Razones para la dimisión del ministro Alpidio Alonso
ADN Cuba conversó con Julio Llopiz-Casal, Carlos Lechuga y Mauricio Mendoza, quienes refirieron por qué exigen que abandonen sus cargos el titular de Cultura, Alpidio Alonso, y toda su cámara ministerial
Cineasta Carlos Lechuga, artista Julio Llopiz-Casal,  y periodista independiente Mauricio Mendoza
 

Reproduce este artículo

El 27 de enero se cumplieron dos meses de la sentada de los activistas e intelectuales cubanos frente al Ministerio de Cultura (Mincult) en La Habana. El grupo, identificado como 27 de noviembre (27N), se consolida con una agenda de actividades, imagen y una fuerte campaña a favor del diálogo y la coexistencia pacífica.

Es importante destacar que el diálogo con las instituciones oficialistas se ha visto varias veces cancelado por agentes del gobierno que insisten en socavar la reputación de los artistas y activistas. Una muestra de ello fue, los sucesos del 27 de enero cuando varios activistas amanecieron detenidos o sitiados por la Seguridad del Estado para impedirles la reunión en el Parque 13 de marzo, como habían previsto. Esto motivó a una veintena de jóvenes a regresar al Mincult para dialogar con el ministro y exigir liberaciones inmediatas.

El viceministro Fernando Rojas, instó a los jóvenes a entrar al Ministerio, sin embargo, ya estaban acordonando la zona con efectivos policiales. Lo jóvenes se negaron y terminaron siendo víctimas de represión policial, golpeados in situ, vejados tras ser arrestados arbitrariamente y permaneciendo, algunos de ellos, varias horas en paradero desconocido.

Este intento de diálogo fue cancelado una vez más por las autoridades; sobre todo cuando fueron agredidos físicamente por el propio ministro de Cultura, Alpidio Alonso, (que le arrebató de forma violenta el móvil al periodista independiente Mauricio Mendoza) y luego fueron sacados del lugar en un autobús en contra de su voluntad. “No somos delincuentes” decían algunos mientras eran obligados a subirse al vehículo.

Estos hechos generaron no solo el rechazo de varios intelectuales cubanos, sino también el de varios ministros, exministros y diplomáticos de gobiernos latinoamericanos. De igual forma, se ha generado una campaña para apoyar la carta que circula por las redes del grupo 27N que solicita la revocación del ministro de Cultura, Alpidio Alonso.

Algunos de los implicados nos cuentan sus razones. 

Julio Llopiz-Casal: No tiene absolutamente ninguna capacidad

 

Un ministro es, técnicamente, un representante del poder. Vocero de una postura, una actitud, una forma de gobierno. También, técnicamente, un ministro es el funcionario que media entre los intereses del Estado y los de la sociedad civil en relación con determinados aspectos de la realidad, como pueden ser: la economía, industria o justicia.

En el caso de la Cuba de hoy, hay un problema de base. Los ministros no median de manera natural entre los intereses del Estado y los de la sociedad civil; pues esta mediación consiste en legitimar los intereses del poder y disipar los de la sociedad civil.

La cultura es uno de estos aspectos. A lo largo de los años he visto practicar de muchas maneras este proceso de legitimación/disipación; pero nunca había visto, menos al ministro personalmente, poner en práctica este proceso a partir de una violencia física tan desfachatada.

Un funcionario, sea cual sea su jurisdicción, está obligado manejar sus asuntos dentro del terreno del lenguaje verbal, de la comunicación y la diplomacia; un ministro de cultura tiene esta obligación multiplicada por tres.

Si Alpidio Alonso no se personó el 27 de noviembre de 2020 para intercambiar con los representantes de la comunidad creativa y la sociedad civil, si no se ha manifestado de manera formal, coherente y digna ante la situación actual, y hace acto de presencia para actuar de una manera tan salvaje y penosa, es porque no tiene absolutamente ninguna capacidad para ocupar ese puesto.

Alpidio Alonso no puede ser más el ministro de Cultura.


Julio Llopiz-Casal (La Habana, 1984). Artista visual que trabaja la instalación, el performance, la fotografía, el video, el diseño y la escritura. Su proceso creativo consiste en convertir los estados de ánimo en imágenes, desde nociones como la historia, la cultura de masas y la vida de consumo. Es licenciado en Historia del Arte por la Universidad de La Habana (2011). Ha participado en las muestras colectivas "Tócate", Galería Habana, La Habana (2013), "La parte maldita", Embajada de Noruega,  La Habana (2013); "Landlord Colors: On Art, Economy, and Materiality" | Cranbrook Art Museum, Detroit (2019); "Cada forma en el espacio es una forma de tiempo que se escapa", Estudio Dagoberto Rodríguez, Madrid (2020). Sus obras se encuentran en colecciones como la del Cranbrook Art Museum, Detroit. U. S; la de Eva-Lotta Holm Flach (Flach Galleri) Stockholm, Sweden; Michael Delahunt. Colorado, U. S; Wendy Fritz (H is for House) Miami, U. S.; y Laura J. Mott. Detroit. U. S.

