Feria agropecuaria: “puro teatro” en Jaimanitas
Como en muchos pueblos de Cuba, Jaimanitas celebra cada sábado una feria agropecuaria. La gente espera ese día para apertrechar sus despensas, o intentarlo hasta donde permite la escasez en sus bolsillos y en la oferta
Feria agropecuaria en Jaimanitas. /Foto: Yunia Figueredo. ADN CUBA
 

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Como en muchos pueblos de Cuba, Jaimanitas celebra cada sábado una feria agropecuaria. La gente espera ese día para apertrechar sus despensas, o intentarlo hasta donde permite la escasez en sus bolsillos y en la oferta.

Pero es una fantasía de autodefensa, porque lo que se compra no alcanza para la semana, los precios son muy altos y una tiene que trillar el dinero para lo necesario”, dice Nereida Ramos, natural de Guantánamo, con varios años viviendo en Jaimanitas. Nereida madruga los sábados para ser la primera.

Los vendedores me conocen. Las viejitas de Alquizar traen condimentos que usamos en Oriente y aquí no se ven: tomillo, pimienta negra, pimienta blanca, bija, romero, a cinco pesos un sobrecito pequeño, pero le dan a la comida un sabor distinto”.

Casi un centenar de personas se aglomeran en un pequeño recinto de la calle 234, donde se realiza la feria. Hombres y mujeres del pueblo buscando comida, y campesinos y revendedores inmersos en multiplicar el dinero invertido.

Lo de ‘feria’ es eufemismo. No hay  ninguna ventaja para el cliente porque los precios son los mismos”, reconoce Felipe, ejecutor de una obra de la construcción, que acaba de gastar 50 pesos en diez libras de yuca, y ahora va rumbo al quiosco de la carne de puerco.

Me quedan en el bolsillo 45 pesos, eso me da para una chuleta. Por eso a esto no se le puede decir  ‘feria agropecuaria’, porque aquí no traen carne y la gente tiene que morir como todos los días, en el puesto del ‘gordo’ y sus precios por las nubes. Nadie viene a vender un pato, una gallina, un chivo, un carnero. Esto es vianda con vianda y dos o tres vegetales, nada más. Y mucho invento”.

Felipe también critica la falta de productos: “De fruta lo único que hay es plátano y guayaba, madurados con químicos. En la última consulta el  médico me recetó dieta, a base de leche y frutas, y tuve que reírme en su cara. Le dije: ‘doctor, mi dieta es dirigida: yuca, arroz congrí y chuleta, es lo que hay’. La leche y las frutas las dejaré para luego”.

 

 

En un mostrador rústico, un matrimonio de cuentapropistas exhibe productos industriales que no se encuentran en el pueblo y tienen demanda: ratoneras, estropajos de aluminio, escobas, palitos de tendederas, cintas adhesivas, tomacorrientes, machacadores de ajo, exprimidores de limón…

La mujer cuenta, que muchas cosas las traen de La Cuevita, donde son más baratas. Otras las confeccionan en la casa.

Aunque esto es una feria agropecuaria, pagamos un impuesto para vender. Les ahorramos el viaje a La Cuevita, y con lo malo que está el transporte la gente lo agradece, por los artículos que tenemos y aquí escasean.  Así nos buscamos el sustento”.

Dos mujeres del pueblo se saludan en el mostrador y se cuentan que están contentas con los hallazgos. Una encontró el quemador de cocina de gas que tanto buscaba. “¡Y con el tubo!”, se asombra.


Cuentapropistas vendiendo productos industriales. /Foto: Yunia Figueredo. ADN CUBA
Cuentapropistas vendiendo productos industriales. /Foto: Yunia Figueredo. ADN CUBA

La otra mujer por fin tiene la junta de su olla arrocera, que no aparecía en ninguna parte.

En el piso, sobre sacos de yute, hay tomates, a 30 pesos la libra, fuera de estación, tal vez madurado con químicos, pero la gente los compra voraz; es la única ensalada de la feria. El vendedor es un joven de Güira. Invirtió 500 pesos en dos cajas de tomates, y dice estar aliviado por lo bien que va la venta.

A este ritmo termino antes de mediodía. El próximo sábado doblaré la inversión y traeré ají cachucha, veo que en este pueblo se vende bien. No soy cuentapropista, estoy metiendo el pecho en el negocio porque mi mujer parió y no tengo empleo. Pago el camión que me trae y me lleva y compro una merienda, pero igual la ganancia es buena”.

Los camioneros son dos gordos llenos de cadenas. Merodean por la feria matando el tiempo. Locos porque llegue el mediodía para regresar a Artemisa, dejando en puntos del trayecto a campesinos y revendedores. Concertando el alquiler del próximo viaje.

En otros países la gente trabaja durante la semana para hacer dinero y disfrutar del sábado—, dice Mayra, vecina de la calle 234, molesta mucho el bullicio de la feria. “Aquí la gente ahorra en la semana para venir a este antro y hacer el paripé que se está abasteciendo. Luego las ves comprando en las carretillas, lo mismo que compraron el sábado en la feria. Puro teatro”.