Cosas que pueden encontrarse en la “Escombry Shopping” de La Habana

Este es el lugar donde los pobres resuelven sus problemas”— dice Ruslán Ortiz, residente de Tercera y 232, en Jaimanitas, frente al basurero que llaman la “Escombry Shopping”.

 Aquí encuentran muchas cosas que necesitan en sus casas”, añade refiriéndose a los “clientes” de esa peculiar tienda al aire libre. Ruslán cuenta que llegan personas y botan basura, y detrás vienen otras que recogen los mismos desechos, los llevan, reparan, y los utilizan o venden

Es un reciclaje sin fin. La necesidad y la crisis obligan a eso. Los mecánicos automotrices recogen baterías abandonadas o cualquier aditamento de carro, los eléctricos encuentran cables y circuitos, ¡y ni hablar de los pomos, las botellas y las latas!, que es pan caliente. También está el aluminio, con buen precio en el almacén de materia prima, igual que el hierro y el plástico”.

“Pirimpi”, un arreglador de cocinas de un callejón cercano, cree que la gente se está volviendo loca en estos tiempos:

Ayer boté en la ‘Escombry Shopping’ una cocina vieja, que no daba más. Al poco rato un individuo la trajo a mi casa, a repararla, con la historia que se la dejó una tía que se fue para Miami”.

 

 

Richard es uno de los llamados “vigías”; personas atentas al basurero que cuando alguien tira algo corren a husmear en la basura. De esa forma Richard ha conseguido artículos que ha puesto a funcionar nuevamente, entre ellos un monitor de computadora, piezas de bicicleta y maderas para su palomar.

La gente no sabe lo que bota— dice Richard— Todo sirve, nada tiene fin. Ayer encontré una brújula mohosa que apenas se distinguía el norte, la limpié con alcohol y la dejé nueva. La vendí en 10 CUC en menos de lo que canta un gallo”.


Richard es uno de los llamados “vigías” de la "Escombry Shopping" en La Habana. /Foto: Francisco Correa. ADN CUBA
Richard es uno de los llamados “vigías” de la "Escombry Shopping" en La Habana. /Foto: Francisco Correa. ADN CUBA

Aunque el delegado del Poder Popular arremete constantemente contra el basurero de la calle 230, y los camiones Comunales limpian el área, en cuestión de días vuelve a llenarse de escombros y  basura que generan las viviendas.

Ezequiel Antomachin no encontraba alambre por ningún lado para  terminar su cerca perimetral. Con mucha paciencia estuvo yendo durante semanas a la Escombry Shopping y recolectando retazos de alambre, hasta que pudo completar su empresa.

Al principio me daba pena — cuenta Ezequiel— pero después encontré  muchos amigos allí, que igual buscaban cosas que necesitaban. Me sentí a gusto entre ellos. A veces te sorprendes con las cosas que encuentras. Hallé una careta y unas aspas de ventilador y un colador, oxidado, pero en perfecto estado”.

 

 

Milton Cárdenas de calle Primera y 240 también resolvió en ese lugar el relleno para la zapata de su casa: “¡Sin pagar un centavo! Solo tuve que cargar en una carretilla los escombros que botaron de otra construcción. Con eso resolví. Yo mejor la llamaría la “Escombry Gratis”.

Libros, juguetes, ropas, zapatos, chancletas y muchos artículos más, se encuentran diariamente en el basurero, por personas de pocos recursos que reciclan lo que otros más pudientes desechan, pero de todos los hallazgos ninguno supera en mística al par de botas que encontró Cheo, el borracho.

Parecía que era de alguien que había muerto, por la variedad de artículos personales envueltos en un paquete de nylon. Adentro encontré un par de botas viejas. Cualquier otro las hubiera dejado, pero yo no. Cuando metí la mano hasta la puntera toqué algo, y enseguida supe que era dinero. Un rollo de dinero que el dueño de las botas había escondido bien, al parecer para que ningún familiar pudiera encontrar. ¡Ese día me puse las botas! ¡Desde entonces no he parado de beber!”.

Francisco
Correa
Escrito por Francisco Correa

Francisco Correa Romero. Guantánamo 1963. Escritor y periodista. Ganó los concursos nacionales de cuento Regino E. Boti, Tomás Savigñón y Ernest Hemingway, además de varios premios internacionales por sus crónicas y reportajes. En 2010 obtiene premio de ensayo sobre Liberalismo en Cuba y en 2011 la editorial Latin Heritage Foundation publica su novela Pagar para Ver. En 2012 obtiene el premio Novelas de Gavetas Franz Kafka con "Larga es la noche".