“El gobierno no quiere que las cosas sean legales”, asegura cuentapropista cubano
Yasser Ravelo Díaz es un trabajador del sector privado en la provincia de Guantánamo, que vive convencido que al régimen cubano no le interesa facilitar las condiciones de vida y trabajo de los llamados “cuentapropistas”, ni impulsar realmente la legalidad
 

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Yasser Ravelo Díaz es un trabajador del sector privado en la provincia de Guantánamo, que vive convencido que al régimen cubano no le interesa facilitar las condiciones de vida y trabajo de los llamados “cuentapropistas”, ni impulsar realmente la legalidad.

Su vivienda, que también funciona como taller en el que construye piñatas para cumpleaños y otros productos manufacturados, es una edificación en malas condiciones, con habitaciones a medio terminar.

“Así es como quieren ellos [los funcionarios del régimen] que vivan todos los cuentapropistas cubanos, en condiciones deplorables, insuficientes para la vida humana. Ellos no están preparados para ver personas que tengan el lujo que tienen ellos”, dice al medio independiente Cubanet.

Cuando arreció la COVID-19 en el país, este artesano decidió donar máscaras faciales transparentes hechas del material conocido como mica, para la lucha contra la pandemia.

“Son sencillas, pero muchas veces significan la diferencia entre la vida y la muerte de una persona”, explica. En las máscaras, añade mensajes como este: “Porque te amo Cuba”.  

Sin embargo, conseguir tales materiales es difícil, y generalmente debe comprarlos a personas que los obtienen al margen de la ley.

“Estas caretas son confeccionadas con material robado. Esta mica la botan en los poligráficos, por ejemplo, en vez de venderla a nosotros los cuentapropistas”, reconoce Yasser Ravelo.

Asegura que estado “prefiere botar” los materiales antes que venderlos a los cuentapropistas. Como con la mica, sucede con otros insumos. Con la cartulina en la que se imprimen los mensajes, o los toner de tinta para imprimir.

“Siempre he creído que el gobierno no quiere, de ninguna manera, que las cosas sean legales. Este tipo de cosas de una manera legal nos la podrían vender, si quisieran”, afirma.

Por eso se lamenta de las reacciones de muchas personas del pueblo, a las que la propaganda gubernamental bombardea demonizando a los cuentapropistas, en reportajes de televisión sobre decomisos de productos y allanamiento de negocios, sin distinción en los legítimos y los ilegales.

“Es penoso ver como el pueblo cubano está opinando a favor de las cosas que están sucediendo contra los cuentapropistas en la televisión cubana”, dice.

Yasser Ravelo emplaza a los gobernantes: “¿Ustedes quieren desmantelar verdaderamente el crimen y las actividades ilícitas? Halen completa la cadena para que vean cuantas personas de su alto rango salen en esas cadenas delictivas”.

“¿Usted cree que el que tenía varias rastras de cebolla las logró él solo, o el de las pinturas, o el del cemento, etc.?”, razona Ravelo, aludiendo a algunos de los casos publicitados en la prensa oficialista.

Según el guantanamero, una de las causas que favorecen el mercado negro es que el régimen incumplió su promesa de abrir mercados mayoristas para que los cuentapropistas lograran adquirir allí, de manera legal, todo lo necesario para sus negocios. Mientras, el castrismo no deja de ingresar dinero quitado a este sector mediante altos impuestos.

 

 

A Yasser Ravelo lo han amenazado y acosado los inspectores para quitarle la patente que le autoriza el pequeño negocio con el que se gana la vida. Es un crítico del gobierno y piensa que el sector privado en Cuba no puede florecer por lo injusto de las leyes.

Recientemente denunció ante las cámaras de ADN Cuba que el régimen cubano lo ha perseguido y asediado a través de multas (una de ellas de 80 dólares), registros y decomisos.

El cuentapropista contó a este medio que intentó incluirse en el sector privado desde inicios de los 2000, pero que en esas fechas había que presentar una carta de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y él no pertenece a dicha organización oficialista.

“Es una manera de fiscalización meramente, porque tienes que trabajar con todo robado, tienes que mantenerte en el cuento perenne del gato y el ratón. La patente la veo como una forma del gobierno para decir que hizo una reapertura al trabajo privado. Es mentira. Al contrario, lo que te tiene es comprometido. Aquí todo es ilegal, aquí todos somos ladrones o lacayos. Recuerden que donde hay un solo dueño todo el mundo es ladrón”.