Cuba: verdad, belleza y bondad

Cuba está necesitada de todo, pero faltan también una debida educación, la decencia y buenas costumbres, la justicia para tantos condenados, falta sobre todo la libertad
Niño camina entre escombros en calle de La Habana, Cuba. Foto: ADN Cuba
 

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Cuba está necesitada de todo. Los cubanos estamos necesitados de los más elementales servicios y condiciones para vivir. En Cuba falta la corriente eléctrica, el agua, los alimentos, los medicamentos, el transporte, las viviendas, las carreteras. Faltan también: una debida educación, la decencia y las buenas costumbres, falta la paz interior, la justicia para tantos condenados injustamente, falta sobre todo la libertad.

Una larga lista podría agregarse a las necesidades del pueblo cubano, pero en la angustia del subsistir cotidiano, ante el no tener de comer, en medio de los terribles apagones a cualquier hora, cualquier día, ante la falta de medicamentos y el empeoramiento de los sistemas de salud y educación, se nos va la vida y no tenemos sosiego para hacer consciente una falta trascendental, que atraviesa todas las demás necesidades y penurias. Se trata de tres valores fundamentales: la verdad, la belleza y la bondad.

Aristóteles decía claramente: “Un Estado está mejor gobernado por un hombre bueno que por una buena ley”. Podemos decir que una nación, vale decir, una comunidad de personas, solo puede lograr un alto grado de convivencia, bienestar y paz cuando los actos de sus miembros, cada vez más, están impregnados de verdad, belleza y bondad. De nada sirven leyes, códigos, medidas, rectificaciones, políticas públicas, estrategias ni acciones concretas, si las personas que las idean, las aprueban, las ejecutan y las evalúan, no viven en la verdad, no buscan la belleza, no actúan con bondad.

Es por ello que cada día de nuestra vida comprobamos que todo falla, que el país se desintegra, que la nación huye, que no hay avance, que ninguna solución económica, política o social da los resultados esperados o estos no tienen fijador, ni sostenibilidad, ni congruencia con otras medidas o acciones. Vayamos al fondo de la situación y a las causas vitales más profundas y abarcadoras.

Es verdad que el modelo cubano no funciona, es verdad que la causa es la obsolescencia del sistema, pero el modelo y las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales, no funcionan sobre todo por tres causas transversales que pudren todo: vivir en la mentira, convivir con lo más feo de la vida y vivir en la maldad. Estas quizás sean las tres raíces del daño antropológico, de la ineficacia del sistema y de la infelicidad de nuestro pueblo.

La verdad es la coherencia entre lo que pensamos, decimos y vivimos y la realidad. Eso en Cuba es un baile de disfraces. La belleza es todo aquello que produce felicidad, espiritualidad y recreación en el ser humano. Cuba es hoy un país donde se practica “el difícil arte de hacer ruinas”, caos y tristezas. Es un viejo “sistema de cansancio y de vejez”. La bondad es pensar, sentir, hablar y obrar, según la verdad y la belleza, en la búsqueda del bien propio y de los demás. La situación de Cuba impulsa a la maledicencia, a la delación, a la malquerencia, al sálvese el que pueda. La orden de reprimir, apalear, combatir y enfrentar a los cubanos no solo se ha dado un día. Es signo por más de 60 años de la continuidad del mal.

Pero no todo está perdido. A pesar de todo este daño antropológico siempre queda grabada, indeleblemente en el corazón de cada cubano y de cada ser humano, la persistente ley natural que, esculpida en el hondón del alma, conserva la esencia de la condición humana, de su dignidad imborrable, de sus derechos. A pesar de nuestras caídas y del estructural deterioro del hábitat humano y social en Cuba, en cada cubano queda, indestructible, la “Imago Dei” del Génesis, la “imagen y semejanza de Dios” que es la Verdad, la Belleza y la Bondad, en modo trascendente.

 

Propuestas

Para que esa imagen trascendente y subsistente, no siga siendo dañada, para que Cuba sane su alma nacional enferma, para que la vida en la mentira, la fealdad, y la maldad, ya sean personales o estructurales, resuciten de entre las cenizas de nuestras penurias materiales y faltas de espiritualidad, de nuestras fallas económicas, políticas, sociales y culturales, debemos perseverar en las propuestas.

