Los Castro y otros dirigentes del Estado ¿cumplen su propio Código de Ética?
Molesta mucho a los que dicen ser “revolucionarios”, que cuestionemos y critiquemos el modo de vida de los más altos dirigentes del país y de su prole, quienes constantemente violan su propio "Código de ética de los cuadros del Estado"
 

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Molesta mucho a los que dicen ser “revolucionarios”, que cuestionemos y critiquemos el modo de vida de los más altos dirigentes del país y de su prole. Algunos partidarios de la dictadura, en el colmo de la humillación, dicen que se sienten ofendidos.

Otros, desconocedores del tema y muy ajenos a lo que en Cuba sucede, manifiestan que no entienden por qué se critica y cuestiona al máximo dirigente del país por el tipo de prendas, ropa que usa y su modo de vida. Que es normal que los presidentes vivan a sus anchas. En todo el mundo es así, justifican.

 

¿Cómo obtienen ese nivel de vida?

En primer lugar, habría que puntualizarles a esos desconocedores que no solo se cuestiona al máximo dirigente, sino a todos los que ostentan determinado poder en Cuba y que viven cual ricos en este, un país de pobres.

Se debe recordar a los defensores foráneos del castrismo, que muchos de esos presidentes a los que hacen referencia han llegado con determinada riqueza al poder o se hacen pudientes porque se han servido a sus anchas de las arcas del Estado.

Pero en Cuba, ninguno de los Castro, ni el presidente designado Miguel Díaz-Canel, o esos altos dirigentes, han llegado al poder con un capital que les permita darse el nivel de vida que mantienen y en muchos casos exhiben.

En Cuba, Fidel y el Partido Comunista, desde el año 1959 comenzaron a eliminar la riqueza y a perseguir a los ricos, porque según planteaban era impropio que en una “sociedad socialista” existieran esos fundamentos “pequeño burgueses”.

 

Aclarando a los revolucionarios

A esos “revolucionarios”, que nada se cuestionan, nada les preocupa, mucho menos les ocupa y todo lo justifican, se les tiene que aclarar algunas cuestiones.

Primero. El lema que promulgan desde que tomaron el poder los que han dirigido este régimen es que ésta “es una revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes”.

¿Sabrán ellos que desde 1996 existe un Código de Ética de los Cuadros del Estado que define cómo deben ser y comportase ellos y sus familiares?

Es para reír que tal código está hecho bajo la firma de quien en esos momentos era miembro del Buró Político del PCC y Secretario del Consejo de Estado, el hoy señor (defenestrado) Carlos Lage Dávila.

 

 

El 27 de Julio de 1996, en un show televisivo o bufonada política, se firmaron por primera vez esas “reglas de conducta”. Desde esa fecha en lo adelante tienen que rubricarlas todos los cuadros del Estado a los diferentes niveles.

En ese espectáculo sucedió algo aún más risible: quienes organizaron la comedia consideraron, no sé bajo cuál análisis que no fuera el de la adulación, que Fidel Castro y su hermano Raúl no tenían por qué firmarlo.

Pero ambos autócratas, tan “éticos” y formales y que supuestamente vivían tal como su pueblo, dijeron que también lo firmarían y así lo hicieron.

 

Síntesis de algunos de esos olvidados mandatos éticos

Para bravitos, disgustados, desconocedores y olvidadizos, aquí les van para que sepan y recuerden, algunos de los preceptos del violado, burlado y ético “código revolucionario”.

Preceptos:

  • Luchar contra la mentira, el engaño, la demagogia y el fraude.
  • Ser ejemplo de honradez, modestia y austeridad, tanto en el ámbito laboral como en la vida personal…

Especial atención, ejemplo y exigencia debe tener para son su familia.

  • Caracterizarse por la sencillez, ausencia de todo rasgo de ostentación y de hábitos consumistas, o de cualquier otra manifestación que hiera la sensibilidad de nuestro pueblo.
  • Quienes asuman la administración estatal no deben beneficiarse ni beneficiar a otros por razón de parentesco o amistad…
  • El cargo se ostenta para representar, defender y servir al pueblo, legítimo dueño de la riqueza social.
  • Rechazar el acomodamiento y los privilegios, a base de dar siempre el máximo de sí en la tarea común. Estar dispuesto al sacrificio cotidiano…
  • El sentido esencial es la posibilidad de participar en la obra de creación colectiva de nuestra Patria, y… su recompensa principal está en la satisfacción de trabajar por el bienestar común.
 
El imprescindible cuestionamiento

Después de leer algunos de los preceptos del código de ética que están obligados a cumplir todos y cada uno de los dirigentes de este país, no importa el cargo que ostenten, es preciso reconocer que a los cubanos nos cabe todo el derecho de criticar y cuestionar el nivel de vida que disfrutan los más altos dirigentes de este país y sus familiares.

¿Se corresponde con esos muy “altos valores revolucionarios” que exige el mencionado libelo, que Fidel y Raúl hayan mentido al mundo y en especial a su pueblo al negar el carácter socialista de su revolución?
¿Es ético que Fidel se diera el lujo de construir dentro de la sede del Partido y el Gobierno cubano una clínica totalmente equipada para su uso exclusivo y de los que él decidiera?

¿Es equidad que los altos dirigentes del país y su familia se atiendan en hospitales con condiciones muy superiores a las que tienen la mayoría del país?

 

 

Esos que el librito sobre ética señala que no pueden tener privilegios, ni vivir por encima de su pueblo, tienen las mejores casas del país al igual que sus familiares. También tienen acceso a cuotas de alimentos con los que el pueblo no puede contar, y sin realizar desembolso alguno, pues su salario nominal no les alcanzaría para ello.

¡Y no hablemos de hoteles, carros, relojes y vestimentas! Sería interminable la lista de privilegios y prebendas de estos “humildes” dirigentes.

La Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento), jamás ha discutido, aprobado, ni hecho público, presupuesto alguno que justifique los gastos de manutención de los dirigentes del Partido Comunista y los designados para encabezar el gobierno.

Si el salario máximo de un dirigente en el país es de 2700 pesos cubanos, el equivalente a 108 dólares, y si además estos señores burlan y no cumplen su propio “Código de Ética”, es válido hacer dos preguntas: ¿De dónde los dirigentes del país y sus familiares obtienen el dinero para llevar su alto nivel de vida? ¿Este pueblo debe confiar en la palabra de los máximos dirigentes del país?

 

Escrito por Pedro Acosta Peña

Pedro Acosta Peña (1951) Graduado de Dirección y Planificación de la Economía. Ha pertenecido a diferentes movimientos opositores donde he ocupado cargos a nivel nacional como S+ y Candidatos por el cambio. Fui miembro del Ejecutivo Nacional de Observadores de Derechos Electorales (ODE) . Los periódicos digitales 14ymedio y Cibercuba han publicados varios trabajos suyos