derechos. Este fin no es negociable porque significa nuestra misma esencia. Ningún hombre o estado nos da nuestros derechos.

Son nuestros por nuestra naturaleza y tienen que ser respetados YA.  Por tanto, podemos enfocarnos en objetivos inmediatos, podemos desarrollar metas inmediatas en el plano social, pero siempre sin perder de vista nuestro objetivo real ni renunciar a él.

2.    En base a lo anterior, entender que ningún régimen que nos quite nuestros derechos puede ser legítimo. No estamos ante un “gobierno” sino ante un ente facultado por la soberanía popular para el ejercicio de la autoridad pública. La voz legítima de Cuba, su autoridad real, está en la Resistencia.

3.    En el espacio público está la clave. Hay que ocuparlo cada vez que podamos, todo el tiempo que podamos, de la manera que podamos. Ocuparlo con nuestro mensaje, nuestros cuerpos, nuestros símbolos. Ahí está la lucha y no hay marcha atrás. De las salas salimos y no regresamos.

4.    Ésta es la lucha de todo un pueblo. No hay exclusiones. Hay que buscar alianzas horizontales con todos los individuos y sectores sociales que estén activos. Todas las luchas son una gran lucha.  El objetivo final es una Cuba para Todos, reconciliación en Libertad.

Tan importante es el que lucha como el que apoya la lucha. Los que están en primera línea del reto cívico tienen que tener dónde reunirse, dónde refugiarse, cómo transportarse. Por tanto, es menester asignar la organización de esos factores a personas específicas cuya única función sea esa.

5.    Mantener siempre la moral: decir la verdad, no vendernos ni traicionar, rechazar la cobardía. En la coherencia de nuestra conducta estará la coherencia del movimiento. Ocupar espacio y resistir sin rendirnos, empezando por nuestro espacio interior.

La lucha no violenta organizada es esencial para la Cuba democrática que se pretende. No hay nada de malo en ella, por mucho que se empeñe la propaganda en hacerla ver falsamente como recetario de organizaciones de inteligencia extranjeras que pretenden interferir en los asuntos internos de otras naciones, en beneficio de intereses hegemónicos.

Bajo esa lógica sólo se piensa cuando no se detenta el poder ni se genera el consenso o pacto social de manera plural y democrática. El régimen cubano, en tanto no democrático, impide e intenta desacreditar todo aquello que empodere a la ciudadanía para reclamar y disfrutar de los derechos políticos y civiles que formalmente le corresponderían en una democracia.

Por eso tacha de “mercenarios”, “vendidos al enemigo” o “marginados” a quienes se le oponen. Nunca contemplará que haya cubanos conscientes de que bajo el actual sistema no podrán disfrutar nunca de sus derechos humanos y libertades, y actúen legítimamente para cambiarlo.

Tras los hechos del Mincult podría apelar, si se ve obligado a ello, a escuetas concesiones que podrán verse como logros o conquistas de la sociedad civil, pero que no resolverán en el corto plazo los problemas de fondo.

Para que lo último suceda, será necesario que los protagonistas del movimiento cívico que se gesta o ya existe, que son todos los que forman parte de él y se van sumando por libre y espontánea voluntad, se organicen y sumen fuerzas para emprender acciones continuas y contundentes.

Personalizarlas en exceso podría dañar las relaciones humanas de la experiencia, lo cual sólo beneficia al poder que se desafía y atenta contra el consenso requerido para construir la Cuba plural, democrática y diversa, donde importen igualdad de oportunidades, justicia social y libertad por igual, que tanto queremos y necesitamos.

Escrito por Orlando Gutiérrez-Boronat

El Dr. Orlando Gutiérrez-Boronat nació en 1965 en La Habana, Cuba. Tiene un doctorado en Filosofía de Estudios Internacionales de la Universidad de Miami, junto con títulos de posgrado y licenciatura en Ciencias Políticas y Comunicaciones de la Universidad Internacional de Florida. Es portavoz de la Dirección Democrática de Cuba, profesor invitado en la Universidad de Georgetown y líder de la comunidad cubana en el exilio. Su familia emigró a los Estados Unidos desde Cuba en 1971 en busca de libertad. En 1990, cofundó la ONG cubanoamericana, Directorio Democratico Cubano, a favor de los derechos humanos y el cambio democrático en Cuba. En 2005, el Dr. Gutiérrez-Boronat lanzó Radio República, una estación de radio que ofrece noticias e información sin censura a los cubanos en la isla.