Corrupción en destacamentos contra “coleros” llega a la Asamblea Nacional

Una diputada denunció en el Parlamento que los movilizados por el gobierno para vigilar las colas “realmente están lucrando, aprovechándose de la función que estaban realizando”
 

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La corrupción en los destacamentos creados por el régimen cubano para vigilar las filas o “colas” de personas que buscan comprar algún producto en medio de la escasez, fue denunciada en la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento).

“Hoy los electores están preocupados [y se preguntan] que quiénes son los coleros, si son los que están luchando contra ellos o son los que realmente van y repiten varias veces para adquirir los productos”, dijo la diputada Marisel Castañeda Morales, durante el 8º período ordinario de sesiones de la ANPP que concluyó este jueves.

“Si en un momento se hizo esta organización fue precisamente para que hubiese una equidad en la adquisición de los productos en nuestra población y hoy no se está jugando el papel por parte de los compañeros”, lamentó Castalleda Morales.

La diputada aseguró que los integrantes de los destacamentos para vigilar las colas “realmente están lucrando, aprovechándose de la función que estaban realizando”.

A mediados del 2020 el gobierno emprendió una campaña contra los cubanos que venden turnos en las filas de los desabastecidos mercados, o compran varias veces los productos racionados, para revenderlos luego. En una operación inédita el régimen desplegó más de 22 000 personas divididas en unos 3000 grupos para combatir a “coleros, revendedores y acaparadores”, a quienes se sancionó con multas y procesos judiciales.

“Actuaremos con firmeza porque la calle en Cuba es para los revolucionarios y para el pueblo trabajador”, dijo entonces el presidente designado Miguel Díaz-Canel.

Meses después muchos encargados de controlar las filas actúan muy distintos a cómo lo soñó el mandatario. Se han convertido en “coleros”, personas que ocupan lugar en las filas a cambio de dinero.

Este miércoles en la Zona 6 del barrio de Alamar, en La Habana, una “cola” provocó disputas entre los ciudadanos cuando estos se dieron cuenta de que los vigilantes habían tomado los turnos en su provecho, para revenderlos luego.

Resulta irónico: este grupo de personas, supuestamente leales al gobierno y sus directrices, debían evitar justamente que hubiese negocios turbios en las filas. Pero el cubano utiliza cualquier resquicio para obtener beneficios, aseguró a ADN Cuba la periodista independiente Mary Karla Ares.

Las enormes filas se han vuelto parte de la vida cotidiana de los isleños, quienes están obligados a comparar a sobreprecio los pocos productos que oferta el Estado haciendo filas “kilométricas”. Aunque son presencia constante desde la caída del campo socialista, la pandemia de coronavirus recrudeció la crisis económica en la isla. Entonces proliferaron las “colas”, se hicieron más grandes y persistentes.