La vida coartada del médico cubano en las misiones
En las "misiones médicas" los cubanos sufren restricción de movimientos, intimidación de directivos de la brigada, retención del pasaporte, el robo de su salario por el Estado, condiciones de trabajo abusivas y vigilancia todo el tiempo
 

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Luis Figueras, 46 años, médico intensivista de La Tunas, desertó en una misión internacionalista en Brasil en el 2016 junto con otros doctores cubanos, cansados de la explotación a la que estaban sometidos.

Vivía con su esposa e hija en la provincia oriental, y esta era su segunda misión a un país extranjero para prestar ayuda solidaria, pero disentía de la forma militar que eran tratados los médicos, sobre todo que le esquilmaran el salario, (el estado cubano se queda con más del 70% de lo que le paga el país receptor a cada médico).

Luis se comunica con su esposa Miriam todos los días para saber de su hija y contarles cómo le va la vida en el país latinoamericano. Su esposa, que es doctora de la misma especialidad de Luis, ha sufrido represión por parte de las autoridades de la salud y el gobierno en la provincia.

“Me dijeron bien claro que me olvidara de las misiones, pues había dejado de ser confiable. Tengo dos misiones anteriores en Venezuela y Timor, y siempre he regresado. Ahora con lo de Luis me situaron en un consultorio alejado, en un lugar llamado Rinconcito, que está muy lejos de la casa, además la guardia del policlínico, y con la Covid-19 he tenido que mudarme para allá. Casi no puedo ver a mi hija”.

El caso de Miriam y Luis no es aislado, cientos de galenos que abandonaron las misiones médicas decidieron probar fortuna en otros países, pero sufren hoy la separación de sus seres queridos y no cuentan con la posibilidad de visitarlos en la isla o reunirse con ellos en sus nuevos sitios de residencia, hasta pasado un periodo de ocho años.

Cuba puso fin al programa Más médicos en 2019, un convenio con Brasil bajo la sombrilla de la Organización Panamericana de la Salud, ante las acusaciones de organismos internacionales de Derechos Humanos de someter a sus profesionales a trabajo forzoso.

Casi todos los testimonios de médicos que han cumplido misiones fuera de Cuba, entrevistados para el reportaje, reconocieron haber sido víctima de más de uno de los once indicadores de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), para identificar a las personas atrapadas en el trabajo esclavo.

En el caso de los médicos cubanos en las misiones, algunos de estos indicadores se manifiestan más claramente, pero otros están encubiertos con el velo patriótico y se vuelven más sutiles.

Los once indicadores de la OIT para identificar el trabajo forzoso son: El abuso de la vulnerabilidad, el engaño, restricciones de movimiento, aislamiento, violencia sexual y física, intimidación y amenaza, retención de documentos de identidad, retención de salario, la servidumbre, condiciones de vida y trabajo abusivas, el exceso de horas extras.


Con la llegada de la pandemia de la COVID-19 se ha incrementado la cifra de especialistas en decenas de países. Cuba, de poco más de 11 millones de habitantes, cuenta con más de 95 000 médicos, 9 por cada 1000 habitantes y más de 85 000 enfermeros. El “Anuario  Estadístico” a finales de 2019 precisó, que la cifra total de profesionales asciende a más de 492 000 contando estomatólogos y técnicos de la salud.

Hasta marzo de 2020 la Unidad Central de Cooperación Médica Cubana, contabilizaba 28 729 colaboradores en 59 países, con notable representación en Angola, Arabia Saudita, Bahréin, Burkina Faso, Cabo Verde, Catar, Chad, Congo, China, Dominica, Eritrea, Etiopia, Gambia, Ghana, Granada, Guatemala, Guinea Ecuatorial, Guyana, Jamaica, Kenia, Kuwait, Mauritania, Mongolia, Mozambique, Nicaragua, Níger, Republica Dominicana, Sudáfrica, Timor Leste, Trinidad y Tobago, Turquía, Uruguay, Venezuela, Vietnam y Zimbabue.

Según el anuario entre 2015 y 2018 la isla llegó a desplegar a más de 50 000 “cooperantes”, la mitad de ellos médicos, en 68 países, pero en el último año el gobierno cubano retiró a miles de sus misiones médicas. Los más representativos: Brasil 8471, Ecuador 382 y Bolivia 725, tras los cambios de gobiernos producidos en esos países latinoamericanos.

