“Lo prefiero analfabeto, pero vivo”. Régimen arremete contra padres que no mandaron a sus hijos a la escuela por COVID
El órgano oficial del Partido Comunista en Ciego de Ávila criticó a los padres que no quisieron mandar a sus hijos a la escuela por temor al coronavirus
Un medio oficialista criticó que padres no enviaran niños a la escuela para protegerlos del COVID
 

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Incluso queriendo aportar “buenas reflexiones” para la sociedad, a la prensa oficialista del régimen le cuesta acertar en el respeto a las más elementales libertades individuales, civiles y políticas, así como a los derechos humanos.

Un ejemplo de ello llegó este martes 9 de septiembre como “cortesía” de Invasor, el órgano oficial del Partido Comunista en la central provincia de Ciego de Ávila, donde en días pasados las autoridades decidieron dar reversa al inicio del curso escolar en los centros educativos del municipio cabecera por el rebrote de COVID-19.

En un artículo de opinión titulado “Cierre de las aulas en Ciego de Ávila: La vida es lo primero”, una periodista oficialista arremetió contra los padres que no querían mandar a sus hijos a las escuelas por temor a la enfermedad pandémica antes que las autoridades o los dirigentes, pretendidos sabelotodos, estimasen que era menester volver a cerrar las escuelas.

Para la vocera del régimen, “lo más preocupante” del inicio y pausa forzosa del curso escolar en la provincia fue que durante los días en que hubo clases, pese a que los casos de coronavirus comenzaron a sucederse unos a otros, hubo alumnos sin asistir a las mismas “bajo la responsabilidad de sus padres, lo cual resulta comprensible hasta que empezamos a preguntarnos si todos los progenitores garantizan la permanencia de sus hijos en las casas, sin salir a la calle para no contagiarse, si se recuperan los contenidos del día o si el autoestudio tiene un espacio en el horario de los escolares”.

Tras el evidente cuestionamiento a la capacidad de los padres para decidir lo mejor para sus hijos, y actuar en consecuencia, la periodista afirmó que ese hecho le hace pensar en una frase de una vecina suya: “Lo prefiero analfabeto, pero vivo”, y ello, dijo, le alarma en tanto evidencia una “falta de confianza de muchos avileños en nuestro sistema de Educación”.

Para la vocera de Invasor y, por tanto, del Partido Comunista y del régimen, resulta inconcebible que padres no confíen en las instituciones del Estado y en todo lo que le dicen las autoridades. Es como si ella realmente creyera, y quisiera hacer creer a sus lectores, que todo lo que estipula y hace el régimen es acertado y constituye lo mejor para todos, por encima incluso de lo que puedan y quieran decidir los padres, poseedores naturales y legales de la patria potestad sobre sus hijos.

Al oficialismo le molesta ser desobedecido o puesto en entredicho hasta en las cosas más simples. Ya no es sólo que le reten o cuestionen política e ideológicamente. Ahora hasta una simple decisión personal o familiar que dude de su capacidad y pretendida perfección, genera ronchas y discursos que ataquen la duda, la falta de confianza y la osadía.

Justo es decir que el propósito fundamental del artículo de Invasor no era arremeter contra la decisión familiar de dejar a los pequeños en casa antes de que se decretara la suspensión temporal del curso en la capital provincial.

La crítica forma parte de una exposición más amplia en la que se busca hacer reflexionar a las familias y la sociedad sobre si en sus casas y barrios, mediante sus conductas y responsabilidad, están haciendo lo suficiente para contener la propagación de la enfermedad pandémica, al menos en la misma medida en que se lo exigen a las escuelas y las autoridades.

Sin embargo, el simple hecho de poner en duda la capacidad y autoridad paternal evidencia que sigue costando entender en Cuba lo que significan las libertades y los derechos. A nivel discursivo, el régimen y su propaganda siguen poniendo al Estado-Partido y sus autoridades por encima de todo. Supuestamente buscan el bien para todos, por lo que no actuar conforme a sus políticas y ausentarse a voluntad del adoctrinamiento oficial que se produce en las escuelas es algo malo para la sociedad en su conjunto.

El desliz del artículo del medio avileño recuerda de cierta manera a los ataques sufridos por una familia judía sefardí en el municipio Nuevitas, Camagüey, en los últimos meses del pasado año, y a la condena judicial de la familia Rigal, separada por la decisión de dos padres de educar a sus hijos en casa a través de un programa de homeschooling.

El caso de la familia sefardí inició cuando los niños Danel Moisés Tejada, alumno en ese entonces de tercer grado en la escuela Aurelio Castillo, primaria de Nuevitas, y Liusdán Martínez Lescaille, de séptimo grado en la secundaria América Latina, fueron acosados por llevar la kipá, el gorro característico del judaísmo.

Un acoso que prosiguió y se hizo más agresivo incluso cuando los niños dejaron de llevar el gorro, ante lo cual el padre de familia, Olainis Tejada, denunció la situación y anunció que emprendería un proceso legal contra el organismo de Educación Municipal de Nuevitas.

La voluntad de llevar el caso a lo legal significó para la familia el inicio de una lamentable serie de actos antisemitas por parte de funcionarios del régimen, que le hostigó repetidamente.

En cuanto a la familia Rigal, el régimen vio la decisión de los pastores Ramón Rigal y Ayda Expósito de educar a sus hijos en casa como un peligroso precedente que no podía tolerar. Adoctrinar a los niños cubanos en las escuelas públicas es algo a lo que no estará dispuesto nunca a renunciar, por lo que la educación religiosa, privada o en casa bajo métodos ajenos al del Estado debe ser, a sus ojos, fuertemente penalizada.

Ramón y Ayda fueron condenados en abril de 2019 a dos años y un año y medio de privación de libertad, respectivamente, en un proceso judicial sumarísimo y sin garantías, bajo cargos por “actos contra el normal desarrollo del niño, asociación ilícita y asociación para delinquir”.

Sus hijos, Joel y Ruth, fueron separados. Joel, el menor, fue reincorporado al proceso educativo oficial por decisión de sus abuelos maternos, bajo amenazas de que si no era así, sería enviado a una “Casa de la Patria”. 

Afortunadamente, ambos pastores ya fueron liberados bajo la figura de libertad condicional. El homeschooling es reconocido en países como Estados Unidos y Canadá, pero prohibido en la Cuba “socialista”, donde el Partido único controla todos los niveles de enseñanza y adoctrina con abundante propaganda política, muchas veces con evidente sesgo histórico.