Las elecciones del Hombre Invisible

 

El 10 de octubre, que ya tenía para Cuba la significación histórica del inicio de la guerra de independencia contra España con el alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes, allá en La Demajagua, en 1868, cobra hoy un nuevo significado. Será día electoral para elegir: “Elección del Presidente, del Vicepresidente y del Secretario, de la Asamblea Nacional del Poder Popular, de los demás miembros del Consejo de Estado, y del Presidente y Vicepresidente de la República”.

Es como un juego. O lo sería si uno no se supiera ya la trama y el desenlace. Aunque conserva su misterio, y la gente llana del pueblo pasa mirando el rostro de los demás, porque a esta altura nadie sabe quiénes son los candidatos sobre cuyos hombros caerán los destinos de la patria. O los nuevos destinos de lo que el poder cacarea pudiera ser una nueva patria.

Es como elegir al hombre invisible, que son varios. Señalar con el dedo de aire al aire, a un cuerpo de aire con una cabeza que es cabeza porque ellos mismos lo dicen entre ellos, gritando al aire como si el aire mismo, la transparencia cristalina del aire, fuera un candidato a elegir con sabiduría y honestidad. No me extraña que luego proclamen, a los cuatro vientos, que han sido las elecciones más claras y transparentes del mundo. Si nadie en el aire sabe quiénes son los aspirantes.

Y no solamente los desconoce el pueblo, que no ha sido invitado a esta fiesta, a este banquete de tiranos entre ellos mismos, donde reina una unanimidad de aire. No les da siquiera un airecillo de vergüenza cuando anuncian, sin que se les caigan las pestañas, que: “Cuba elegirá el próximo 10 de octubre los principales cargos de un nuevo Gobierno…”

Si no fuera tan trágico como pasar hambre, o como ser condenado a ingresar en uno de esos horribles hospitales de la isla, antaño anunciada como “potencia médica”, me desmayaría de la risa. Pero es solemnemente cierto. Tan cierto que sospecho que muchos de los componentes de esa Asamblea Nacional del Poder Popular, que finge ser congreso, y a la que reducirán también ese día de sonada historia, se lo creen a pie juntillas. Sin preguntarse por qué no les han dicho quiénes podrían ocupar esos cargos, ni por qué, ni quién los ha designado, sin que nadie en esa isla de tan descontrolada desmesura lo sepa.

 

 

Obedecerán sin chistar. Les pasarán a última hora una breve lista con unos poquísimos nombres precedidos por la palabra compañero, que los hace confiables, y junto a los nombres, las “responsabilidades” que cada uno de esos miembros ratificará con una firma. Todo bien pensado, planeado con anterioridad en un despacho, porque sí, porque la patria y porque los designios del comandante de aire y polvo así lo quieren, para que continúe la patraña escenificando la eterna comedia.

Aprobado por absoluta nimiedad de antemano, cuando el manso y heroico pueblo ejerció el derecho al voto, queda relegado ahora de sus funciones como pueblo, como no sea el acatar, obedecer, aplaudir, asentir y alegrarse de tener el sistema más democrático del universo universal. “La nueva Ley Electoral mantiene el proceso de elección directa de los diputados y reduce la composición del Consejo de Estado -máximo órgano de Gobierno del país-, de 31 a 21 miembros, incluyendo a su dirección”.

No hay trampa mejor diseñada que esa. Y al pueblo sufrido y combatiente qué más le da, si cualquier nombre de hombre invisible que pongan en las boletas no significará más que eso: letras sonoras de otro nombre más, que ejercerá un cargo rimbombante y sin sentido, como premio a su ovejuna adhesión. Y seguirá la miseria y lo mismo con lo mismo con lo mismo, porque también han aprobado previamente al culpable de los males presentes y futuros: el criminal bloqueo y el imperialismo yanqui.

Puro trámite perverso. Otra burla que los países acólitos aceptarán convenientemente.

H. G. Wells sonreirá desde la puerta del infierno, porque en esa isla desolada del Caribe alguien multiplicó su Hombre invisible, y lo utiliza para engañar a la humanidad como si aquí no pasara nada. Solamente el aire de la burla más cruel en “la tierra más fermosa que ojos humanos han visto”.