Internan en Caibarién a médicos y paramédicos de Villa Clara

La lógica de algunas decisiones de los gobiernos locales en Cuba frente a la pandemia no es entendida por todos. En Caibarién ven contraproducente el recibimiento de nuevos casos sospechosos en un centro de aislamiento
Cabañas del INRA en Caibarién
 

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El reparto que cobija al Plan Vacacional Mar Azul, antes Cabañas del INRA, en la Playa de Caibarién, servirá para monitorear a personas provenientes de otros municipios, por decisión del Gobierno, El Partido Comunista y la Dirección provincial del MINSAP en Villa Clara.

Mar Azul era uno de los dos centros de aislamiento del territorio que junto a Villa Caoba ya se encontraban libres de candidatos a enfermos, tras haber transcurrido en ellos varios periodos de cuarentena con sospechosos locales que fueron dados de alta la semana anterior cumplido el término de observancia.

La decisión partidista coincidió con el arribo esta semana aquí del primer grupo de profesionales de la salud que laboraban sin descanso desde el pasado mes de marzo en diversos hospitales y policlínicos santaclareños, donde se atiende a la vigente pandemia, los cuales han asistido a pacientes sospechosos de resultar positivos al test revelador del COVID-19.

Según manifestó un trabajador de cierto rango, miembro del aparato administrativo de este centro de esparcimiento devenido aislacionista, y que no quiso dar su nombre por temor a posibles consecuencias, algunos de ellos, temerosos en grado sumo “cuando ya creían su misión cumplida” ante este retorno inconsulto, encuentran la medida “desfasada”, pues en aquella ciudad, que es cabecera provincial y con mejores recursos ausentes generalmente en masa “sobran los espacios que podrían destinarse para servir también de hospicios temporales”.

El trabajado no ve la situación “como para estar mandando a municipios [periféricos] lejanos y desprovistos, que acaban de sobrepasar su propio susto de haber sido en su momento el vórtice de la pandemia, la cual, desgraciadamente, hoy asola a vecinos”.

La referencia directa al peligro exponencial e indirecta a que el arribo del personal ajeno desde la superintendencia encubre algunos privilegios que los internados anteriores no tenían, demuestra cómo la Fábrica de Helados, por ejemplo -que hasta este 21 de abril vendió de madrugada una pinta del producto por núcleo, en una cola interminable y por la libreta de abastecimiento para frenar revendedores-, cerró su producción destinada al pueblo hambreado “porque en lo adelante se destinará solo a centros de tratamiento y control epidemiológico”.

Así lo anunció la emisora de radio local (CMHS), sin explicar de qué manera se han vuelto a llenar estos establecimientos sanitarios, justo cuando los nativos lo abandonaban.

No ha podido hacerlo así su empleomanía, que descree de tamaños desatinos, pues como siempre se trata de “órdenes irrebatibles”, ella continúa expuesta sin miramientos.

Y citó a Santa Clara, como centro del caos actual, pues los muertos, enfermos recientes y los más vulnerables, componentes del Hogar de Ancianos, fueron contagiados precisamente por el personal profesional y de cuidado que los atendía.

 

 

Para los próximos días se espera la llegada de un nuevo conjunto de médicos, paramédicos y sus acompañantes, o los que hayan sido designados [¿al azar?] para someterse a la pesquisa cerca del mar, quienes permanecerán ingresados en este centro pionero, por espacio de otros 14 más, según sea el caso. 

El compañero informante, disgustado y taciturno, abundó luego -a viva voz- “que tan pronto se reincorporen a sus lugares de origen los visitantes, por otro período determinado de exposición al riesgo de terminar contagiándose unos y otros, retornarán a esta costa para un nuevo registro de salud”, en pos del oportuno tratamiento, o acaso la relajación lógica que resulte de tales ires y venires, … y así sucesivamente “hasta que el mal acabe”.