Desaparecen las “carretillas” del escenario urbano

En 2014, Yanquiel O’Farril se erigió como líder de los carretilleros del municipio Playa, al ser hostigado repetidas veces, multado y sus productos decomisados por los inspectores. En todos los casos protestó enérgicamente, en el Partido Comunista y en el Gobierno. La prensa independiente denunció el atropello.

Una "carretilla" de productos agrícolas en La Habana, 2014. /Foto: Frank Correa. ADN CUBA
Una "carretilla" de productos agrícolas en La Habana, 2014. /Foto: Francisco Correa. ADN CUBA

 

Los fiscales acusaban a Yanquiel de no mover la carretilla constantemente, como exige la licencia, algo difícil por el peso del artefacto y la cantidad de productos que cargaba.

Hoy los inspectores ni se asoman por aquí”— dice Pedro, carretillero de muchos años— ya es tan poco lo que vendemos, que tal vez le parezca ridículo. Recuerdo perfectamente a Yanquiel, todavía admiramos su valentía. Pero al final tuvo que desistir, se fue para Estados Unidos vía Ecuador”.

Otro carretillero que recuerda al líder del gremio es Carlos Velázquez. Asegura que en tiempos de Yanquiel existía “El Trigal”, un centro de acopio con más de 40 productos que comercializaba diariamente. Hoy “El Trigal” no existe, tienen que comprarles a los intermediarios. Si encuentras cuatro o cinco productos son muchos. Plátano, aguacate y boniato, pocas verduras, nada de frutas, ni ensaladas.

Con los precios topados ha caído abruptamente la comercialización en los agromercados. En Jaimanitas— al oeste de La Habana— llegaron a existir 10 carretillas permanentes; hoy quedan dos, casi siempre desabastecidas.

Para Ruidael Arias, por ejemplo, la carretilla dejó de ser un oficio rentable.

Abandoné la escuela para poner una carretilla, al principio daba ganancia, hoy tengo que ‘emparejar la inversión con la pesa’, robándole al cliente, para poder subsistir”.

Clientes encuestados por ADN CUBA sobre las pocas opciones alimentarias que hay actualmente en la isla,  coinciden en señalar que ha cambiado notablemente el panorama de las carretillas en la capital cubana.

Hoy encuentras muy pocas— dice Amalia Ruiz, ama de casa y vecina del reparto la Ceiba— y los carretilleros te matan tres veces, en el precio, en la pesa y en el vuelto. Si no andas a la viva te exageran el precio, en el pesaje es común que te asesinen, y hay que contar bien cada peso, porque siempre se equivocan a su favor.

Ayer compré una libra de limón y una libra de cebolla: fueron 55 pesos y todo me cabía en una mano. Recuerdo que antes con 55 pesos, llegaba a la casa con la jaba llena, hoy son simplemente una burla”, cuenta Amalia.

 

 

Los sábados es día de feria en Jaimanitas. Camiones de los municipios Güira de Melena y de Alquizar llenan con productos el espacio del agromercado estatal, usualmente vacío. Para María Estela Ramos, esos productos debían estar permanentemente en las tarimas, “no solo un día a la semana y además más baratos, en la famosa feria los precios siguen siendo igual de altos”.

Joaquín Bustamante, pescador y buzo de Jaimanitas, bromea y dice que en Cuba la gente debe presentar un “exceso de potasio”, porque lo único que no falta es plátano.

Voy a investigar sus beneficios, ojalá sea bueno para la salud, porque en lo que va de mes en mi casa se ha comido más plátano que en el zoológico nacional. Tal vez por eso es que mis dos chamacos quieren matricular en gimnasia. Siempre andan colgado de las vigas, o dando saltos mortales”.

En esta temporada, el aguacate es la otra opción permanente en las carretillas. Alida Veranes confiesa que siempre le hizo rechazo, pero ha tenido que hacerse el haraquiri: “Hasta con pan en el desayuno he tenido que utilizarlo, pues la mantequilla y el queso son una quimera, por lo menos para nosotros los de abajo… Es caro, pero es lo único que hay. Aguacate, plátano y boniato, los tres mosqueteros”.

Otro carretillero que tuvo que renunciar al cuentapropismo es Pavel Claro, uno de los primeros carretilleros instalados en Romerillo. Pavel confiesa que lo que no logró el cuerpo de inspectores, lo consiguieron los precios topados.

Me multaban, me decomisaban los productos, me pedían dinero para hacerse los de la vista gorda y yo seguía adelante, porque la carretilla daba ganancia. Ahora todo está muy caro. Me fui a trabajar de custodio en un paladar, hasta que la marea baje”.

Por estos días Yanquiel O’Farril vino de visita a Cuba y se paseó por Jaimanitas en un auto rentado. Fue a saludar a sus viejos colegas de oficio, pero solo halló a Tito, con aguacates y plátanos, y a ‘Michiflin’, con rastrojos de cebolla, un poco de ají cachucha y los “tres mosqueteros” tradicionales.

¿Qué pasó por aquí? ¿Un tsunami?”— bromeó Yanquiel. Los antiguos colegas le contaron que El Trigal ya no existía y los precios topados eran  cuchillo para sus gargantas. Yanquiel se persignó. Le regaló a cada uno 50 CUC y dio gracias a Dios por su decisión de largarse. “Porque no sé lo que haría si estuviera todavía ‘carretilleando’. Seguro estaría preso, mi carácter rebelde no me da para aguantar tanta farsa”.