Ex combatiente asegura que la pensión del estado cubano le alcanza para vivir

Miles de los que lucharon por la revolución y creyeron en sus promesas de futuro, hoy viven en el olvido. Pero Teófilo asegura que la ayuda del estado le alcanza para sobrevivir, aunque titubea en expresar cómo hace y cuánto le pagan
Teófilo Gerasio Sánchez. Foto: del autor
 

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Miles de hombres y mujeres que lucharon por la revolución que derivó en dictadura, y creyeron en sus promesas de futuro, hoy, luego de sesenta años de experimento “comunista”, viven en el olvido. Teófilo Gerasio Sánchez Cisneros, vecino de calle Tercera entre 232 y 234, en el poblado habanero de Jaimanitas, es uno de ellos.

Natural de Pilón, en Manzanillo, Teófilo se unió desde muy joven al combate clandestino contra el régimen de Fulgencio Batista. Fue encarcelado y torturado en los últimos meses de la lucha insurreccional.

ADN Cuba conversó con él en la calle, mientras se trasladaba con dificultades en una silla de ruedas, camino a comprar en la bodega la cuota de azúcar de la libreta de racionamiento. Teófilo relató sus vínculos con el Movimiento 26 de julio, liderado por Fidel Castro, y su amistad con Celia Sánchez Manduley, que según sus palabras “era como de la familia”.

“Cuando triunfó la revolución me trajeron a La Habana, a curarme de los golpes de las torturas. Luego regresé a Manzanillo, pero Celia me mandó a buscar para incorporarme a los nuevos proyectos del Ministerio de Comercio Interior y la organización de las tiendas. Dirigí durante varios años establecimientos comerciales, hasta que pasé a cumplir otras tareas revolucionarias”.

Teófilo Sánchez recuerda un incidente doloroso: “Un día estando en la tienda del reparto Náutico haciendo una inspección, llegó un antiguo oficial rebelde, que ya no era jefe, lo habían sido sancionado no recuerdo por qué, después dijeron que se había vuelto loco, lo cierto es que sacó la pistola y comenzó a disparar. Sentí un fogonazo en la espalda, y caí. Al compañero que andaba conmigo en la inspección también le dio un tiro, y murió. El ex rebelde se suicidó allí mismo, de un disparo”.

“Cuando desperté estaba en el hospital. La bala me alcanzó una vértebra y quedé paralitico. Hace cincuenta y tantos años de aquel suceso y desde entonces ando en silla de ruedas”.

El anciano vive con su hija, que padece de esquizofrenia. Las condiciones de habitabilidad de la vivienda son pésimas. Durante años el ex combatiente sobrevivió enrollando motores de lavadoras, pero la escasez de  piezas y accesorios lo obligaron a dejar el empleo. Sobrevive de la pensión que le paga el estado, y una ayuda de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.

Los vecinos de Jaimanitas, siempre se han cuidado de expresarse libremente en presencia de Teófilo. “A pesar de ser un minusválido en sillas de ruedas, puede complicarle la vida a cualquiera”, dice un vecino que pide anonimato por temor a represalias.

“Es un comunista a matarse. Aunque está pasando más trabajo que un puerco a soga, todavía apoya a la revolución y a sus dirigentes”, añade.

Otro entrevistado, Enrique Ruiz, trabajador por cuenta propia, asegura que Teófilo ve la luz cuando se saca un número en el juego de azar “la bolita”, porque el retiro no le alcanza a ningún pensionando.

“Y  él no es la excepción. Es cierto que ahora tiene pocos gastos, ya no bebe, ni fuma, ni necesita mujer, pero el retiro se le va como un soplo en comida y en sus medicinas y las de su hija, que está loca y no le permiten salir de la casa”.

En cambio, a la pregunta si la ayuda del estado le alcanza para sobrevivir, el ex combatiente responde que sí, aunque titubea en expresar cómo hace para lograrlo y cuánto le pagan. Tal vez lo diga por temor a que si expresara lo contrario le corten lo poco que le dan; o porque sea uno de esos pocos comunistas engañados, que van quedando en la isla.