Régimen a Anamely Ramos: “Somos los dueños de la revolución, tú tienes que obedecer”
La historiadora del arte y activista por los derechos humanos, Anamely Ramos, narró las jornadas de pesadilla totalitaria que vivió este fin de semana. No fue un sueño: la sometieron a amenazas y violencias de todo tipo durante varias detenciones y un arbitrario interrogatorio de la policía política
Foto/Facebook. Régimen a Anamely Ramos: “Somos los dueños de la revolución, tú tienes que obedecer”
 

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Un país fracasa cuando alrededor de veinte policías atacan a una mujer en plena calle, la agreden, encarcelan y ofenden por disentir del gobierno. Esa nación decadente, en dictadura, con un Estado totalitario: es Cuba.

En una oficina de interrogatorios, un teniente coronel de la policía grita: “Yo soy tu dueño en este momento y lo único que te toca es obedecer. (....) No me interesaba lo justo, soy la autoridad y lo que tienes que hacer es obedecer”, obedecer, obedecer, obedecer…

Así opera el régimen castrista. Pero Anamely Ramos González  se salva a pesar de tanta podredumbre estatal. Ella cree en el arte y sus amigos, en “construir un país mejor”.

Anamely ha aparecido en los últimos días en varios videos compartidos en redes sociales, donde se observa cómo es agredida por agentes de la policía; mientras “simpatizantes” del régimen la intentan enfrentar. No pueden. Las consignas orquestas ya huelen a mierda.

El pasado día 9 de octubre, la historiadora del arte fue interceptada en plena calle por la policía. Anamelys, mientras permanecía aguantada a una reja de la Casa de la Cultura, afirmaba: “esto que hacen es totalmente ilegal”.

A los vecinos que miraban -inmóviles- cómo era agredida les decía: “(…) no somos delincuentes. Siempre nos van a tratan de mantener en una zona criminal, pero no somos mercenarios, no nos pagan, todos esos son argumentos obsoletos que usan para justificar represión”.

Del otro lado de la Casa de la Cultura, un señor le soltó los dedos de la reja, le partió una uña, Anamelys comenzó a sangrar, y atada por las manos y los pies fue tirada hacia dentro de la patrulla policial 966; dentro un agente la inmovilizó.

“Fue perverso”, dijo durante una directa transmitida por el perfil en Facebook de la también  activista cubana Omara Ruiz Urquiola.

Anamelys intentaba llegar a la casa del artista y activista por la democracia en la isla, Luis Manuel Otero Alcántara, cuando fue detenida. La condujeron hacia la Estación Policial de Cuba y Chacón y luego “fue a buscarme la Seguridad del Estado y me llevaron para la EGREM (Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales, que tiene una de sus sedes en Calle San Miguel no. 410, entre Lealtad y Camapanario, Centro Habana).

Así es el totalitarismo de esta sociedad. La Seguridad controla la instituciones culturales, se vale de ellas”, subrayó.

Ese día Anamely regresó a su casa, pero el rapero Maykel Osorbo, continúo arrestado. ¿Por qué el despliegue policial y las amenazas, detenciones arbitrarias, activistas, artistas y periodistas independientes sitiados? El 10 de octubre se conmemoró el aniversario 152 de “El Grito de Yara”, que marcó el inicio de la lucha por la independencia de Cuba, y la Seguridad del Estado determinó que ninguna voz que disintiera del régimen podía escucharse.  

El abuso policial no cesó. Cuando la escritora Katherine Bisquet intentaba entrar a la casa de Anamelys, fue arrestada violentamente por la policía, frente a un grupo de mujeres que coreaban en un acto de repudio: “revolución, revolución, revolución…”. Pues sí, esa es la revolución del títere castrista Miguel Díaz-Canel.

“Luego trataron de detenerme cuando intentaba salir. Les grité que lo hacía era por todos, que la revolución no existía… Querían meterme en un carro negro, pero logré esquivarlos y seguí en dirección contraria. A las dos cuadra la patrulla me siguió con la sirena, me persiguieron por todo Centro Habana, me esposaron y me llevaron para la estación de Alamar.

“Trataron de hacer muchas cosas. Una mujer de la Seguridad, supuestamente quería conversar. Es interesante la lógica que ellos tienen. Para ella, que deseaba entender, la lógica es que los derechos se ganan. Le explique qué no. Hay derechos fundamentales con los que se nace, la libertad de expresión y la libertad de movilidad son derechos básicos. Yo solo quería salir de mi casa, no pueden imponer personas que hablen de que la calle y el espacio público es de ellos, eso es una total arbitrariedad, una injusticia mayúscula, falta de total humanidad”, aseveró.

