Cuando una ideología se hace religión

En el fondo de la reacción represiva del gobierno de Cuba a las protestas del 11 de julio, de esta actitud beligerante, de este lenguaje de combate, está un fenómeno bastante estudiado en las ciencias sociales y políticas. Se trata de cuando una ideología se convierte en una “religión secular”
Culto a la personalidad de Fidel y Raúl Castro, mediante cartel en cafetería estatal. Foto: EFE
 

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Cuba no es la misma después del 11J. Debemos seguir sacando enseñanzas de estos acontecimientos. Hoy quiero profundizar un poco en busca de la raíz de la respuesta que tuvo aquella explosión social.

Comienzo con un ejercicio de “Ideando escenarios”. Imaginemos que en lugar de la cruenta represión sobre los manifestantes pacíficos; en lugar de los disparos de las fuerzas policiales y de aquel que penetró por la espalda de un manifestante desarmado y pacífico causándole la muerte, única reconocida oficialmente; en lugar de los cientos de detenidos, encausados, juzgados, aún sin regresar a sus hogares; hubiera ocurrido lo que imagino en estos dos párrafos siguientes. Recuerden que es solo un ejercicio mental:

“Las fuerzas del orden en cada uno de los poblados y ciudades se colocan a ambos lados de las calles tomadas por los manifestantes pacíficos y cuidan que nadie aproveche esa manifestación para delinquir. Nadie reparte palos a personas vestidas de civil y nadie da la orden convocando al combate en lugar de convocar al orden, al respeto y a la convivencia. Nadie se arroga el derecho de decidir quiénes son los propietarios exclusivos de las calles y plazas. Nadie dispara al aire. Y todos exhortan a mantener el orden de las marchas y nadie dispara ni golpea. Nadie es detenido ni maltratado por expresar pacíficamente sus ideas.

“Cuando, más tarde, algunos pocos en comparación con los miles que salieron pacíficamente, cometieron deplorables actos de vandalismo, y otros tipos de violencia, entonces una parte de las fuerzas policiales se ocuparon de evitarlo y detener a los que usaron la manifestación para fines que no son lícitos. Mientras el resto de personas pacíficas pudieron seguir marchando hasta que decidieran que ya habían expresado todo su malestar. Entonces, cada cual regresa a su casa sin violencia y sin más disturbios. La policía se ocupa de que la dispersión sea ordenada y regresa a sus estaciones u ocupaciones cotidianas”.

Fin del ejercicio “Ideando escenarios”. Ahora sugiero unas preguntas: ¿Conoce usted de casos concretos en otros países donde se han podido producir protestas pacíficas como la aquí ideada? ¿Cuáles serían las enseñanzas que hubiéramos podido sacar si lo que hemos imaginado hubiera sido la orden dada y el orden garantizado? Cuba hubiera dado un ejemplo al mundo de país civilizado, de libertad de expresión, de derecho a la manifestación pacífica y, sobre todo, de capacidad de las fuerzas de orden público para organizar una manifestación sin violencias de una parte ni de la otra. Hubiera sido una prueba del humanismo que está en la base de la cultura y la nacionalidad cubanas. Hubiera sido la prueba de que en Cuba podemos vivir en paz y ejercer todos nuestros derechos en una convivencia ordenada y civilizada. Eso sería otra historia.

 

Ideología y religión

La pregunta es: ¿por qué no sucedió como lo imaginamos si así hubiera sido mejor? Comprendo que muchos de mis compatriotas tendrán una “respuesta rápida”. Quizá, con una palabra o una frase pudiéramos responder a todas esas preguntas. Sin embargo, hoy quisiera que nos detuviéramos a pensar primero, en una de las causas profundas que está en la raíz de esas reacciones desproporcionadas y violentas frente al pacífico ejercicio de un derecho humano reconocido en el mundo entero, aunque violado en muchos lugares.

En el fondo de esta reacción represiva, de esta actitud beligerante, de este lenguaje de combate, está un fenómeno bastante estudiado en las ciencias sociales y políticas. Se trata de cuando una ideología se convierte en una “religión secular”.

Raymond Aron (1905-1983) en su obra The Opium of the Intellectuals (Londres: Secker & Warburg, 1957, pp. 265-294) señala el peligro, y constata la realidad, de lo que llamó el opio de las nuevas religiones seculares cuando ideologías producidas por intelectuales en un gabinete es convertida por los políticos que la intentan llevar a la práctica, en “algo sagrado”. Es el “opio de los intelectuales”, rememorando aquella idea de Karl Marx de que “la religión es el opio del pueblo”.

Adolf Keller (1872-1963) un teólogo evangélico suizo afirma en su obra Church and State on the European Continent, en la p. 68, que el marxismo llevado a la práctica en la ahora extinta Unión Soviética “se había transformado en una religión secular”.

Por su parte el filósofo marxista Antonio Gramsci (1891-1937) lo expresaba claramente: “Nos emborrachamos con ese sentimiento místico religioso del socialismo, de justicia que lo impregna todo […] sentimos en nosotros una nueva vida, una creencia más fuerte, alejada de las ordinarias y miserables polémicas de los pequeños y vulgares políticos materialistas” (Gramsci, A. Carlo Péguy ed Ernesto Psichari; Scritti giovanili 1914-1918– Torino: Einaudi).

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Entonces, para comprender mejor lo que está sucediendo en Cuba hoy acudamos a una definición de religión secular: “es un término utilizado para describir ideas, teorías o filosofías sin componente espiritual, pero con muchas características similares a una religión. Algunas de estas características son el dogma, un sistema de adoctrinamiento, la prescripción de un código absoluto de conducta, una narrativa de creación y fin de los hechos puramente narrativa, enemigos designados por terceras personas y devoción a una autoridad. Las 'religiones' seculares operan llenando el hueco que la religión o autoridad religiosa ha dejado”.

