Quisiera ser un pez

Los desaparecidos peces de las aguas que rodean a los cubanos por todas partes huyeron, se esfumaron, se disolvieron para siempre o de seguro algunos evolucionaron aceleradamente
Pesca en Cuba. Ilustración: Armando Tejuca
 

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Ahora cualquiera puede bañarse en el malecón sin peligro. Aquel tema de Enrique Jorrín en la voz de Farah María, ha quedado desfasado por la realidad de la isla de Cuba en pleno siglo XXI: en el agua no hay ningún tiburón, ni de plástico. Por no haber, según el Gobierno, aunque la gente pida pescao, no se lo darán.

También resulta obsoleto el tema de Osvaldo Farrés que cantó Tin Tan en una película, y que decía: “En el mar la vida es más sabrosa”. Los desaparecidos peces de las aguas que rodean a los cubanos por todas partes huyeron, se esfumaron, se disolvieron para siempre o de seguro algunos evolucionaron aceleradamente y hoy son reptiles, crustáceos o aves. ¡Pollos! ¡Tal vez los peces del caribe cubano son hoy unos hermosos pollos! Pero “pollos de mi cazuela que no son para yo comer”.

Los pocos peces que se podrán ver en las aguas territoriales serán importados para el turismo, y otros serán agentes del Ministerio del Interior, que cada vez es más misterio y menos ministerio. En la cúpula gobernante se está debatiendo la idea de prohibir la entrada al Acuario Nacional, para no crear ansiedad en los niños cuando vean las especies que allí quedan, y también para evitar que ciudadanos irresponsables se sumerjan en las peceras para comer pescado. Recientemente se descubrió que en el estanque de la foca vivía en realidad una familia del interior que consumía la dieta marina del mamífero.

La Seguridad del Estado, por su parte, que siempre está en un estado de crispación, dispuesta a romperle la crisma a cualquiera de quien sospeche algo, incluso si sospecha que no es sospechoso, ha comenzado a vigilar a los que venden peces ornamentales, porque en el socialismo se cometen muchos errores y uno no sabe si un goldfish o un gurami, incluso un escalar, han sido comprados por alguien que quiere criarlos para el consumo, haciendo que engorden y crezcan. Porque si la dirigencia dijo que en Cuba no hay pescao, o Nananina, Juan Pescao, no hay ni guajacones para mirar.

Un dirigente de esos que alguien dirige a hacer el cuento de la buena pipa para calmar los ánimos y los alánimos, habló a los medios para explicar por qué la fuente se rompió, y comenzó diciendo que no había que andar preguntando si había pescado o no, y echándole la culpa a la Revolución, si total, y cito texticularmente: “hasta 1959 muchos cubanos ni siquiera conocían el pescado, al margen de los que vivían en la capital”.

También ofreció otros datos, como que: “en los años 90 Cuba traía 100 000 toneladas de pescado de aguas internacionales, a las que se sumaban otras 70 000 de las cubanas y 33 000 importadas, un total de 18 kilogramos por persona anuales”.

Demasiado fósforo para el cubano de a pie. Y el fósforo incendia porque ayuda a la inteligencia, y la única inteligencia que puede haber en la isla es la Inteligencia militar, que es ese microrganismo que se dedica a sospechar de todo el mundo, y de espiar, oír, ver para creer y, en definitiva, tener a la gente boqueando fuera del agua.

El experto despierto explicó que en la isla el consumo fosfórico “solo llega a 3,8 kilos por persona si se suman las 12 000 toneladas de peces, 4 000 de langostas, 600 de camarón, 800 de túnidos y algunos otros productos como las esponjas, pepinos de mar, ostión y cobo: un total de 20 000 toneladas, todos ellos de aguas nacionales, puesto que la pesca en aguas internacionales ha desaparecido por la legislación vigente, que permite que muy pocos países tengan acceso a estas zonas”.

Pero no dice que eso que llaman “la legislación vigente”, es que Cuba le debe a Neptuno, Rey de los Mares, al tiburón sangriento, a la sirenita, al capitán Nemo y al pececito del mismo nombre, y no ha renovado los permisos para pescar en los océanos, que es como se les dice a las aguas internacionales.

Vale la pena preguntar si las 4 000 toneladas de langosta alcanzan para que cada cubano pruebe una colita cada quinquenio, pero no, porque entre los dirigentes y el turismo se lo comen todo, y con esa cantidad solamente comerían langosta los habitantes de Buey Arriba. Y para qué hablar de las 6 000 toneladas de camarones, que todos saben que es un crustáceo que tiene tendencia a dormirse y se lo lleva la corriente, curiosamente hasta los hoteles donde se lo comen los turistas.

Cuba se esfuerza para que su población coma sano, o por lo menos coma, aunque hasta ahora solamente se ha logrado el punto y coma, el Punto Cero y los puntos suspensivos. Así y todo, la isla es un país solidario, que ayuda a países pobres y “también exporta productos pesqueros a varios países, incluidos Canadá y España, aunque China se ha convertido en uno de los principales destinos en los últimos años”.

Las culpas de que hayan desaparecido, casi simultáneamente del país, los peces, la flota pesquera y miles de consumidores, son variadas y muy curiosas. Parecen argumentos para un programa humorístico de la televisión:

  1. El bloqueo. El enemigo imperialista gasta millones de dólares en hombres rana que se encargan día tras día de desviar la fauna marina hacia otros destinos, sumergidos en los mares que circundan la isla.
  2. La propaganda engañosa del enemigo imperialista que desorienta a las grandes manchas de peces (últimamente también han desorientado grandes manchas de cerdos y de terneros).
  3. La Agencia Central de Inteligencia (CIA), que hace ataques sónicos en las profundidades y tiene calamares vigilando para que ningún pez bueno llegue a aguas cubanas.
  4. Los revendedores, esa gente maldita que agarra algo y lo vuelve a vender, y el otro lo revende y lo revende. En fin, que es una juventud revende.
  5. La pesca ilegal y de orilla, que ha agotado las existencias de chernas, pargos, rabirrubias y otros pejes de mayor grosor y mejor carne.

La solución que han encontrado no es pagar los permisos y pescar atunes, delfines, pargos o tiburones allende los mares. Hay miedo por lo que le pasó a Allende, allende los mares, así que hay que jeringarse y criar pescado en casa. El vocero ministerial soltó esta perla: “Para el 2022, se debe romper el récord de producción y siembra de alevines en el país”.

Pero todos saben que los alevines son cachorros, bebés recién nacidos, que se encariñan con quienes los alimentan. No sería extraño que se vayan del país detrás de esos cubanos que saben que, si no huyen, jamás volverán a probar ceviche en sus vidas.

 

Ilustración de Portada: Armando Tejuca/ ADN Cuba


 

Escrito por Ramón Fernández Larrea

Ramón Fernández-Larrea (Bayamo, Cuba,1958) es guionista de radio y televisión. Ha publicado, entre otros, los poemarios: El pasado del cielo, Poemas para ponerse en la cabeza, Manual de pasión, El libro de las instrucciones, El libro de los salmos feroces, Terneros que nunca mueran de rodillas, Cantar del tigre ciego, Yo no bailo con Juana y Todos los cielos del cielo, con el que obtuvo en 2014 el premio internacional Gastón Baquero. Ha sido guionista de los programas de televisión Seguro Que Yes y Esta Noche Tu Night, conducidos por Alexis Valdés en la televisión hispana de Miami.