Carta de renuncia a la mafia de Miami para entrar a Ecured

Creo que me he ganado el derecho a aparecer en Ecured. No me importa si es en el centro o en las páginas amarillas, pero que mi nombre se incluya allí, en medio de tantos cubanos ilustres que no están
Larrea vestido de militar sobre máquina de escribir. Ilustración de Armando Tejuca.
 

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A quien pueda interesar. Al culturoso que le interese:

Y digo “culturoso” con todo respeto, porque sé que detrás de cada perfil, biografía, currículum artístico, de seguro habrá un abnegado compañero del Minint que trabaja para el Mincult a pesar de ser, en ocasiones, bastante incult. De modo que “culturoso” es abreviatura y simbiosis de seguroso de la cultura. En fin, una síntesis ligeramente escueta.

Y ahora que casi por poco nos entendemos, voy al grano, y no estoy criticando que en la isla haya escasez de café, chícharos (allí son casi lo mismo), garbanzos, judías, caritas, frijoles negros, blancos y colorados. Y aclaro que no digo el color de los frijoles con ánimo discriminatorio, sino para definir y ampliar. Y ahora aclaro que lo de “aclarar” tampoco significa que lo claro sea mejor. Ya nuestro (o de ustedes) José Martí dijo que “Grano es más que negro, más que blanco, más que mulato”. A todos hay que darles la misma presión.

El motivo de esta carta es para anunciarles que, a pesar de vivir lejos (como a 45 minutos) pero que llego más rápido que cuando vivía en Guanabacoa, siento que allá en la isla está mi raíz. Por tanto, pertenezco a esa cultura (no al ministerio, por favor que mi teléfono es nuevo). Y como soy un artista de “allí”, aunque viva “allá”, “acá” o “acullá” debo estar representado, censado, explicado, difundido y anunciado por esa especie de Wikipedia insular que se llama Ecured.

Porque, si no aparezco en Ecured, no existo, no soy nadie. Aunque no haya sido nunca nadie, quiero, aunque sea algún día antes de morirme, y después también, e incluso durante, pertenecer a las aguerridas filas de Ecured, donde una valerosa, valiente, osada y heroica mujer cubana, María de las Mercedes Santa Cruz y Montalvo, Condesa de Merlín (no tuvo nada que ver con la caída del muro) cayó en combate, según Ecured.

Si apareces en Ecured, eres heroico, eres osado, eres un patricio. Y yo quiero ser un patricio, aunque sea Patricio Wood o Patricio Lumumba. En las páginas de esa enciclopedia virtual, tan llena de cubanidad, errores y combatividad, uno se salva de morir tras larga y penosa enfermedad. Se cae en combate, que es como caer de pie, con derecho a velorio en la Funeraria Rivero o la base de la Raspadura.

Mi mujer me encontró allí, en Ecured, disminuido y pobre, raspadito, cobarde, agazapado tras unos viejos datos y se molestó. Tanto, que me dijo: ¡Y tú, empínate! Antes, cuando me daba esa orden yo echaba mano a la botella y hasta que salga el sol. Pero hoy no, hoy soy muy responsable, es decir, más responsable, y si ella quiere una biografía brillante en Ecured, se la voy a dar, mami, se la voy a dar.

He renunciado por ello a la mafia de Miami. He cortado los pocos lazos que tenía con la calle 8. Al Versailles no voy más (está cada vez más caro). En definitiva, yo no me fui de Cuba por motivos políticos, sino por el clima. El clima de incertidumbre, amenazas y sospechas que había alrededor de mí.

No fui un cederista destacado, sino uno normal, aunque mi nombre sonaba. Lo sé porque siempre que pasaba por la casa de la presidenta o la del de vigilancia, hablaban con un compañero que no era del barrio, y me miraban fijo, como acompañándome en mi desplazamiento. Hice guardias en mi comité. Algunas guardias. Bueno, dos guardias. Aunque en la primera me quedé dormido, pero lo superé. En la segunda solamente me quedé medio dormido.

No puedo decir aquí que hice trabajos productivos. Ningún trabajo que realicé en mi país produjo nada. O produjo dudas, desconfianza y algunas veces molestias. Pero allí estuve yo, colgado como un mambí en la carga al degüello, lo mismo de una ruta 32 que de una 195, de una 78 o de una 79. A veces lograba entrar, penetrar como un ras de mar, al interior del ómnibus, guagua o rufa. Pero la mayoría de las veces iba colgando, y eso les daba ideas a las autoridades que no me tragaban.

Siempre he sido un poco incomprendido. Pero no importa. Uno puede ser incomprendido mucho tiempo sin perder su nacionalidad, su estirpe y su raigambre. Si alguien sabe qué rayos es raigambre, por favor que me lo explique por privado.

Confieso que nunca me leí a Heberto Padilla y no lo volveré a hacer.

Ya no hago chistes con la historia de Cuba. Ni con el Comandante. Hace poco iba a hacer uno con el asalto al cuartel Moncada, pero ni llegué ahí. Bueno, como el Comandante.

Creo que me he ganado el derecho a aparecer en Ecured. No me importa si es en el centro o en las páginas amarillas, pero que mi nombre se incluya allí, en medio de tantos cubanos ilustres que no están. Que cada vez son más. Los que no están, no los ilustres.

Por eso digo que nunca traicioné mis ideas, que casualmente no eran precisamente muy populares, ni coincidían con el alto mando del gobierno. Es más, mis ideas no coincidían con las de ningún gobierno. De ahora o de antes. No hablo del futuro porque nadie sabe si llega alguien con grandes ideas y se apropia de alguna idea mía y la convierte en ideota.

Pero que quiero estar en Ecured, lo juro, lo prometo, lo pido solemnemente y dejo aquí mi sangre generosa. Es la manchita que se ve al final, junto a mi nombre.

Contento y alegre, alegre y contento, jubiloso como un jubilado, espero ver pronto el resultado.

Uno no renuncia a las cosas desinteresadamente, sino que lo hace sin ningún interés.

Agradecido de antemano,

Ramón Fernández-Larrea, el que aparece en Ecured.

 

Imagen de portada: Armando Tejuca, exclusiva para ADN Cuba

Escrito por Ramón Fernández Larrea

Ramón Fernández-Larrea (Bayamo, Cuba,1958) es guionista de radio y televisión. Ha publicado, entre otros, los poemarios: El pasado del cielo, Poemas para ponerse en la cabeza, Manual de pasión, El libro de las instrucciones, El libro de los salmos feroces, Terneros que nunca mueran de rodillas, Cantar del tigre ciego, Yo no bailo con Juana y Todos los cielos del cielo, con el que obtuvo en 2014 el premio internacional Gastón Baquero. Ha sido guionista de los programas de televisión Seguro Que Yes y Esta Noche Tu Night, conducidos por Alexis Valdés en la televisión hispana de Miami.