Cuba: el malestar es nacional

Cuba está sumergida en un ambiente raro, desesperante. Todos pelean contra todos. Todos se insultan. Y aunque puede que las personas peleen por motivos insignificantes, o profundos, el malestar es el mismo. Y si las personas empiezan a discutir en una cola, o alguien recibe un mensaje y lo responde con odio, o dos amigos pelean y se bloquean en las redes sociales. O una pareja se separa, el malestar es el mismo. Si una madre y su hijo, empiezan una discusión sin motivos, todo se debe, única y exclusivamente al malestar nacional.

No es exagerado, ni paranoia, ni obra de reptilianos. Es un sentimiento triste, duro, real. Tan real como el desabastecimiento de combustible, la carencia de productos en las tiendas, y las paradas repletas de personas desesperadas por llegar a casa, a su refugio.

 

 

El malestar nacional es evidente, una epidemia, un virus que entra a las personas por todas partes, se alimenta de sus sueños, sus anhelos, sus alegrías, y sobre todo del dolor. Ese dolor que sienten los cubanos a cada minuto, y que no pueden explicar, ese sentimiento de tristeza que les aprieta el pecho y les saca las lágrimas, es culpa del malestar nacional.

El virus que enfurece a las personas por cualquier motivo. Las obstina. Las lleva a extremos, contra el paredón, y las fusila, pero no de un disparo, ni de dos. El malestar nacional mata de una forma más escalofriante: las lleva al límite y las violenta contra un rincón. Y las personas en todo el país lloran, porque no tienen dinero, porque se pasan tres horas para regresar del trabajo a la casa, y en ese tiempo no logran resolver qué van a cocinar. Lloran porque los hijos se quieren ir del país, lloran porque el picadillo de la carnicería no huele bien, porque no pueden irse de vacaciones a los Cayos, porque sus ingresos no alcanzan siquiera para comprarse un par de zapatos nuevos.

 

 

El país es una pompa de jabón y las personas flotan dentro, con los ojos vendados, sin rumbo. Y mientras tanto el malestar nacional va chupando la vida de cada ser humano de Cuba. El malestar convierte a las personas en animales salvajes luchando por un pedazo de carne, por un detergente, por un espacio en el taxi, por un papel sanitario.

El malestar nacional no tiene rostro, ni olor, pero su presencia tóxica respira en la nuca de cada cubano y cubana, recordándonos que siempre va a estar al acecho, que estará presente en cada discusión, en cada apagón, reunión, en cada derrumbe. Recordándonos que es una epidemia mortal, cuya única función es cobrar vidas.


*Este es un artículo de opinión. Los criterios que contiene son responsabilidad exclusiva de su autor, y no representan necesariamente la opinión editorial de ADN CUBA.

Ariel
Maceo Téllez
Escrito por Ariel Maceo Téllez