El lado bueno de la tormenta para los reporteros cubanos
Ser reportero en la capital es tener el beneficio que da “el vidrio”. Se te abren puertas que sólo podrían abrir el dinero o el poder. Es el camino que muchos periodistas eligen, y por el que muchas veces se les ve defender una realidad que solo existe en el noticiero cubano
Periodistas oficialista "de provincia", que ascendieron: Boris Fuentes, Abdiel Bermúdez y Randy Alonso. Fotomontaje: ADN Cuba
 

La temporada de huracanes es la esperanza para el periodismo en las provincias cubanas… ¿Por qué? Resulta que después de tantos años de “Revolución”, el regionalismo reina en la Televisión Nacional.

Así es. Los reporteros de provincias tienen un espacio muy limitado en los informativos de alcance nacional, al menos en los que se transmiten en horarios donde usualmente la gente está en casa. El huracán es el momento que tienen los reporteros del Oriente, Centro y Occidente para que el pueblo cubano los conozca. Cuando eso ocurre sale a la luz lo mal atendidos que están los estudios de TV en las provincias... A veces por descuido, a veces por falta de talento para la escenografía y siempre por la escasez de recursos que el gobierno les destina.

El Sistema Informativo de la Televisión Cubana ha demostrado, durante años, la poca relevancia de la realidad provinciana para el régimen cubano. La Revista Buenos Días es el espacio, por excelencia, donde pueden lucirse los telecentros provinciales. Pero ocurre es que la revista es muy larga y no hay mucho que poner sobre La Habana, o por lo menos nada que le interese al régimen. Por eso el espacio de dos horas se alimenta de lo que envían las provincias. Eso permite que la gente conozca algo de lo que pasa en zonas alejadas de la capital.

Pero finalmente, esto ocurre poco, porque la revista de la mañana es casi radial. La gente no la ve, la escucha mayormente (esa es una característica de este tipo de espacio no solo en Cuba), pues la hora es muy ocupada para quienes trabajan y nadie se sienta a mirar Buenos Días por más de tres minutos. Quizá sea el momento donde hay menos censura para el periodismo estatal cubano, bien porque los reporteros piensan que a esa hora no los vigilan, o porque el Comité Central del Partido Comunista asume que el enemigo duerme y nadie se entera de lo que se dijo.

Además, puede que piensen que probablemente Raúl Castro no se levantaría poco después de las seis de la mañana a ver la Revista. Demasiado temprano. Por eso a veces, muy raras, salen cosas por equivocación o porque a alguien se le olvidó ponerle el cartelito de “No aprobado”. Y por eso también ocurre que la gente ve algo en la mañana y se queda esperando a que vuelva a ponerse más tarde. Pero ese tipo de información nunca verá la luz en el Noticiero Estelar. A esa hora de la noche quienes rigen la política editorial, siempre están atentos para verse. También para saber si se está poniendo justo lo correcto, según sus intereses.

Como ya se ha dicho, si usted quiere saber lo que piensan los dirigentes cubanos, siéntese a ver el “Estelar”. La realidad nacional en el noticiero televisivo se entiende como la realidad de La Habana y hasta cierto punto la de Santiago de Cuba. Lo que ocurre cotidianamente en el resto del país no tiene tanta relevancia, la mayoría de las veces, para los responsables del noticiero nocturno, a menos que a Raúl, Díaz-Canel o algún otro dirigente se le ocurra un recorrido sorpresa por alguna provincia...

Eso saca a la luz otra gran realidad de la Cuba “revolucionaria”: el progreso y la noticia solo están en la capital. Y el Sistema Informativo no puede hacer otra cosa que reproducir su verdad...

Eso también ha incentivado, a escala notable, la emigración a La Habana como única opción para salir adelante. La información que sale en el noticiero, evidencia que en SESENTA años el gobierno cubano no ha hecho mucho por el progreso local. En las provincias sólo se inauguran cafeterías, obras sociales, y se producen alimentos. Nada más, según lo que cuenta el Sistema Informativo en sus espacios.

La poca o mucha relevancia que tienen los territorios fuera de La Habana se minimiza cotidianamente. Cada provincia cubana tiene uno o dos corresponsales, que supuestamente son los representantes del "Informativo" en otras áreas. Pero en la práctica el desamparo es total. La directiva del noticiero solo se acuerda de su gente en provincia cuando hace falta... Y no hay evento más representativo de este hecho que la llegada de un huracán.

Cuando esto ocurre los jefes quieren que el personal de provincia se ponga a correr y les manden la mejor imagen. Si no hay carro, que resuelva. Si no hay comida, no importa. Si el reportero tiene que estar bajo la lluvia sin condiciones, eso no es importante. Hay que cumplir.

Esta política de aislamiento hacia las provincias hace que el personal de prensa se empeñe en moverse a La Habana. El propio gobierno que rige la política editorial del país les enseña que la capital es la única forma de conseguir un mejor status. En las provincias te conoce alguna gente, pero si no eres figura en La Habana, no vas a ninguna parte.

Ser reportero en la capital es tener el beneficio que da “el vidrio”. Se te abren puertas que sólo podrían abrir el dinero o el poder. Es el camino que muchos periodistas eligen, y por el que muchas veces se les ve defender una realidad que solo existe en el noticiero cubano, aun sabiendo que hablan de un país falso.