En Cuba, desde hace más de sesenta años no es que la religión, sobre todo, haya dejado un “hueco”, sino que sus practicantes han sufrido persecución y segregación social hasta el punto de ser considerado “un sentimiento privado”, una creencia sin nada que hacer en el ámbito social, político, cultural, educativo, comunicacional. No es solo porque el marxismo-leninismo considerara a la religión como opio, o visión fantástica de la realidad, sino para poder ocupar con la ideología como nueva religión secular, los espacios, ambientes, centros educacionales, medios de comunicación y otros ámbitos de la vida social que había intervenido.

En primer lugar, se constituye a una sola ideología como un dogma obligatorio, irreformable y no criticable sin que se reciba el castigo por cada uno de estos “sacrilegios” ideológicos. Solo un ejemplo bastaría para comprobar que esta característica se cumple sobradamente en Cuba. Citemos a la Constitución de la República de 2019:

“El sistema socialista que refrenda esta Constitución, es irrevocable. Los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible otro recurso, contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución” (Artículo 4).

Además de irrevocable se establece que solo con la ideología socialista y comunista se puede alcanzar la dignidad plena del hombre:

“… solo en el socialismo y en el comunismo el ser humano alcanza su dignidad plena” (Preámbulo).

La ideología en Cuba intentó, aunque sin mucho éxito, convertirse en un “sistema de adoctrinamiento” convirtiendo al sistema nacional de educación en una escuela de ideologización excluyente. Todas las demás ideologías y religiones quedaron desterradas de la escuela cubana. Ningún padre puede escoger la orientación filosófica o religiosa para sus hijos como es su derecho primario e inalienable. Los medios de comunicación son instrumentos de este adoctrinamiento y censuran o condenan toda discrepancia y diferencia.

Pero cuando una ideología se convierte en una religión secular no se queda solo en imponer un sistema de ideas, también se arroga el derecho de “la prescripción de un código absoluto de conducta”. No se intenta someter solo la mente, también se dicta la forma de actuar, de decidir, de convivir, de trabajar, de estudiar, de viajar, de manifestar. Toda la vida queda bajo ese código absoluto. Además, la historia se reescribe, se mutila, se hiperboliza, creando “una narrativa” a la medida de la religión secular. También se crean o condenan a “enemigos designados por terceras personas”, se divide a la nación entre quienes aceptan la ideología con la fidelidad de quien profesa una religión o es declarado hereje y condenado al ostracismo o a la cárcel. Lo peor de las historias de las religiones, en gran parte ya superado, es asumido como mecanismos de defensa de una ideología que, dicho sea de paso, puede ser la ideología del consumismo o la de la dictadura del proletariado, puede ser la ideología de género o la de un “nuevo orden mundial”.

Todo esto ocurre mientras los ciudadanos-creyentes de la nueva religión secular mantienen su fidelidad, su acatamiento y su silencio cómplice. Sin embargo, cuando una parte de ellos comienza a cuestionarse la doctrina o la práctica, entonces, cual nueva inquisición, se defiende “la fe”, la doctrina, la práctica y todo lo demás, con métodos represivos en lugar de educativos, con violencia en lugar de persuasión, con condenas en lugar de tolerancia, con división del pueblo en lugar de cultivar la convivencia. Es por esto, entre otras causas, que aquel ejercicio de “Ideación de escenarios” no fue una realidad el 11J en Cuba. Las ideologías no pueden ser convertidas en religiones ateas.

Para terminar, leamos lo que dijo el Papa Francisco en un encuentro con la sociedad civil en Paraguay el 11 de julio de 2015: “Las ideologías terminan mal, no sirven. Las ideologías tienen una relación o incompleta o enferma o mala con el pueblo. Las ideologías no asumen al pueblo. Por eso, fíjense en el siglo pasado. ¿En qué terminaron las ideologías? En dictaduras, siempre, siempre. Piensan por el pueblo, no dejan pensar al pueblo”.

 

Algunas propuestas

No quiero terminar sin algunas propuestas, como siempre:

  • Cuba debe desacralizar las ideologías, la que domina ahora y todas las que vendrán. Todas pueden ser manipuladas.
  • Una vez secularizadas las ideologías todas deben dejar pensar al pueblo cubano. Pensemos Cuba antes de que sea demasiado tarde.
  • Abramos nuestras mentes y nuestras leyes a la pluralidad que es decir a la realidad que siempre es diversa. Ninguna religión o ideología puede ser impuesta. La educación debe ser plural y libre. Los que piensan diferente no deben ser considerados enemigos o apátridas o mercenarios.
  • Que las religiones sean, actúen y se relacionen socialmente como religiones y no como ideologías. Y que las ideologías sean, actúen, y se relacionen como ideologías y no como religiones.
  • Que así funcione la democracia, con todas sus virtudes y todos sus defectos porque es simplemente humana, pero liberada de tabúes y falsos dioses. Que la democracia sea liberada del opio de una religión manipulada o silenciada y del opio de una ideología sacralizada e impuesta.
  • De esta forma, el ejercicio que hemos hecho al principio de esta columna dejará de ser, para la próxima vez, una “ideación de escenarios” para convertirse en una edificante realidad de respeto, paz y amistad cívica entre todos los cubanos.

 


Texto publicado originalmente en el Centro de Estudios Convivencia

Escrito por Dagoberto Valdés Hernández

Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955). Ingeniero agrónomo.Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Reside en Pinar del Río.