Las vidas cubanas también cuentan

Al usar el lema Cuban Lives Matter, la insurrección popular en Cuba podría recuperar su rica tradición de derechos humanos y libertad, una historia maravillosa que las autoridades castristas se han robado
Protestas en Cuba, represión. Foto: AP
 

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Black Lives Matter (BLM) es un movimiento marxista que le hace la guerra a la democracia americana. En estos momentos un movimiento popular está tratando de cambiar el gobierno marxista en Cuba, un país con una gran población de afrodescendientes.

Black Lives Matter cuenta con el apoyo mayoritario de los estadounidenses, muchos de los cuales conocen el movimiento solo como lema. También cuenta con el apoyo incondicional de casi todos los medios de comunicación de Estados Unidos.

Los estadounidenses que lo apoyan dicen que Black Lives Matter está dedicado a curar al país del “racismo sistémico”, mientras que BLM se define a sí mismo como “una comunidad global” que lucha “para poner fin a la violencia sancionada por el Estado, liberar a los negros y acabar con la supremacía blanca para siempre”.

En esas vagas definiciones, los cubanos con conocimiento de su propia historia reconocerán el tono y el tema del Movimiento 26 de Julio de Fidel Castro.

¿Es coincidencia? De ninguna manera. A lo largo de su existencia, Black Lives Matter ha apoyado ardientemente al régimen de Castro. A juicio de los voceros de BLM, la Cuba de Fidel ha sido un paraíso en materia ambiental, social, política y espiritual.

En caso de que usted crea que Black Lives Matter debió haber renunciado a esos dogmas radicales antes de convertirse en una organización de masas, piénselo otra vez.

A raíz de las recientes protestas en Cuba, el movimiento culpó de las desgracias de ese país al “cruel e inhumano” embargo económico de los Estados Unidos. También reiteró sus habituales elogios al régimen de Castro por darle asilo a los afroamericanos fugitivos del sistema judicial de Estados Unidos.

A todo lo anterior podrían añadirse las palabras de la escritora del “Proyecto 1619”, Nikole Hannah-Jones, quien ha dicho que Cuba es una sociedad que Estados Unidos debería emular. “Cuba tiene la menor desigualdad entre negros y blancos en cualquier lugar del hemisferio”, dijo recientemente. “Y eso se debe al socialismo”.

Existe, obviamente, una enorme brecha en el conocimiento mutuo de nuestros dos pueblos. En las últimas seis décadas, los cubanos han sufrido el bautismo de fuego de un régimen totalitario que comenzó como expresión de un ardiente idealismo. “Cuando Batista se vaya, tendremos una sociedad perfecta”, se dijeron alguna vez.

Si cambiamos la frase “racismo sistémico” por el nombre de Batista —y solo los cubanos entienden qué irónica resulta esa sustitución—comprenderemos la ingenuidad que está a punto de conseguir la destrucción de los Estados Unidos.

Muchos estadounidenses están dispuestos a arriesgar su venerable sistema político por tal de alcanzar la soñada perfección moral y social. Los cubanos han vivido en carne propia ese experimento y los resultados están a la vista. Si los estadounidenses no actúan con inteligencia en esta coyuntura histórica, los Estados Unidos del mañana se parecerán mucho a la Cuba de hoy.

En lugar de Black Lives Matter, consideremos un lema mucho más apropiado y significativo: Cuban Lives Matter. Las vidas cubanas cuentan.

Al adoptar el lema Cuban Lives Matter el emergente movimiento popular cubano podría llamar la atención de los medios de comunicación estadounidenses que han brindado su apoyo incondicional a BLM. Entre otras cosas, los estadounidenses deben saber que en Cuba una mayoría negra y mestiza es gobernada por una minoría blanca.

Un movimiento que proclame que las vidas de los cubanos cuentan podría dar inicio al largo proceso de rescate de la sociedad cubana. También podría ayudar a rectificar la situación en los Estados Unidos, donde un grupo marxista hábilmente disfrazado de instrumento de liberación está a punto de tomar el poder.

En los Estados Unidos, los amigos del movimiento Black Lives Matter están creando un nuevo orden que sirve a la oligarquía “progresista” y destruye las aspiraciones de los trabajadores. El tiro de gracia ha sido la negativa de los funcionarios de inmigración de Estados Unidos de que los cubanos que están dispuestos a arriesgarlo todo entren a Estados Unidos.

Esto es inaceptable. El sueño americano es un fenómeno global. Estados Unidos es el hogar de las aspiraciones humanas, y su destino pertenece a todos por igual. A lo largo de su historia, el pueblo cubano ha estado muy cerca de nosotros. Ahora es el momento de que se acerque más que antes.

Al usar el lema Cuban Lives Matter, la insurrección popular en Cuba podría recuperar su rica tradición de derechos humanos y libertad, una historia maravillosa que las autoridades castristas se han robado. Es hora de que los cubanos recuperen su historia.

Escrito por David Landau

Graduado de la Universidad de Harvard, donde editó el diario Crimson. Publicó a los 22 años un libro sobre Henry Kissinger que se ha convertido en un clásico. Ha trabajado durante tres décadas en asuntos cubanos y latinoamericanos.