Seguridad del Estado interroga y amenaza a editora de La Hora de Cuba

Seguridad del Estado interroga y amenaza a editora de La Hora de Cuba
 

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Por Mario Félix Ramírez. / La Hora de Cuba

Mientras los fanáticos del fútbol esperaban el juego de la Champions, los amantes de la libertad hablaban de derechos humanos en la OEA, y los defensores del Apóstol celebrábamos el éxito del crowdfunding de La Edad de Oro, la joven profesora, crítica e historiadora del arte, Isel Arango Rodríguez, era interrogada por agentes de la Seguridad del Estado en las oficinas de Inmigración y Extranjería del reparto Vista Hermosa, en la ciudad de Camagüey.

El motivo para la citación que había recibido a las 8:30 am (hora y media antes) tal como nos cuenta en su muro de Facebook la también editora de la revista La Hora de Cuba, fue un próximo viaje a Chile que ella tiene previsto. Pero claro, como nada es lo que parece con la Seguridad del Estado, ni siquiera sus nombres suelen ser los verdaderos, y como se trata de la primera vez que “interactuaban” con la joven, el “intercambio” se extendió más allá de un asunto de inmigración.

Isel, atareada por las labores del hogar, nos cuenta cómo se presentó a las 10:00 am en la susodicha oficina, donde la esperaban los agentes Karla y Tony, que no mostraron identificación, en lugar del esperado teniente Isbel Sánchez, firmante de la citación. Enseguida la pareja indagó por el viaje, asumiendo el acostumbrado aire de saberlo todo, y arremetieron con amenazas: “que hasta ahora ellos no me habían hecho caso, pero que, si iba al viaje, al regresar recibiría otro tratamiento”, testimonia la entrevistada. Karla, aparentemente contemporánea de Isel, y Tony, algo mayor, saltaron a otros predios en su indagación para averiguar por la relación con La Hora de Cuba y su director, Henry Constantín.

Como se ha hecho habitual, los agentes la pusieron al tanto de sus propias publicaciones, llegando a lo irrisorio de recordarle cuántos likes había dado a las de La Hora de Cuba. Por ejemplo, con respecto al post sobre el caso del pedófilo, que publicamos en este mismo sitio hace unas semanas, y que Isel compartió, los entrevistadores dijeron que "ese escrito denigraba a los niños y sus familias”.

 

Otro punto a destacar fue la recriminación que la pareja de agentes le hizo sobre el pasado evento de La Peña del Júcaro Martiano, celebrada a finales del 2018, a la que según los oficiales, Isel había llevado a sus alumnos de la Escuela de Arte Vicentina de la Torre, lo cual desmiente ella. Como es lógico, los de la llamada Seguridad inquirieron sobre el evento y sus participantes, con especial énfasis en algunos más que en otros.

Desde luego no faltó la amenaza a la familia o al centro laboral. Según Tony, “hasta ayer (Isel) se desempeñaba como profesora allí”. O sea, que debemos esperar a mañana para corroborar este ultimátum del oficial. Siguieron menciones reiteradas al señor Arango, padre de la joven profesora, y a Alenmichel Aguiló, su esposo. Parece que la Seguridad del Estado va a requerirlos a ellos también en los próximos días. El paroxismo en el orden de las amenazas llegó cuando Tony habló de una cercana “Primavera Negra” en la que todos lo que pasan del pensamiento libre a la acción contra la ideología del gobierno, irían a parar a la cárcel.

Karla, cuyo verdadero nombre es Jessica, y Tony, son agentes habitualmente encargados de vigilar, interrogar a amenazar a personas relacionadas con la cultura y el periodismo en Camagüey. Entre sus víctimas han estado la madre de Henry Constantín y este mismo periodista, el entonces bloguero Alejando RodríguezSol García Basulto, entre decenas de otros jóvenes, artistas y comunicadores.

Después de más de una hora de interrogatorio, Isel regresó a su casa con la certeza de haber visto las entrañas del monstruo, y según nos cuenta, más libre que nunca y más segura en sus convicciones.

Sobra decir que todos estos encuentros que organiza la Seguridad del Estado, con el ánimo de intimidarnos y evaluarnos, no solo violan los derechos humanos, sino los mismos escasos derechos que reconoce el gobierno cubano como constitucionales. Al ir a nuestros centros de trabajo y al de nuestros familiares, al hacernos citaciones disfrazadas, sería más preciso decir, camufladas, atentan a los derechos del trabajador y del ciudadano, y a la integridad de la familia como núcleo de la sociedad.

Una rápida ojeada a los artículos relativos a los derechos a la intimidad personal y la libertad de reunión, prensa y reunión, pone de manifiesto la ilegalidad constitucional de tales encuentros, puesto que somos nosotros los que elegimos con quién nos reunimos, o qué expresamos, o qué razones damos de nuestros actos. Por eso ni Isel ni quien les habla participamos del manido referéndum, como querían Karla y Tony, para que nos expresáramos dónde, cuándo y cómo los que gobiernan quieren, a fin de cuentas, para que sigan pasando cosas como estas.