“De recuerdos no se puede vivir”, dice veterano de intervención del ejército cubano en Etiopía
Jorge Rodríguez estuvo en todos los combates cruciales de la aventura castrista en Etiopía. Fue herido y recibió dos medallas y diplomas. Hoy asegura que pasa hambre y está desesperado, luego de arriesgar su vida "por la revolución"
Jorge Miguel Rodríguez Gil, veterano de Etiopía. Foto: Del Autor para ADN Cuba
 

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La guerra de Etiopía, entre 1977 y 1988, fue una marca para Cuba en su carrera de aventuras militares. Las operaciones del general Ochoa –luego fusilado por el castrismo– y sus divisiones de tanques y de infantería, que envolvieron sagazmente al enemigo en el desierto del Ogaden, quedaron para los libros de estrategias. Pero: ¿quién conoce las historias personales de sus protagonistas?

Jorge Miguel Rodríguez Gil estuvo en todos los combates cruciales de aquellos días, definitivos para la victoria cubana en el desierto del Ogaden. Incluso, fue alcanzado por un proyectil en la espalda baja y no pudo festejar el triunfo en los días posteriores.

Lo encontramos hoy en un cuartucho de mala muerte al final del callejón de Jaimanitas. Desequilibrado mental, no solo producto de la guerra, también por la situación actual del país, donde ve que se le han cerrado todos los caminos y no halla forma de sobrevivir.

“Cuando me trajeron de Etiopía herido, chorreando sangre, estuve tres meses ingresado en el hospital naval y luego, cuando me dieron el alta, en un breve acto en la cuadra me dieron medallas, con los diplomas. Por suerte la bala no me alcanzó la vértebra, que me hubiera dejado paralitico para toda la vida”.

Sobre su vida posterior, desmovilizado del ejército, recuerda: “Después pasé por diferentes oficios, de todos terminaban por botarme, en el último de parqueador de Foto Service, el jefe de sector me dijo que me fuera de allí, que era un trabajo por ilegal”.

El veterano de la guerra dice que ha pedido ayuda al delegado de la Asamblea del Poder Popular, pero no lo atendieron. “¿Qué voy a hacer ahora para sobrevivir si no tengo siquiera una pensión?”, se pregunta.

Rodríguez Gil lamenta la suerte de quien sirvió al castrismo con las armas: “Yo tenía mis dos medallas, la de Combatiente Internacionalista y la otra, de Servicio Distinguido en las Fuerzas Armadas Revolucionarias; con mi ametralladora contuve el avance del enemigo y hasta me dieron un tiro en la nalga, esas medallas eran mi sentido de la vida, mi símbolo, mi guía espiritual, pero las perdí en un ciclón con la mitad de la casa. Ahora no tengo ni eso, ni guía espiritual, ni sentido de la vida, solo vivo de mis recuerdos. Y de recuerdos no se puede vivir”.

El ex combatiente muestra su cuartucho, donde vive. Dice que entregó todo a la revolución y al final lo han abandonado.

“Me han tratado muy mal. Yo, que hasta arriesgué mi vida, creo que no merezco esto. Después de tanto esfuerzo, de tanto sacrificio, de tanta entrega…”

A la vuelta de los años, el antiguo soldado de las misiones internacionalistas en África, uno de los más de 10 mil que estuvieron solo en Etiopía, asegura que está “pasando hambre”.

Fidel Castro recibe a los primeros combatientes que regresaron de Etiopía (1989). Foto: Rafael Pérez (AFP)


“He tenido que mendigar para sobrevivir. Raúl Castro dijo que ninguna persona de la tercera edad quedaría desamparada, no me considero un viejo, pero si un combatiente internacionalista de la guerra de Etiopía al que han olvidado, que está cansado de luchar por nada. No sé qué será de mi vida en lo adelante, sin trabajo. Estoy en un camino sin salida”.

Cuando nos despedimos, la imagen que proyectaba Jorge Gil en su cuartucho en el callejón de Jaimanitas, era la de un hombre a punto de tomar una decisión drástica. Sin dinero, sin comida, sin trabajo, sin ilusiones de futuro.

Le impregné esperanzas al irme. Prometí hasta la medida de lo que pude que habría una luz al final del camino, y Jorge al final aceptó. Dijo que sí, que confiaría una vez más en las promesas de futuro, pero que no demoraran mucho, porque en eso mismo, esperando, se le había ido la vida.