“Meterle a lo que aparezca”: el buitre de mar cuenta su historia

Según relatan sus viejos moradores, antes de la revolución, Jaimanitas fue un famoso sitio de pesca, con playas de aguas limpias y arena fina. Después se convirtió en un litoral en ruinas.

Teníamos pescadores legendarios  y un embarcadero de primera en el río. Y clubes, restaurantes y fondas; ahora la orilla está llena de cuchitriles, cuarterías y mucha basura”— señala Beto, un buzo de 75 años, que ha vivido todo su tiempo en este pueblo al noroeste de La Habana— “Para pescar algo ahora, hay que pedirle a Dios ayuda”.

Muchas familias que siempre vivieron del mar, hoy son sobrevivientes desesperados. Joaquín Vázquez, alias “el buitre”, vive en calle Tercera y 230, y proviene de una familia de fundadores del pueblo. Vázquez dice que tiene que ahora tiene que “meterle a lo que aparezca”, para asegurar el sustento de su familia.


Joaquín Vázquez, alias "el buitre". /Foto: Francisco Correa. ADN CUBA
Joaquín Vázquez, alias "el buitre". /Foto: Francisco Correa. ADN CUBA

Soy el único buzo que hago tres turnos de trabajo. Por la mañana cojo pulpos y calandraca, que es la carnada de mayor demanda entre los pescadores. Por la tarde buceo en la playa tras las prendas y el dinero que pierden los bañistas, luego rastreo mi ‘área’, buscando toda clase de material de reciclaje. Por la noche reviso el paño con la linterna led, desenredo y limpio los peces que se enmallan y salgo a venderlos a las paladares”, relata a ADN CUBA.

Jaimanitas es tal vez el único pueblo del mundo, donde los pescadores se han repartido el mar por “áreas”. Fue en el 2012, en una reunión en casa del viejo Atila “el mallorquín”, que se llegó a ese pacto, que los pescadores respetan, aunque bajo estricta vigilancia de cada “dueño de área”, incluso de noche, porque desde la llegada a Cuba de las linternas led, que permite al buzo hurgar en la oscuridad, tomaron esa medida.

Mi área va entre los dos círculos sociales: Aracelio Iglesias y Marcelo Salado. Es rica en calandraca, pero hay muy poco pulpo, que es el producto más caro del momento, y el ataque indiscriminado de los pescadores en los últimos tiempos ha disminuido su población, por eso he optado por coger lo que encuentre, desde botellas, pomos plásticos, hasta hierro, alambre y aluminio”.

 

 

Joaquín se ha ganado en el pueblo el mote de “el buitre”, por todo lo que saca a la orilla. También le llaman “carroñero”, o “limpia pecera”. Hace poco salió del mar arrastrando un envoltorio mohoso y la gente creyó que había atrapado un gran pez, que resultó el fondo de acero de un viejo bote. Lo vendió a buen precio en el almacén de materia prima…

Otro buzo del pueblo, “el bolo”, opina que si todos los buzos imitaran el trabajo de Joaquín, Cuba tendría uno de los fondos marinos más limpio del mundo.

Lo he visto trabajar y de verdad que es un mulo”— dice El bolo—, “lo mismo tira el anzuelo que ‘pulpea’,  que saca calandraca o hace ‘guardia vieja’. Carga dos sacos, uno para calandraca y peces y otro para latas, tarecos, tolas y hasta maderas que flotan a la deriva. Una vez lo vi con un rollo de alambre a cuestas y me reí, después resultó que era de cobre y le dieron buena plata, porque pesaba mucho”.


Beto y Bolo, después de un turno de trabajo. /Foto: Francisco Correa. ADN CUBA
Beto y Bolo salen del agua después de un turno de trabajo. /Foto: Francisco Correa. ADN CUBA

Telmo Verdecia, otro pescador y buzo del pueblo, asegura que comprende perfectamente a Joaquín.

En los últimos tiempos la situación ha empeorado tanto, que ahora hace falta el triple del dinero de antes para asumir los gastos de una familia. Muchos buzos no ‘carroñean’ por vergüenza a que los vean sacando esas cosas del mar y que la gente se burle de ellos, pero Joaquín, piensa primero en sus hijos ante que en el qué dirán.

A pesar de todo el esfuerzo que realiza, entre el alto precio de los alimentos, las medicinas de su esposa que padece diabetes y tiroides, y todo lo que gasta en la escuela de sus tres hijos, dice Joaquín que a veces no tiene un peso en el bolsillo.

“No me importa que me digan ‘carroñero’ o ‘el buitre’’, o lo que quieran, mientras yo viva, mis chamas nunca se van a acostar sin comer”.