Economista responsabiliza al régimen por el mercado negro y aumento de especuladores
Otra vez el Granma gasta papel y tinta en escarmentar difundiendo las “hazañas” del Minint a la caza del mercado negro. El economista Pedro Monreal deja claro que son las autoridades, y no los especuladores, quienes crean las condiciones que lo hacen prosperar
Cubanos compran en la calle para confinamiento

Desabastecimiento, largas colas, angustia y todo eso en medio de un total recrudecimiento del poder policial, así transcurren estos días en Cuba. En medio del tenso escenario económico, entra a debate el archiconocido tema del mercado negro y los acaparadores.

Pedro Monreal, Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de La Habana, comentó en su Twitter un artículo del medio partidista Granma, en el que una vez más se intenta no dejar los pecados económicos huérfanos, pero arremete contra todos y deja a salvo al principal responsable.

Según el periódico de propaganda, el Estado es una víctima. En un texto de Eduardo Palomares y Julio Martínez Molina, nos enteramos de que las “fuerzas del Ministerio del Interior (Minint), bajo la guía de los Consejos de Defensa Provinciales, hacen frente a las ilegalidades”.

Siguen la orden del presidente Miguel Díaz-Canel, quien recientemente dijo que “contra esos [revendedores y acaparadores] también hay que actuar, aquí nadie puede estar haciendo actividad ilícita, aquí nadie está autorizado para vender ni revender nada, y no se puede permitir”.

Es cierto que la población apenas logra subsistir, y los pocos suministros a veces no pueden llegar a la mesa de los más necesitados por vías legales. ¿El gobierno no tiene responsabilidad en esto?

“Existe un mercado negro cuando se combinan la escasez de oferta con precios administrados que no son económicamente racionales. Los especuladores se benefician del mercado negro, pero no crean las condiciones que lo hacen prosperar”, comentó el economista Pedro Monreal.

“Pudiera ser tentador culpar a los especuladores por lo sucedido y asumir que normativas y control resolverían el problema, pero la especulación es síntoma, no causa, y el control es positivo, pero insuficiente para enderezar un mecanismo económicamente torcido de esa escala”, razonó el especialista.

Pero el periódico oficialista no es capaz de publicar una opinión así de equilibrada y certera. Por el contrario, gasta papel y tinta en escarmentar difundiendo las “hazañas” del Minint. En el municipio Contramaestre, de Santiago de Cuba, le fueron ocupadas “a personas inescrupulosas, 128 toneladas de maíz seco en grano, que se dedicaban a lucrar con este importante cereal”.


Monreal, que además es especialista de la UNESCO, precisa que “conviene poner en perspectiva la cifra: 128 toneladas de maíz es más del doble de las ventas mensuales promedio de maíz en grano en los mercados agropecuarios estatales de todo el país en 2019 y cuatro veces mayor que las ventas mensuales en mercados de oferta y demanda”.

“El decomiso de 128 toneladas de maíz en Santiago de Cuba ofrece una oportunidad para ir más allá de la crítica a un caso de acaparamiento. Pudiera ayudar a entender la disfuncionalidad del sistema de recolección y distribución estatal de Acopio.  Con un enfoque económico racional, las 128 toneladas no hubiesen acabado en el mercado negro, incluso en condiciones de déficit. Si se desea que el consumidor pague un precio menor, se subsidia el consumo, pero no deben crearse brechas de precios a nivel del productor”, agregó.

En el periódico del Partido Comunista se detalla además sobre la producción ilícita de una especie de dulce, llamado panqué, en una panadería santiaguera. Allí fueron ocupados 44 panqués de 500 gramos, 53 huevos, harina, aceite y azúcar. También notificaron el decomiso de 425 jabones de tocador, atendiendo al delito de especulación.

En la provincia de Cienfuegos, la policía participa en “la detención de actividades ilegales de acaparamiento y reventa de productos de aseo, sobre todo de jabón y detergente. Se han ocupado además, diversas mercancías, como productos del agro, leche en polvo, espaguetis, cajas de jugos, cerveza, cajas de helado, azúcar, cloro, confituras, paquetes de sazón, cuadritos de congrí, memorias flash, audífonos, paquetes de croquetas, pescado, productos de limpieza, ropa, mangueras, lámparas LED y cámaras de bicicleta y ron, entre otros”.

Todo esto no es nuevo, ya se traficaba en la isla sin la crisis de la COVID-19. Ahora el estado indica contrarrestar lo que prácticamente se había normalizado en Cuba. Sin embargo, a los cubanos que quieren comprar lo que sea, como sea, no ofrece garantías, ni alternativas que no sea exhibir mano dura con los “enemigos del pueblo”.

Pedro Monreal, concluye en un hilo en su tuit: “Especular es un hecho moralmente reprobable y jurídicamente condenable en una epidemia, pero conviene seguir raspando la superficie. La solución es económica: precios adecuados para el productor, suministrar insumos necesarios para la producción, recolección y distribución eficiente del producto y reducción de barreras de entrada a la distribución mayorista”.

Evidentemente, la pelota está del lado del gobierno. Hace décadas.