Régimen cubano se encuentra en nuevo atolladero económico porque quiere

Cuba es mucho más pobre que hace un año y no por culpa de la oposición. El ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil, es el primero que debería renunciar
Cubanos hacen fila para comprar alimentos en La Habana. Foto: cortesía del autor
 

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El régimen cubano se hunde económicamente, culturalmente, políticamente. Es un barco que hace aguas por todas partes. Ellos lo saben y siguen jugando su carta de acusar a Estados Unidos por un “bloqueo” que, si la gente lo piensa, es como cuando los niños construyen un muro de arena a los pies de la playa. No quieren reconocer que la Tarea Ordenamiento fue un fracaso rotundo.

Pero claro, como se lo anticipamos nosotros, los revoltosos, los radicales, ellos aprovechan para salir con el discursito vacío de la CIA, cuando la realidad cruel es que Cuba es mucho más pobre que hace un año y no por culpa de la oposición. El ministro de Economía y Planificación, Alejandro Gil, es el primero que debería renunciar.

Hace un año sacaron de circulación el peso cubano convertible (CUC), ampliaron el cono monetario, devaluaron la moneda oficial (peso cubano, CUP) y metieron un tarifazo neoliberal. Todo eso a golpe de terapia de choque. ¿La prueba? El propio Díaz-Canel empeñado en decir que no han implementado medidas neoliberales ni están usando terapia de choque con la población. Dijeron que iban a vender el dólar a 25 CUP, que todo iba a seguir igualito. Pero se puso peor.

La dolarización del país ya estaba aquí, pero claro el régimen hizo de la vista gorda. Permitió que el mercado negro llevara la voz cantante en la venta de dólares y así ellos poder desentenderse. Porque nunca los vendieron en las Casas de Cambio (Cadeca) del país, solo en aeropuerto y en febrero pararon. Entonces entra al escenario la inflación.

Es importante que todos sepan que la inflación fue creada por el régimen cubano, da igual cuantas veces pongan el video de Marino Murillo diciendo que ellos no tienen la culpa de que los precios se dispararan como lo hicieron. Les cuento que cuando hablé arriba del tarifazo neoliberal, tiene que ver sobre todo con las medidas que implementaron junto con la subida de salario. El régimen aumentó todos los precios del Estado. Los cubanos estamos pagando la corriente eléctrica más cara de toda Latinoamérica, el gas licuado también.

El régimen había previsto el precio del gas a 213 pesos, luego de que la gente se quejara bajaron el precio a 180 y dijeron en plena televisión que “hemos escuchado la voz del pueblo”. Una falacia enorme, porque en realidad subieron el precio del balón del gas de 7 pesos a 180. Y así ha sucedido con todo: canasta básica, agua, cigarros, ron…

Súmenle a eso que ya pagamos el internet más caro del continente. Es hora de que el régimen acepte que la inflación es culpa suya.

Es curioso que ellos sepan que si venden dólares en Cadeca bajarían los precios de la divisa en el mercado negro, y de paso comenzaría a bajar los precios de todo lo demás, pero no quieren hacerlo. Y superproducción de bienes no tienen.

A diferencia de nosotros “los revoltosos” y “radicales”, el régimen sí espera que los Estados Unidos les tire un salvavidas, porque si de algo carece este país es de producción.

Cuando Alejandro Gil dice que el cubano comerá lo que sea capaz de producir, solo está repitiendo otra de las falacias del comunismo, porque este país no produce prácticamente nada. ¿Qué espera este personaje para renunciar?

Cuba empieza el año en un atolladero, es lo normal. Solo que esta vez es más visible la metedura de pata al implementar un “ordenamiento” en medio de una crisis pandémica.

El estallido social del 11 y 12 de julio de 2021 se veía venir. No será el único, porque el cubano vive para comer y vestirse, necesita dólares para ambas cosas y las tiendas estatales en MLC no lo van a resolver. El año pasado el Club de París recomendó al régimen cubano que fijara la tasa del dólar a 40 CUP y lo vendieran a la población. Hoy el dólar está a 73 pesos en la calle. ¿Qué están esperando?

Escrito por Ariel Maceo Téllez