Los comeyucas de Cubita la bella
A propósito del reciente exhorto de Salvador Valdés Mesa respecto a la yuca, Fernández Larrea analiza cuán "definitorio" es el tubérculo en el pasado, presente y futuro de Cuba
Salvador Valdés Mesa en un sembrado de yuca. Foto: Granma

Hay muchas frases cubanas donde se usa la yuca. La primera es “comeyuca”, que se le endilga a alguien tonto, poco despierto o lento. Todos conocen a “El bobo de la yuca”, que se quería “casar con una viudita de la capital” y prometía “pasar la luna de miel comiendo trapo, comiendo papel”. Lo cantó, para que nunca olvidáramos, Benny Moré.

Existen otras expresiones, como cuando al querer mandar a alguien bien lejos, a un sitio incómodo y poco agradable, se le envía “a casa de yuca”; y son comunes otras variadas alusiones a la yuca como órgano sexual masculino. Por eso todo cubano sabe que el quimbombó que resbala es para la yuca seca.

Pareciera que en Cuba la yuca se da en todas partes, pero no. Fuera del habla popular o de la música, la yuca, ese tubérculo que alimentaba a nuestros aborígenes, “no está, se fue, y no queda ni su ausencia”. Y la ausencia de la yuca es tan grave que aquel refrán de “a falta de pan, casabe”, también está a punto de irse a bolina, porque el casabe es una torta hecha con yuca.

Así que, con su estampa taína y su aire de raíz profunda, la yuca ha ocupado la prensa cubana esta semana. 

Nada más y nada menos se ha ocupado de ella “el Vicepresidente de la República, Salvador Valdés Mesa, al visitar la primera planta productora de yuca en Cuba –ya en fase de terminación y ubicada en la cooperativa de créditos y servicios Antonio Maceo, de la Empresa Agropecuaria Horquita”. 

Allí, ese hombre que suele dormir en los eventos incluso frente a las cámaras de la televisión, habló cáscara de yuca (la planta, que no es la yuca, está en fase de terminación) y soltó en el aire esta joya del triunfalismo cubano: “En Cuba poseemos un elevado desarrollo social, niveles y expectativas de vida de países desarrollados, pero necesitamos una activación en el plano económico”.

Son palabras claves para describir la “coyuntura”: niveles y expectativas, necesitar “activación” en el plano económico. Es decir se pudiera hacer, pero nadie quiere, o no se puede, o, como “somos continuidad”, daremos largas a la yuca y culpemos al gobierno norteamericano de su ausencia en nuestra tierra.

Sólo faltó que presidiera la velada un cuadro del indio Hatuey, o tal vez del cacique Guamá, escoltado por un grupo de aborígenes con su coa irredenta en una mano, dispuestos a horadar el suelo patrio para hacer de la yuca el plato nacional. Inundar de yuca la isla y en unos años, en la línea descabellada de “el delirante en jefe” Fidel Castro, convertir a Cuba en una potencia mundial en el cultivo y la exportación de yuca. Todo visitante extranjero que ponga pie en el suelo patrio será obsequiado con una flamante yuca cubana.

Tanta alharaca en torno a la yuca me hizo buscar cómo lo hacían nuestros predecesores, que no tenían que echarle la culpa al bloqueo si les faltaba. Lo hacían de un modo que hasta yo he estado a punto de dedicarme, durante un tiempo, a cultivarla: “Su método de siembra era muy sencillo. Para enterrar la semilla abrían hoyos regularmente esparcidos con un largo palo de punta endurecida al fuego al que llamaban coa. Durante el crecimiento de la planta ponían especial cuidado en desyerbar el terreno”.

O sea, mete coa y vigila. Cuida con celo y con amor y ya verás los resultados.

De manera que esa reunión de alto nivel de “los comeyucas” nacionales, visitando un complejo hidráulico de aquellos disparates a los que dedicaba su tiempo el dueño de Cuba en la década del 70, era una pérdida de tiempo más, otra gestión vana para decir lo mismo sin que se entienda nada, salvo tal vez la velada amenaza de que ese complejo de la yuca “producirá dos toneladas diarias del producto que puede emplearse como sustitutivo de la harina de trigo”. Huye aborigen.

Y como Cuba está volviendo a la etapa agro-alfarera, es justo dar aviso a taínos, siboneyes y guayabos blancos: escriban a los españoles, a ver si vuelven a descubrir la isla.