Cubanos hacen cola de un día para otro para comprar pollo en La Habana
Cientos de personas se mantuvieron haciendo una fila para comprar pollo, desde el lunes hasta este martes, en las afueras de la tienda estatal de divisas ubicada en la céntrica esquina de las calles 23 y 26, en La Habana. Continúa la escasez habitual en Cuba, agravada por la pandemia
Cola para comprar pollo en La Habana. Foto: Heydi Sanamé

Cientos de personas se mantuvieron haciendo una fila para comprar pollo, desde el lunes hasta este martes, en las afueras de la tienda estatal de divisas ubicada en la céntrica esquina de las calles 23 y 26, en La Habana.

Continúa la escasez habitual en Cuba, agravada por la pandemia del coronavirus. Ante la incertidumbre de qué encontrar para llevar a la mesa, los habitantes de la isla no quieren arriesgarse a perder ninguna oportunidad de comprar los escasos productos alimenticios que vende el gobierno.

Así sucedió en esta concurrida zona, donde amanecieron muchos habaneros ante la perspectiva de comprar piezas de pollo.

La periodista Heydi Sanamé publicó esta mañana en Facebook que “las personas están marcando desde las 10 de la noche de ayer” para la cola, aunque otra profesional de la comunicación, Thays Roque, precisó que los turnos estaban organizándose “desde la 5 de la tarde de ayer”.

“Todo lo que se puede oír desde el otro lado de la calle son gritos, malas palabras y bullicio. En el momento de esta foto la tienda no ha abierto aún”, publicó Sanamé sobre las 10 de la mañana.

“Es difícil bajos esas condiciones para cualquier ser humano contener la irritación. Tanto el de la cola como el que cuida la cola. Sin embargo, como lo percibo, la policía y los muchachos de las fuerzas especiales [del ejército] se han mantenido ecuánimes”, aseguró la periodista.


En un debate generado al pie de las imágenes, el usuario identificado como Arthur González arremetió contra los cubanos que esperaban para comprar algo de carne, por ser “irresponsables” y mostró intolerancia al afirmar que “se necesita un cayo para apresarlos a todos”.

La respuesta de muchos no se hizo esperar, quienes desde diversas posiciones políticas, coincidieron en que las personas en la cola eran los menos culpables del desabastecimiento y solo querían adquirir comida.

“Especifica. ¿Quiénes son los irresponsables y a los que habría que apresar? Si te refieres a la gente de a pie haciendo las colas por una libra de pollo (…) Creo que estás muy equivocado. Por eso estamos como estamos”, le ripostó Karla Rojas.

Por su parte, Marcos Louit vio en las imágenes de la muchedumbre “la demostración de que el problema es otro y más grande”. Louit afirma que la escasez evidencia que ya Cuba no es un país agrícola, autosuficiente.

El usuario cubano, radicado en el extranjero y que se identifica como JochyBat cuestionó: “¿por qué no pensar que la libre empresa y los particulares de dentro y fuera (cubanos todos) son una solución. Hay crisis global, pero las colas superlativas cubanas son cubanas, no de más nadie. El mundo en crisis, pero comemos y bebemos”.

Bajo el régimen castrista, las colas en la isla para comprar alimentos, detergente, artículos de aseo y otros suministros básicos, han sido constantes. Cuba es un país altamente importador, cuyo gobierno se ha mostrado no solo incapaz de estimular el sector agropecuario nacional, sino perseguidor de los productores a quienes decomisa cosechas u obliga a entregarlas a la empresa estatal de Acopio.

En el caso de la carne de pollo, el mayor suministro proviene de Estados Unidos. Las toneladas exportadas por ese país a Cuba registraron en abril de 2020 un incremento respecto a marzo, aseguró el economista cubano Pedro Monreal.

“Cuba pudo aprovechar la reciente reducción del precio por kilogramo del pollo estadounidense”, publicó Monreal en la red social Twitter.

El análisis de los datos contradice la versión del régimen cubano que, para justificar el desabastecimiento de alimentos en la isla, culpa totalmente a Estados Unidos y el “bloqueo económico [embargo] al pueblo cubano”, mientras barre debajo de la alfombra la basura de su propia gestión, que coarta las iniciativas de sus ciudadanos y mantiene a millones a la caza de suministros.