Adela y Sorbeto se salvan con la picúa
Sorbeto y Adela pescan picúas en la orilla. Boniato y arroz congrí pueden servir para acompañar, pero si no se apuran tendrán que comerse el pescado hervido, porque es domingo y la carretilla cierra al mediodía
Adela y Sorbeto en la pesca de la picúa. /Foto: Francisco Correa. ADN CUBA

Puede venir la crisis que sea que nosotros vamos a sobrevivir. Además, sé hacer cualquier cosa, desde panadero hasta albañilería, también sé pescar y aunque es cierto que los peces escasean con relación a otra época, ya casi nadie se acuerda de la picúa, el pez más sabroso del mar”.

Llamada también “barracuda”, según los viejos pescadores la picúa posee una carne deliciosa que supera en sabor y textura al pargo y al castero, incluso al emperador. Su tendencia a resultar ciguata la desmerita y frena a los pescadores en su captura y a los que gustan del pescado de consumirla.

Pero la picúa de esta zona del norte de Cuba jamás es ciguata— asegura Sorbeto— Y la orilla está llena de picúas, lo que pasa es que su pesca es complicada y requiere de mucha paciencia y de tacto, y pocos la resisten. Además, los pescadores de ahora, salen en corcho mar afuera soñando con el gran pez, que nunca encuentran, y le pasan por al lado a las picúas sin percibirlas”.

Según describe el pescador, la picúa se aposta contra la corriente en el “arenazo”, cerca de los lotes de algas y los “cabezos” de piedras, donde se ocultan los peces pequeños, que son su sustento: sardinas, roncos, salmonetes y mojarras. Es un cazador exacto, se mantiene inmóvil, casi transparente por su color que se confunde con la corriente y cuando algún pez despistado sale de su zona de confort, la picúa se dispara sobre él como una saeta y lo trapa con sus mandíbulas de acero.

La pesca de la picúa desde la orilla consiste primeramente en detectarla, algo que es difícil por su camuflaje en el agua, hay que ir recorriendo la orilla y haciendo tiros a distintos puntos con una carnada viva, a ver si alguna se avista”.

Sorbeto saca una lata de cerveza vacía, donde hay enrollado un nylon muy fino con un anzuelo mosca, le inserta una pequeña lombriz que ha extraído de la arena de la orilla y tras un par de tiros engancha una sardina.

Esto las desquicia”— dice Sorbeto, que guarda la lata en su bolso y extrae un carrete de madera con un nylon de 24 libras, rematado con un fino alambre de acero donde se engancha un anzuelo 16. La sardina está viva, la ensarta por los ojos, luego la tira al mar. Está parado sobre el muro de círculo social Marcelo Salado, donde dice que existe la flora y la fauna especial para encontrar picúas.

 

 

Hace varios tiros hacia otros sitios, siempre recogiendo el cordel rápidamente,  mientras lo acerca aparece la sardina disparada como si estuviera nadando. Sorbeto camina sobre el muro, entrando más hacia el mar. Su esposa Adela lo sigue, con la misma paciencia. Confía en que es un pescador excelente y al final siempre coge una.

Nosotros comemos pescado porque previene una pila de enfermedades y además tiene fósforo y proteína. No vengo todos los días, trabajo lejos y cuando la cosa está mala en la casa, que es casi siempre, vengo y hago unos tiros”.

Además de Sorbeto, el otro pescador de Jaimanitas que hacía esta pesca era Ñico, ahora retirado del oficio. La población de picúas de la orilla quedó a merced de Sorbeto, que hace un tiro largo y mientras recoge el sedal siente algo duro y grita: ¡Sí! Deja el nylon quieto un momento y luego da un tirón y vuelve a gritar: ¡Ahí viene!

En el agua se percibe un culebreo que se acerca, mientras Sorbeto recoge el sedal que está tensado al máximo y saca del agua una hermosa picúa de tres libras.  Adela ve salvado el almuerzo y sonríe, pero por su mente cruza como un rayo la siguiente pregunta: “¿Con qué nos comeremos la picúa?”.

Propone acompañarla con boniato de una carretilla y arroz congrí; para eso hay que buscar el sazón y la grasa. Sorbeto dice que solo tiene dinero para una pastillita de sabor y reza que no se acabé el gas de la balita, el ciclo lo alargaron y si se acaba, tendrán que hacer un fogón de leña.

Adela recuerda entonces que es domingo, que la carretilla cierra al mediodía y si no se apuran, tendrán que comerse la picúa hervida