Todas las propuestas que hoy sugerimos atraviesan cada uno de los sectores de la sociedad y por tanto, deberían ser promovidas por cada uno de los ciudadanos. No evadamos nuestra responsabilidad personal, familiar, eclesial, de las organizaciones de la sociedad civil, argumentando que mientras exista el régimen político, estas y otras propuestas no podrán ser llevadas a la realidad. Todo cambio debe y puede comenzar desde abajo.

Todos somos responsables, y tenemos responsabilidad, de que Cuba se haya precipitado en la mentira, la fealdad y la maldad. Por eso sugerimos cultivar estas propuestas poniendo todos nuestros mejores esfuerzos personales y cívicos:

  • Los cubanos, debemos hacer un examen de conciencia, preguntándonos delante del espejo si personalmente, independientemente de lo que nos imponen las circunstancias, vivimos en la mentira que no es solo decir mentiras; preguntarnos si vivimos en la fealdad que no se refiere solo a lo físico sino a la monstruosidad de lo cotidiano: deberíamos preguntarnos si hemos normalizado la vida en la maldad entre vecinos, entre compañeros de trabajo, entre compatriotas.
  • Las familias cubanas, dígase: padres, abuelos, hermanos, que ahora estamos absorbidos por la subsistencia cotidiana sin agua, sin luz, sin medicamentos, sin alimentos, debemos tomar conciencia y asumir en la práctica que el mejor legado y bienestar que podemos donar a nuestros hijos y nietos es educarlos para que vivan en la verdad, para que sean creadores de belleza, para que sean trabajadores de la bondad.
  • En el sistema educacional cubano sobra ideología y mentira, sobra mediocridad y fraude, y debe emprenderse una reforma educacional que tenga como sus tres pilares: la verdad, la belleza y la bondad, para enseñar a los cubanos a buscar la verdad en el pensar y en el obrar, buscar la belleza en el sentir y en el crear; y practicar la bondad en el actuar.
  • Esto se traduce en la introducción en todo el sistema de educación cubano de la enseñanza de la ética, el cultivo de las artes y la promoción de las ciencias, sean exactas, humanísticas y sociales.
  • La Iglesia, las iglesias, que proclaman la fe en Dios que es la absoluta Verdad, la suprema Belleza y la amorosa Bondad, deben ser educadoras y mensajeras de estos tres atributos divinos para que sus fieles no sean solo buenos rezadores que, por otro lado, dejan entrar en su estilo de vida la mundanidad de la vida en la mentira, de la creación de todo lo feo, de la vida en la maldad.
  • El mejor estilo de vida para los cubanos, para una Cuba libre, justa, próspera y feliz, es aquel que pone como trinidad cívica: la verdad, la belleza y la bondad.
  • La sociedad civil cubana, que es y debe ser el nuevo semillero de democracia, debe despojarse de los rezagos del daño antropológico y, al mismo tiempo que reclamamos una democracia basada en la separación y mutuo control de los tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial, pongamos como cimientos de esa democracia que queremos para Cuba los tres valores y poderes de la civilidad: la verdad, la belleza y la bondad.

Que cada vez que en el futuro evaluemos la eficacia y la independencia de los tres poderes del Estado democrático, igualmente y al mismo tiempo, evaluemos si el estilo de vida, el modo de convivencia, que vamos edificando va transformando la vida en la mentira para entrar en el “esplendor de la verdad”; si se va dejando atrás la horrible monstruosidad de un proyecto que va contra la naturaleza humana para recuperar la belleza primigenia de la persona humana; y si vamos dejando atrás las estructuras de la maldad para edificar entre todos unas estructuras económicas, políticas y sociales, que estimulen y cultiven la bondad en el corazón de cada cubano y en el alma de Cuba.

 

Tomado del Centro de Estudios Convivencia

Escrito por Dagoberto Valdés Hernández

Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955). Ingeniero agrónomo.Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Reside en Pinar del Río.