Sobre la historia de las misiones médicas consultamos al doctor Miguel García Peláez, de 86 años y residente en Miramar, quien fuera por muchos años vice director del programa de misiones médicas cubanas.

“La primera brigada de profesionales de la salud que brindó servicios en el exterior lo hizo en Argelia en 1962 y yo estuve allí. Pero eran otros tiempos. Los médicos nos sentíamos héroes y lo hacíamos de corazón, no como ahora, que es motivado por el dinero y las cosas que se les pueden sacar a una misión en el exterior”.

Desde esa lejana fecha hasta hoy más de 400 000 profesionales han servido en 164 países. Es imposible razonar cuánto han sufrido los médicos cubanos la violación de sus derechos fundamentales, interponiendo el estado al patriotismo y a la intimidación como bases del contrato laboral. A la pregunta si considera el trabajo de los médicos forzoso, las palabras del doctor García Peláez confirman esta suspicacia.

“Nadie sabe lo que cuesta formar un médico. En una misión el médico gana muchas veces más, que el salario que devenga trabajando en un hospital en Cuba. Es verdad que hay un por ciento del salario que el estado lo habilita, para utilizarlo en mejorar el sistema de salud y la infraestructura hospitalaria, para la compra de equipos y accesorios médicos, y para garantizar la formación de futuros galenos”.

Su defensa a la política salarial del gobierno, que otros consideran retención de salario, o más bien robo, se desarma con el dato de que 30 hospitales están cerrados por falta de reparación y 106 consultorio médicos dejaron de brindar servicios a la comunidad en los últimos cinco años, por falta de médicos y el mal estado de los inmuebles.

La alta cifra de galenos en misiones en el extranjero, atenta contra la prestación de servicios en hospitales y consultas externas y la disponibilidad de personal especializado para el trabajo de campo.

Mariela Peña, de 49 años y residente en Playa, se incorporó en septiembre de 2005 al recién creado Contingente Internacional de Médicos Especializados en Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve. Ha participado desde entonces en cuatro misiones internacionalistas.

“He asistido a personas afectadas por inundaciones, terremotos, epidemias y huracanes. Mi mayor experiencia fue el enfrentamiento al ébola en Guinea Conakry, donde hubo un momento en que pensé que no regresaría con vida y nunca más volvería a ver a mi familia. El dinero que nos paga el gobierno es muy poco, en comparación con el riesgo que corremos. Muchos los hacen porque son militantes del Partido Comunista y los coaccionan. La realidad es que todos los médicos que vamos a misiones lo hacemos por necesidad de traer a nuestras casas, las cosas que en Cuba no podemos adquirir”, concluye la doctora Mariela.

La llegada de la pandemia del nuevo coronavirus sumó unas 15 nuevas brigadas médicas, con el envío de cientos de colaboradores a dos países europeos, dos latinoamericanos y once caribeños.

Solamente en Venezuela prestan servicios más de 20 000 profesionales de la salud, amparados en los convenios de colaboración firmados por Chávez y Fidel desde 2003. Como apoyo al combate contra la pandemia, la cifra de médicos se ha duplicado entre los 40 países que solicitaron ayuda a la mayor de las Antillas.

Magda, enfermera retirada con seis misiones internacionalistas en cuatro continentes, cuenta que la vida de un médico en una misión no es nada fácil.

“Además de estar alejado de tus seres queridos, con restricción de movimientos y en algunos casos de aislamiento por lo inaccesible del sitio, bajo la intimidación de los directivos de la brigada de devolverte a Cuba ante el menor percance, la retención del pasaporte para que no podamos huir, la retención de más de la mitad del salario por parte del estado, las condiciones de trabajo abusivas y el exceso de horas extras, me sentía vigilada todo el tiempo”.

Recuerda que “los jefes de las misiones en las reuniones y los matutinos lo repetían constantemente, que la propia palabra, misión, lo decía todo. Y la principal misión además de salvar vidas, era preservar la imagen de la revolución y el socialismo”.

La enfermera muestra cómo el pensamiento totalitario del sistema cubano, viaja también en las misiones médicas: “Entre los abusos a que fui sometida durante todos los años que participé, la peor de todas era sentirme siempre vigilada, por eso me hice militante del Partido, para quitarme los ojos de encima y confiaran en mí. Entonces me pusieron a vigilar a otros”.