La batalla de los Grammy y el ejemplo de España

Los premios Latin Grammy concedidos a “Patria y Vida”, deberían haber revelado a la dirigencia revolucionaria que tiene un mensaje que huele a naftalina. Es muy viejo
 

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El régimen cubano lo convierte todo en una ridícula batalla. Como es incapaz de mirarse en el espejo, teme a la imagen de octogenarios vencidos por la vida, sus dirigentes asumen una visión heroica de sí mismos.

Ahora mismo transformó la entrega de los Grammy Latinos del 2021 en una lucha épica contra Yotuel, Maykel Osorbo –a quien mantienen en la cárcel–, Descemer Bueno, Yadam González, El Funky, Gente de Zona y Beatriz Luengo. ¿Por qué? Por ser los autores o los intérpretes de “Patria y Vida” (Chancleta Records), y porque los organizadores con toda justicia eligieron ese tema como el mejor, el más destacado del año. Simultáneamente, recibieron el premio a la “Mejor canción urbana” del 2021.

Ni siquiera fueron los únicos cubanos que obtuvieron un Latin Grammy. Gloria Estefan y la Orquesta Aragón también fueron merecedores del gramófono. Estefan resultó premiada por el “Mejor Álbum Tropical del año” con Brazil305, mientras la Aragón, fundada en 1939 (20 años antes de que surgiera la Revolución Cubana), recibió el reconocimiento al “Mejor álbum tropical tradicional” por Cha-Cha-Cha: Homenaje a lo tradicional. La noticia sorprendió a los miembros de la orquesta, según relató Rafael Lay, su actual director e hijo de uno de los fundadores, aunque la calidad del sonido se logró en Los Ángeles por las gestiones de Issac Delgado y Alain Pérez, dos excelentes y carismáticos intérpretes.

Observen la secuencia de los hechos. Primero fue el choque con el Movimiento San Isidro. Un grupo de jóvenes artistas muy pobres, separados del poder político, se presentaron de buena fe en el Ministerio de Cultura a hablar con el ministro. No se les concedió esa gracia. Meses más tarde ocurrieron las protestas cívicas del 11 de julio. Miles de personas se levantaron en todo el país. No hay que ser un lince para vincular ambos sucesos. Por último, el 15 de noviembre tomó el relevo la asociación cívica Archipiélago, provisionalmente dirigida por Yunior García Aguilera, quien acabara exiliado en España, y a quien se debe una magnífica explicación de estos fenómenos pronunciada en la rueda de prensa.

El hecho de que el premio a la “Canción del año” haya sido concedido a “Patria y Vida”, debería haberle revelado a la dirigencia revolucionaria que tiene un mensaje que huele a naftalina. Es muy viejo. Hace 20 o 30 años hubieran premiado una canción en torno del lema “Patria o Muerte”, y se lo hubiera otorgado un chaval que vestía una camiseta del Che, pero hoy es impensable que algo así ocurra. ¡El primero de enero comenzará el año 63 de esa revolución y de ese régimen! Por supuesto, pueden permanecer en el sillón de mando, pero ¿hasta cuándo?

El general español Francisco Franco murió en la cama (aunque “sólo” llevaba 40 años en la jefatura del Estado), como Fidel Castro, y como presumiblemente sucederá con Raúl, pero lo que no evitarán es que las jóvenes generaciones modifiquen totalmente el rumbo político del país. Así ha sido siempre en la historia del planeta.

Franco había supervisado cuidadosamente la educación de su sucesor en el Poder Ejecutivo, el rey, para garantizar que no habría sorpresas. Incluso, en el Parlamento –que es esa época se llamaba “las Cortes”– existían unos aguerridos diputados que integraban “los 40 de Ayete”. Así se llamaba por el palacete en que solían reunirse, muy cerca de San Sebastián, en el “país vasco”, lugar de residencia de Franco en los veranos. Era el grupo de franquistas que, supuestamente, resistiría cualquier intento de cambio. Sólo que al frente de “los 40 de Ayete” estaba, nada más y nada menos, que Adolfo Suárez, el hombre que junto al rey encabezó la transición una vez que Franco murió.

Ni el rey Juan Carlos ni Adolfo Suárez fueron traidores a Franco. O, si lo fueron, debieron optar una de dos lealtades conflictivas: la que le debían al viejo Caudillo que los había encumbrado personalmente, o la que debían a las nuevas generaciones que no participaron activamente en la guerra civil, como era el caso de ellos mismos.

Tanto Juan Carlos de Borbón, como Adolfo Suárez eran producto de la Segunda Guerra mundial, o si se quiere, de la Guerra Fría que entonces se libraba. Ellos eligieron dirigir a sus compatriotas a la modernidad y extraerlos de la primera parte del siglo XX a la que los había arrastrado el Generalísimo de España.

No sé cómo se puede obviar el ejemplo de España, pese a que, desde el punto de vista económico, los últimos 15 años del franquismo fueron espléndidos. Cuba tiene una oportunidad dorada de corregir el rumbo equivocado emprendido en 1959. Todo lo que tiene que hacer es rectificar, consultar a la sociedad e ir, como señalaba Oswaldo Payá, “de la ley a la ley”. De lo contrario el país puede sucumbir a otra etapa de innecesaria violencia.

 

Tomado de El Blog de Montaner

Escrito por Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner Suris es un periodista, escritor y político cubano, que tiene, además, la nacionalidad española y la estadounidense. Es considerado uno de los 50 intelectuales más influyentes de Iberoamérica por la revista Foreign Policy. Ha ganado varios premios relevantes y colaborado con periódicos de renombre internacional. ​​Ha publicado unos 27 libros. Múltiples diarios de América Latina, España y Estados Unidos recogen desde hace más de 30 años su columna semanal. La revista Poder lo ha calificado como uno de los columnistas más leídos e influyentes de América Latina.