Para el gobierno cubano la culpa siempre la tiene el pueblo

Por fin alguien ha dado en el clavo. El pueblo, el mundo, los millones de cubanos de adentro y de afuera rompiéndonos el cráneo, preguntándonos qué pasaba, por qué Cuba no acababa de despegar, de desarrollar su potencial, de cumplir las altas expectativas y su destino manifiesto, y nada, no dábamos con la causa, con la piedra en el camino con la que siempre tropezábamos.

Y hablando de piedra..., el que ahora está "en la piedra", cuando no era así tan seboruco, sino lúcido y febril, síquico y profundo, comenzó un buen día a culpar al pueblo de todos los fracasos. Los fracasos de Cuba y los suyos propios. Y no estaba desacertado, no, andaba bien encaminado. Porque nadie conocía a ese pueblo mejor que su dueño.

Y ahora, algún sabio sabe ya cuál es el mal, el mal abierto y democrático, la causa de todos los fracasos, esa fuerza negativa que va a llevar muy pronto a la isla, del tercer al cuarto mundo en un abrir y cerrar de ojos: la indisciplina de la población.

Ah, ¿no me creen? Vayan a las noticias más recientes. La inusual cantidad de accidentes viales, con muertos, heridos y pérdidas materiales no han sido provocados por el mal estado de las vías, sino por la indisciplina de la población.

El incumplimiento de los planes alimentarios, igual: las gallinas no ponen huevos, los huevos no tienen pollos, y los pollos no empollan porque no se alimentan, y no es que no hay pienso porque nadie piensa, sino que alguien piensa robarse el pienso para otros menesteres.

La propiedad privada en detrimento de la propiedad social. Las gallinas particulares comen. Las del estado no. Los caballos no han comido porque no quieren comer. ¿Y por qué? Por la indisciplina social.

Pongamos el dedo en la llaga, sobre un tema de salud e higiene ambiental. ¿Por qué se acumula y se pudre la basura en La Habana? Cualquier tonto diría que es porque La Habana es una ciudad. Y como es una ciudad, tiene esquinas. ¿Y dónde se echa la basura? En las esquinas.

 

Mientras más esquinas, más basura. Pues la ecuación está equivocada. El problema de la basura no es material aunque la basura es material. O lo fue, o ya no quería seguir siéndolo. Pero la verdadera causa es inmaterial aunque es el resultado del materialismo, el dialéctico y el histórico, incluso del histérico.

La basura se acumula en las esquinas, sobre muros y techos, encima de rosales y jardines, aplastando edificios y avenidas, por la indisciplina, por la indeseable y descontrolada indisciplina social de la población, que se roba los contenedores para fabricar otros objetos, como por ejemplo: peines, merucos, rolos, coladores, cucharones, adornitos picúos, percheros, cubiertos de plástico, asas de ollas, ollas sin asas, sillas de plástico, chivichanas, carretillas, carretas y carretones. 

Es que la gente no respeta. La gente quiere cucharones, merucos, CUC, carros, yates, dólares, viajes al extranjero, televisores planos, ventiladores, lavadoras, aires acondicionados, computadoras, teléfonos 3G, 4G, 5G, pacotilla imperialista, tanques para almacenar agua, cañerías nuevas, calles asfaltadas, pollo por pescao y pescao aunque no haya pollo, mariscos, turistas, rones y roneras, cerveza de botella y a granel, carnavales, revolución, comparsas, festivales, gasolina y contenedores de basura para fabricar cosas plásticas.

En silencio ha tenido que ser como dijo Martí, todas esas cosas que faltan y que el ser humano, tan indisciplinado, tan egoísta, tan propenso a la indisciplina social, quiere y desea, porque nadie entiende que en el resto del mundo la gente tenga todo eso y que el pueblo revolucionario e indisciplinado tenga que usar los tanques de basura, las piezas de los ómnibus y los materiales de construcción para fabricar esas cosas ellos mismos, y de paso, con indisciplina social, encabronar al partido, a Raúl, al puesto a dedo, a Machadito, a la policía corrupta y la otra, y a las once mil vírgenes, si aún existiera alguna.

Por eso estamos como estamos y el socialismo no funciona. Ni el transporte, ni la distribución de alimentos, materiales, medicinas, nada de nada. Por eso no se construye, y lo que se construye, se cae. Y lo que se cae es porque nunca fue reparado en más de medio siglo, porque esta indisciplina social no permite que los dirigentes se concentren en su objetivo: hacer de Cuba una isla feliz, con merucos, cucharones de plástico, menos accidentes, escasos derrumbes, pero sin indisciplina social.

Porque para entretenerse están los desfiles, las broncas tumultuarias, y las protestas contra el bloqueo.