La fatiga pandémica en Cuba

A la actual pandemia en Cuba se suma una historia de cambios bruscos, infelicidad, restricciones, pérdida de valores morales y de virtudes cívicas, por más de 60 años
Cubano en autobús durante pandemia
 

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha definido que: “La fatiga pandémica es una reacción natural y esperada a una adversidad no resuelta presente en la vida de la gente, que se expresa a través de la desmotivación para seguir las conductas de protección recomendadas, que aparece de forma gradual en el tiempo y que está afectada por diversas emociones, experiencias y percepciones, así como por el contexto social, cultural, estructural y legislativo”.

En Cuba se ha informado sobre la fatiga pandémica en el periódico oficial Granma del 21 de junio 2021, en un artículo firmado por Patricia Arés. En dicho artículo se dice:

“Es importante aclarar que no es una enfermedad, sino un estado sicológico producido por la exposición continua a un conjunto de factores estresantes, directamente relacionados con el posible contagio, con las medidas de restricción social y también con los efectos colaterales de una crisis económica que torna la vida compleja y difícil”.

De modo que se reconoce que entre los factores causantes no solo está la angustia por el contagio, sino también las restricciones sociales y los efectos de una crisis económica. La autora prosigue destacando la influencia del tiempo en ese cansancio existencial:

“Los cubanos y las cubanas hemos estado más acostumbrados a vivir huracanes, eventos que también son potencialmente traumáticos, pero transitorios. El problema de la pandemia es que discurre como un «desastre lento» que parece haberse instalado en un «presente eterno», que no acaba de terminar. La erosión del tiempo constituye un factor que golpea fuerte sobre nuestra salud psicológica (…)”

En el mismo artículo se introduce una importante cita y una deducción lógica:

“La historia de las guerras, las epidemias y las catástrofes naturales nos muestran lo mejor y lo peor de los seres humanos. Justo en situaciones límites es cuando conocemos verdaderamente su esencia. (…) ¿Qué nos dice Albert Camus en su famoso libro La peste? Que las peores epidemias no son biológicas, sino morales”.

A este análisis deseo agregar que, si este cansancio pandémico “golpea fuertemente sobre nuestra salud psicológica”, teniendo la COVID-19 en Cuba solo una duración de 15 meses, ¿cuánto podrá ser el “daño antropológico” a causa de las situaciones de agobio, incertidumbre por la subsistencia, control excesivo sobre las personas, pérdida de sus libertades, dificultades para su movilidad dentro y fuera del país, adoctrinamiento ideológico pertinaz, penalización de la discrepancia, separación de la familia, vivir en la mentira y la manipulación, entre otras muchas causantes de estrés y traumas?

Tengamos presente que a la actual pandemia se suma una historia de cambios bruscos, infelicidad, restricciones, pérdida de valores morales y de virtudes cívicas, por más de 60 años. Estas “pandemias” de dimensiones morales, civiles, económicas y políticas que hemos vivido los cubanos, son peores, e impactan más persistentemente, sobre el alma de nuestro pueblo.

Hay preguntas sin responder que pudieran complementar al análisis de este fenómeno en Cuba: ¿Por qué no se comenzó a vacunar desde que se pusieron a disposición de las naciones otros fármacos certificados para ir inmunizando a la población, por lo menos, hasta que estuvieran completamente autorizadas los candidatos vacunales cubanos? ¿De quién es responsabilidad esta demora en comenzar a vacunar? ¿Esta tardanza ha sido por causas económicas o políticas? Porque hubo donaciones y programas para regalar vacunas a los países con menos recursos…

¿Coinciden las medidas implantadas en Cuba con las estrategias y principios recomendados por la OMS para el manejo de la fatiga pandémica? Para ayudar a los lectores a hacer su propia evaluación copio a continuación esas estrategias y principios tomados textualmente del Informe sobre la Fatiga Pandémica publicado por la Oficina de Europa de la OMS. Saque Usted sus propias conclusiones:

“Partir del punto de vista del público y tratar de comprender a la población, lo que implica recoger encuestas para la formulación de políticas, intervenciones y comunicaciones específicas, que sean adaptadas a las necesidades de cada grupo y resulten eficaces.

Permitir que las personas vivan sus vidas, pero reducir el riesgo. En este sentido, el texto señala que las restricciones de amplio alcance, que se mantienen en el tiempo, dejan de ser factibles a largo plazo y, por tanto, no permiten alcanzar los objetivos.

Involucrar a la gente como parte de la solución. Buscar mecanismos de cooperación con todos los grupos y comunidades afectadas para que participen en la toma de decisiones sobre sus vidas.

Reconocer y abordar las dificultades que experimentan las personas y el profundo impacto que la pandemia está teniendo en sus vidas.”

Este documento de la OMS establece cinco principios transversales que deben fundamentar la elaboración de políticas, medidas o estrategias de comunicación ante los retos de la COVID-19:

  • “Ser transparente en la comunicación, compartiendo las razones que hay detrás de las restricciones y cualquier cambio que se haga en ellas, y reconociendo los límites de la ciencia y el gobierno.
  • Esforzarse por lograr el mayor nivel posible de justicia en las recomendaciones y restricciones.
  • Ser lo más coherente posible en los mensajes y acciones, y evitar medidas contradictorias.
  • Coordinarse para evitar mensajes contradictorios entre los expertos y los portavoces.
  • Esforzarse por lograr la previsibilidad en circunstancias impredecibles, por ejemplo, utilizando criterios objetivos para las restricciones y cualquier cambio que se haga en ellas”.

En Cuba estamos viviendo esta fatiga sobre otra fatiga de seis décadas. Cansancio de la pandemia biológica y de las pandemias morales, económicas y políticas. El cansancio existencial multidimensional conduce a la exasperación personal y a la explosión social si se acumulan en el tiempo. Por ello proponemos una vez más: no se puede “estirar la liga” sin tener en cuenta las funestas consecuencias previsibles. No se puede seguir haciendo experimentos sociales, económicos y políticos con personas, sin su consentimiento informado. Eso es éticamente inaceptable. ¿Por qué se cumple con este precepto del consentimiento informado en los experimentos vacunales y ni siquiera se consulta a cada cubano sobre los experimentos sociales, educacionales, económicos o políticos que se han implantado en nuestro país?

No obstante, me resisto a sucumbir. Confío en que la esencia y la dignidad que distingue a toda persona humana de los “conejillos de Indias” nos la hagamos respetar, pacíficamente, en toda su integridad corporal, moral y espiritual y también confío y espero que de ese espíritu humano irreductible amanezca la esperanza para Cuba.

Escrito por Dagoberto Valdés Hernández

Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955). Ingeniero agrónomo.Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Reside en Pinar del Río.

 

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