Minint: 60 años de reprimir al pueblo

Presume el oficialismo que la "revolución" no existiría sin el Ministerio del Interior y lleva mucha razón. Sin la represión continua del Minint y el silenciamiento de opositores, activistas y periodistas independientes, cuesta creer que la dictadura habría llegado hasta hoy
Oficiales del Minint reprimen a Damas de Blanco
 

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Este 6 de junio se cumplen 60 años de la creación del Ministerio del Interior de Cuba (Minint). El oficialismo y la entidad lo celebran presumiendo que su fuerza “es la fuerza del pueblo”, como si ambos fueran lo mismo, pero para los cubanos que disienten del totalitarismo y las doctrinas impuestas por el régimen y su partido único se trata del aniversario del ente rector de la represión en la isla, ese del que cada vez más cubanos son víctimas y cuyas acciones vulneran derechos humanos y libertades elementales.

Según las leyes del régimen, el Minint es el Organismo de la Administración Central del Estado encargado de organizar, ejecutar y controlar la aplicación de la política del Partido Comunista, el Estado y el Gobierno cubanos en lo que concierne a la Seguridad del Estado y el Orden Interior.

Fue creado en sustitución y ampliación del hasta entonces Ministerio de Gobernación, heredado de la República por el Gobierno Revolucionario que instituyó el actual régimen. Sus órganos y estructuras cumplen funciones de seguridad ciudadana y de establecimiento del orden interior.

Algunos de estos son la Policía Nacional Revolucionaria, los cuerpos de Bomberos y Guardabosques, las Tropas Guardafronteras y la Brigada Especial Nacional.

También las direcciones de Identificación, Inmigración y Extranjería; Contrainteligencia; Inteligencia; Establecimientos Penitenciarios; Investigación Criminal y Operaciones; y Seguridad Personal (protección a líderes y dirigentes del régimen; así como otras personalidades de interés operativo).

Sin embargo, con el pretexto de proteger la Seguridad del Estado y el Orden Interior, la pretendida revolución y su órgano represivo han perseguido y castigado por 60 años a todo aquel que piense diferente o se manifieste contra los dictados del castrismo.

A tono con sus misiones, como en cualquier país del mundo, el Minint debe cumplir funciones represivas intrínsecas a organismos de su tipo. Sin embargo, éstas se ven agudizadas en el caso cubano por la naturaleza del régimen vigente, que no tolera el pluralismo y la disidencia

La entidad y sus distintos órganos reprimen no sólo a la delincuencia o comisores de delitos, sino también a aquellos que hacen uso o exigen respeto a sus derechos humanos y libertades individuales.

Bajo el argumento de proteger la Seguridad del Estado, efectivos del Minint restringen el movimiento o detienen arbitrariamente a activistas y opositores, a los que en ocasiones juzgan y condenan bajo delitos que intentan esconder la esencia política de sus respectivas causas.

A inicios de 2021, días después de volver a incluir al régimen cubano en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, las autoridades estadounidenses impusieron sanciones de la ley Magnitsky contra el Minint y su titular, el general Lázaro Alberto Álvarez Casas, por su conexión con graves abusos de derechos humanos.

El entonces secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, alegó que las sanciones obedecían al hecho de que unidades especializadas del brazo de seguridad del estado del Minint son responsables de la vigilancia de la actividad política y la policía cubana apoya a estas unidades con el arresto de personas de interés para la entidad.

Pese a denuncias internacionales y sanciones, el accionar represivo del Minint sigue en aumento. Decenas de activistas y opositores son sitiados permanentemente en su domicilio para impedirles su movilidad y aquellos que osan salir son detenidos arbitrariamente durante horas.

Asimismo, en cárceles y unidades de instrucción, como las tristemente célebres “Villa Marista” y “100 y Aldabó”, muchos cubanos permanecen privados de su libertad, enfrentando procesos arbitrarios que, bajo cargos falsos, penalizan la disidencia y libertad de pensamiento.

La revolución no existiría sin el Ministerio del Interior, presume este domingo la prensa oficialista y lleva mucha razón. Sin la represión continua y el silenciamiento de opositores, activistas y periodistas independientes, cuesta creer que la pretendida revolución, en la práctica una dictadura, habría llegado hasta hoy.