Carlos Lechuga: Inaceptable que sea cómplice del terror

 

No es el único que debe renunciar. Pero volviendo a tu pregunta, creo que es obvio, está filmado. Son imágenes que han recorrido el mundo. Es inaceptable que un ministro golpee, arrincone y sea cómplice del terror y la tortura. Eso es inadmisible en un servidor público y se hace más grosero al ser un ministro de cultura. Una avalancha de gordos fuertes que dicen ser “trabajadores de la cultura”, aceptando órdenes del Ministerio del Interior, le fueron arriba a un grupo de artistas jóvenes, menudos, pacíficos, que lo único que estaban haciendo era leyendo poesía en la acera del frente. Un trabajador de la cultura se debe a los artistas. Debe cuidarlos, protegerlos y velar por su seguridad. Este señor no cumple ninguno de estos requisitos. A lo mejor en una estación de policía hay lugar para él.


Carlos Lechuga es un escritor y director de cine cubano que vive en La Habana. Su primera película Melaza, con una exitosa carrera internacional, apenas fue vista en la isla. En el 2016, su filme Santa y Andrés fue censurado y sus creadores fueron víctimas de una desmedida cacería de brujas. En el 2020 salió su primer libro En brazos de la mujer casada. En la actualidad está preparando la película La pelota roja y esperando a que salga su primera novela Nocturno de Cuba.

 
Mauricio Antonio Mendoza Navarro: Tiene una larga historia de censura

 

Entre Alpidio Alonso y Miguel Díaz-Canel hay varios puntos en común que son interesantes. Ambos son de Santa Clara, ambos ocupan altos puestos administrativos en el país; y la razón de estos cargos queda en duda: si es por una verdadera capacidad intelectual o por la capacidad de ambos para cumplir órdenes, así sea arrancarle las tiras del pellejo al pueblo.

Hoy me preguntan mis razones para pedir una dimisión del cargo que ocupa Alonso. El manotazo que me proporcionó en las afueras del ministerio de Cultura quizás es una de las últimas razones que tengo para confirmar mi certeza sobre su destitución.

En primer lugar, Alpidio tiene una larga historia de censura en este país. Yo pido su dimisión por Rodolfo Rensoli, el Festival de rap y los raperos. El Festival de Rap de Alamar organizado por Rensoli creador de Grupo 1, es uno de los proyectos más trascendente y revolucionarios de la cultura cubana a mediado de los años noventa en pleno periodo especial donde el país se sumergía en una profunda crisis económica y no existían muchos espacios para los jóvenes socializar. Este festival si no es el primer festival de rap de América Latina, figura entre los primeros. Su creación dio paso a la consolidación y auge del movimiento de rap en Cuba.

En su seno se formaron artistas que hoy son de talla internacional como es el caso de Orishas antes Amenaza, Gente de Zona que en eso tiempos se llamaba Lobo Marginal, entre otros. También fue la inspiración para que muchos jóvenes se adentraran en el mundo del arte y dejaran las calles para convertirse en personas que daban mensajes alentadores a jóvenes similares.

El fenómeno del rap en Cuba también fue muy importante pues en este escenario se comenzó a tocar a profundidad y de manera critica el tema del racismo que hasta entonces el sistema daba como un mal erradicado de la noche a la mañana por la Revolución. Fue un proyecto rico, creativo innovador que puso en alto la cultura cubana pues a raíz de este muchos medios de comunicación y figuras internacionales comenzaron a poner su atención en Cuba. Por los escenarios del anfiteatro de Alamar pasaron figuras de talla internacional como Black Start, también acudieron otras figuras con gran relevancia dentro del activismo por los derechos de la comunidad afrodecendiente. Cuba se volvió un referente del hip hop hispano y todo ese esplendor fue hecho tierra bajo la figura de Alpidio Alonso, en ese momento presidente de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).    


Mauricio Antonio Mendoza Navarro (Cuba, 1998). Periodista independiente. Ha colaborado en varios medios como Havana Times, Puente a la vista y Diario de Cuba.