Jaimanitas: un pueblo cubano en contra del maltrato animal
Mario concluye que aunque en Cuba no existe una ley en contra del maltrato animal, en Jaimanitas la  gente la ejerce por cuenta propia
Un pueblo cubano en contra del maltrato animal

En los últimos días circulan imágenes en las redes sociales, de abuso despiadado contra animales, en su mayoría perros, que han desatado la ira de las personas  amantes de esos compañeros en la vida del hombre.

Maricusa, vecina de calle 230, en Jaimanitas, define tales actos como “depredación” por parte de los encargados de protegerlos y cuidarlos y opina que debían sancionar a quienes lo ejecutan.

“Tengo en mi casa 9 perros, casi todos recogidos en la calle. Algunos han llegado enfermos y los he curado, luego los regalo o me quedo con ellos. Mi esposo fue oficial de Tropas Especiales y sus antiguos compañeros le guardan las sobras del comedor, con eso los alimento”.  

“Tuve un perro grande llamado General que vivió mucho tiempo conmigo, pero es un perro de la calle y al final tuve que dejarlo ir, porque estaba triste y su deseo es morir afuera”, relata Maricusa, a quien puede verse de noche en la esquina de 230 con un plato en la mano llamando: 

“¡Generaaaaal!”

En Jaimanitas fue abierta recientemente una tienda de mascotas. Venden alimentos, medicinas, bozales, collares y juguetes para perros. Acuden allí gente con dinero para mantener a sus mascotas sanas y  alimentadas, en cambio otra parte de la población que no pueden realizar ese gasto, utilizan la medicina tradicional para suplir la falta de sus émulas en CUC, como es el caso de Radiel Vega, con tres perros satos y una preñada.

“Le curo la sarna y las garrapatas con aceite quemado de motor de los autos  viejos. Un tratamiento efectivo. Como no puedo desparasitarlos con vacunas, pues cuestan mucho dinero en CUC, los llevo a comer hierba. Ellos conocen las que sirven contra los parásitos, la buscan y se medican”. 

Maricusa no es la persona de Jaimanitas con mayor número de mascotas bajo su abrigo, pues en el callejón de Jaimanitas vive Silvia, una mujer con un refugio particular para perros y según afirma Mario el garrotero, dueño de un chihuahua llamado Henry, puedes llegar a cualquier hora a su casa a dejarle un perro, o pedirle un remedio, que no se molesta.

“Tiene el patio lleno de perros. Su esposo es cocinero del hospital CIMEX y le trae la comida, aun así no me explico cómo puede atender a tantos, si yo con Henry  apenas alcanzo”.

Mario cuenta su reciente visita a casa del doctor Blanco, uno de los veterinarios particulares que brindan consultas en el pueblo y la describe como una experiencia extraña.

“Los animales parecían personas. Había una pekinés albina con dificultades renales y le indicaron antibióticos. Tenían a  un pastor alemán muy viejo con problemas en la vista. Una mujer llevó a ligarle las trompas a su perra dálmata y una dueña de un bóxer fue para hacerle un exudado. Afuera había un cartel, de alguien que ofrecía 100 CUC a quien devolviera una perrita extraviada. ¡Eso sí es amor de verdad!”.

Mario concluye que aunque en Cuba no existe una ley contra el maltrato animal, en Jaimanitas la  gente la ejerce por cuenta propia.

“Mírame a mí, un hombre que odiaba a los perros, ¿quién me iba a decir que a estas alturas de la vida, estuviera tan preocupado por uno? Que para colmo se llama Henry. Debo recordar que mañana tengo que recoger el resultado de sus análisis”.