Escándalo: medio oficialista descubre corrupción con... cubetas de yogurt
Cuando un periodista de los medios oficiales cubanos quiere posar de crítico, hace un reportaje sobre el estado del transporte o del pan. Ahora suma una nueva víctima: la venta de yogurt
Las cubetas faltantes

ADN Cuba lo viene diciendo desde hace tiempo: el problema de la prensa castrista no es sólo su discurso jurásico, sino la mediocridad, sobre todo en los medios de provincia. Para desinformar hay que tener arte, porque los lectores son gente informada: no creen todo lo que ven o leen.

El periódico Vanguardia, de Villa Clara, publicó este 21 de abril un reportaje sobre la mala gestión en una cafetería de la capital provincial. Luego hablaremos sobre la proeza, comparable al asalto del Moncada o la batalla de Las Guásimas, de encontrar unas cubetas escondidas en la nevera de la cafetería.

Dice el texto que los periodistas andaban por el reparto Escambray, donde está la instalación, “reportando sobre las indisciplinas sociales vinculadas a las medidas tomadas en la lucha contra la COVID-19”. Por allí andaban “casualmente”, como sin querer andar por allí.

Y todos, porque eran muchos -de la radio, la prensa escrita y la televisión-, “casualmente” se enteraron de lo que ocurría en la cafetería, como quien tropieza con un latón de basura al doblar la esquina.

No es que uno se imagine otra cosa, digamos que tantos periodistas, acostumbrados a decir y escribir lo que ordena el Partido, andaban por allí con un propósito, mandados por alguien. Que hasta las mejores obras de teatro tienen sus errores, sus casualidades diríamos, cualquier actor se sale del guión.

Solamente pasaban por ahí. Y no estaban solos. Los acompañaba el mayor Faustino Rodríguez, jefe del Ministerio del Interior en el Consejo de Defensa de esa área, y las inspectoras Liuba Herrera y Yakelín Medina, de la Dirección Integral de Supervisión (DIS). Ellos también se enteraron de casualidad.

“Cuando las personas de la cola esperaban para comprar yogurt en la cafetería El Rápido «8 de Marzo», escucharon decir a una de las dependientas que solo quedaban diez cubetas, algo no les pareció bien. No había pasado mucho tiempo como para que se acabara tan pronto el lote de 88 en total que había entrado en la mañana del lunes 20 de abril, y exigieron explicación”, declara el medio.

“Ante el reclamo de los clientes, las autoridades pidieron a la administradora, Miriam Pérez Morelle, revisar el interior de la unidad, y en realidad quedaban 30 cubetas de yogurt, y no diez como se había informado al público. De ellas, alegaron que cinco ya estaban pagadas por las trabajadoras, pero del resto no había justificación clara”.


Lo cierto es que, conociendo cómo se mueve el trasmundo del comercio minorista en Cuba, esas cubetas apartadas estaban destinadas al mercado negro. No faltaba razón a las autoridades para poner una multa.

Y mirando el asunto con ojos de ciudadano ejemplar, respetuoso de las leyes, el caso no tiene justificación. Pero resulta burlesco ver estas cacerías en la prensa oficialista, cuando hay tantos errores y horrores en Cuba que no se reportan y que convertirían en novatada el desliz de la cafetería 8 de marzo.

En el gremio de los periodistas cubanos hay un dicho: quien quiera posar de crítico del sistema, que hable mal del transporte y del pan. A eso se reduce el mito de la prensa como cuarto poder en el castrismo. Nada de hablar mal del Partido o de Fidel, claro está. Ahora hay que sumar a la lista las cubetas de yogurt.