Familias se quejan de “brote de forúnculos” en medio de crisis de medicamentos en Cuba

En varios municipios cubanos se lamentan del aumento de infecciones cutáneas por la bacteria conocida como "estafilococo". Lo peor es que no hay antibióticos para remediar los temidos "nacidos ciegos"
Farmacia desabastecida en Cuba. Foto: EFE
 

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Desde el municipio especial Isla de la juventud, vía telefónica, Roberto Silva Savon pide auxilio a su hermano Juan Carlos, que vive en La Habana, para que lo ayude con medicamentos que no encuentra.

Múltiples enfermedades lo aquejan: diabetes, artritis, hipertensión. El estado del hombre de 73 años, jubilado del Ministerio de Educación, se agravado en las últimas semanas por una invasión en su cuerpo de “nacidos ciegos”, como se le dice a una infección de Staphylococcus que produce una cápsula de sangre endurecida en forma de semilla, acompañada de dolor y pus.

“Me han salido más de diez y no hay antibióticos para combatirlos. Tengo que dormir sentado, pues no hay forma que me acueste y no me duelan”, dice.

El caso de Roberto no es uno aislado. Un brote de forúnculos está impactando en este momento muchos sitios de Isla de la juventud, sin que los enfermos tengan medicinas para enfrentarlo.

Maricela Correa, esposa de Roberto Silva, también tiene uno en la misma pierna donde hace poco tuvo una linfangitis, apenas puede caminar.

“Con este grano maldito ahora ando renga”, dice Maricela, que también debe operarse de la vesícula cuando termine la pandemia. Ella es cristiana, líder de un grupo evangélico y asegura que esto que la aqueja es una plaga, como las anunciadas en la Biblia:

“La plaga de las ulceras, y comenzó por Isla de la juventud, pero la gente no cree en las sagradas escrituras, por eso Cuba anda perdida...”

Lo cierto que el padecimiento lo tienen otras familias de la Isla. Varios casos de esta afección se notificaron también en Mal país, comunidad rural perteneciente a La Fe.

Allí Francisco Camejo y su esposa Natalia, también tienen nacidos ciegos.

“Me he contado 14 en todo el cuerpo”, dice Francisco, “y  lo peor es que no hay medicinas. En el consultorio la doctora nos indicó bañarnos con hojas de guayaba, que calman la picazón, pero no quitan el dolor, ni sacan la semilla”.

Según él, las llamadas “semillas” tienen que expulsarlas exprimiendo con fuerza la piel. Algunos forúnculos no están “maduros” y duele peor, pero asegura que es preferible gritar y salir de una vez por todas de la lesión, que “vivir permanentemente con el dolor”.

“Mi esposa Natalia no lo soporta y no se las deja exprimir. Tiene uno en la espalda que parece una cebolla y está lleno de humor, le duele mucho pero no deja que se los toquen”.

Una curandera de 79 años llamada Ángela, natural de Guantánamo y residente en La Lisa (La Habana), dice que el nacido ciego siempre fue una rara afección, mayoritariamente en la gente del campo, pero ella en los últimos tiempos lo ha visto más generalizado en la población.

“Mi abuela la curaba con azúcar prieta y limón, un tratamiento de varios días que maduraba, sacaba la semilla y secaba el grano, pero la gente ya no cree en eso”.

La doctora Nilsa Bueno, del Policlínico de Jaimanitas, consultada sobre la enfermedad, explica que el llamado “nacido ciego” es producido por un estafilococo grado tres y el tratamiento correcto es con antibióticos, sobre todo ungüentos (pomadas) cutáneos, que en este momento están en falta en las farmacias estatales.

En Jaimanitas también se han reportado casos, el más notorio el de Alfredo Parra, vecino de Tercera y 230, que lleva cuatro meses luchando con la infección.

“Todo comenzó cuando me arrodillé junto a una zanja que alivia una fosa sanitaria, a arreglar una tubería que tenía un salidero, allí cogí el bicho. Primero fue una picazón y luego se enrojeció la pierna y ahí empezó la fiesta de los nacidos ciegos”, asegura.


“En estos cuatro meses he probado con todas las medicinas y remedios y algunos se secan, pero otros se emperran, como este, que me salió en el abdomen y no me duele hasta con la simple acción de respirar. He llegado a descubrir que la única forma de combatirlo, es restregando con un estropajo cuando comienza a salir y dejar esa parte en carne viva, aunque luego salen en otro lado y es un martirio sin fin”.

Explica que esta semana fue al hospital Calixto García, en el Vedado, porque le dijeron que había un médico allí “que era el mejor en Cuba en la especialidad”.

Dice que en la consulta esperaban muchas personas, “afectadas también por esos granos”.

“Cuando pudo atenderme fueron solo dos minutos, el médico me aplicó unas gotas florales bajo la lengua y dijo que era un remedio santo. Vamos a ver, estoy escéptico. He probado con todos los remedios posibles y nada resultó eficaz. Dudo que unas simples gotas resuelvan este problema, que lleva golpeándome más de cuatro meses”.