Ellos tratan de culpabilizarnos, de intentar hacernos creer que algo estamos haciendo mal. NO estamos haciendo nada mal, ellos fueron los que pusieron esas mujeres ahí, les decían los que debían hacer: 'No la dejen salir'. Ella insistía en que lo que quería era ayudarme, le expliqué lo básico: (…) me violentan, y cometen ilegalidades”, agregó.  

“Luego cambió la estrategia. Me trajeron al teniente coronel Vladimir, un señor mayor,  muy violento y agresivo, instructor penal;  junto a otro oficial que traía todos los implementos para comenzar un proceso legal contra mí por alteración del orden. Eso lo logre saber después que discutimos mucho, ni siquiera me habían dicho absolutamente nada sobre porque estaba ahí y querían  hacerme pruebas de orina, de pelo…, procesarme criminalmente. Me tuve que poner muy dura, les hable de la ley de procedimiento penal, les dije que no creía que ese era el orden a seguir porque ellos eran los primeros en violar la ley”, detalló Anamely.

Y añadió: “El teniente coronel me trató de convencer que yo no era inocente, y que aunque lo fuera, aunque ellos no fueran justos, a él no le interesaba lo que yo pensaba al respecto. Me dijo que aun así debía obedecer, insistió mucho en que yo lo único que podía hacer era obedecer. Hablo en términos muy muy violentos, como que él era mi dueño, lo dijo con todas las letras: 'yo soy tu dueño en este momento y lo único que te toca es obedecer, después si tú quieres te quejas'. Le respondí que yo no entiendo de obediencia, entiendo de justicia, aquí hay que hablar de justicia ante todo”.

“Afirmó que a él no le interesaba lo justo, que él era la autoridad y que yo tenía que someterme a esas pruebas. Por supuesto, le dije que no, nadie me iba a tocar. Me amenazó con aumentarme otra causa, ponerme desobediencia y enviarme tres días al Vivac (cárcel). Yo sé que están tratando de procesarme por algo, insisten en que soy la cabecilla de algo, tienen la lógica de los cabecillas, los jefes, las jerarquías…  no tengo nada que ver con eso, creo en lo que es justo y en que hay que voltear las cosas, cambiarlas, para ser una sociedad moral”, subrayó la joven historiadora del arte, integrante del Movimiento San Isidro.

“Fue grosero. Le dije que mientras me gritara no me iba a responder, le corregí todas sus ofensas, eso lo molestó, en un momento se abalanzó contra mí, con total machismo, abuso de poder… Me dijo ofensas muy duras,  que era una vergüenza para mi familia, una mercenaria, una vendida, una zoqueta; que ningún contra revolucionario que él había tratado se había comportado como yo, y que yo era del tamaño de mosca”, describió.

Le dije que su autoridad no lo legitimaba para tratarme así. Todo lo que le dije le provocó una ira terrible. Me armó varios escándalos, y me afirmó que aunque de la jefatura le indicaron que no me procesara, él estaba seguro que llegaríamos a eso y él iba a esperar pacientemente”, señaló la activista.

“Me dijo que me perdonado la vida”, apuntó.

Aseguré delante de todos que ese teniente coronel “debe ser sacado de la policía, es un loco, violento, realmente peligroso, grosero, capaz de hacer cualquier cosa, una persona detestable, no para su familia,  para sí mismo, por usar así su poder en contra de personas inocentes”.

“Expresó delante de dos mujeres 'Marianas', y no me dejaran mentir si son honestas: Como dicen los americanos que son tus ídolos -cosa fuera de lugar- cuando se inventó la imprenta, la libertad de opinión es del dueño de la imprenta; yo voy a extrapolar esas palabras  y te digo que nosotros somos los dueños de la revolución y somos los dueños de la libertad  de opinión.  Y me repitió varias veces que él era no abogado ni educador o psicólogo: era policía y estaba para reprimir. Reprimir a personas como yo, que no le importaba mi opinión, sino reprimir mis conductas cuando no hacía lo que me ordenaran”, comentó la activista.

Anamelys terminó multada injustamente con dos mil pesos por uso indebido del nasobuco (mascarilla sanitaria).

Durante su directa en Facebook, señaló que importante “desenmascarar todo esto”. También “agradecer la valentía de que quienes salieron este 10 de octubre y los que estuvieron solidarizándose”.

En el video la joven activista inició afirmando: “Nos hemos unidos, empoderado, eso también hay que contarlo” y casi al finalizar de contar todo lo vivió estos días sostuvo: “Yo quiero un país mejor, estoy construyendo un país mejor”.

Cuba fracasa si hieren a Anamely, si la violencia policial sigue impune.