“El verdadero costo de hacer negocios con China”: la contundente advertencia de The Washington Post

Una editorial del prestigioso diario fue lapidario en su opinión sobre las causas de la actual crisis sanitaria, económica y social que enfrenta el planeta como consecuencia de la pandemia de coronavirus
Ilustración que muestra al presidente de China usando mascarilla
 

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“Esta crisis nos ha enseñado el verdadero costo de hacer negocios con China”, es el título de la dura columna publicada hoy en el diario de la capital de los Estados Unidos.

El editorialista Charles Lane, del prestigioso The Washington Post, fue lapidario al considerar el grave peligro de ceder ante la ambición económica de China, que ha estado enfocada particularmente en los países pobres y fuera menos terrible si no se acompañara de políticas estatales que coartan la libertad en favor de la maquinaria del Partido Comunista.

“A través de la crisis del coronavirus, todo el mundo está aprendiendo, por las malas, el verdadero costo de hacer negocios con China”, afirma Lane.

“Reflexivamente reservado, los gobernantes comunistas de ese país retuvieron o minimizaron la información crítica sobre el virus hasta que fue demasiado tarde para evitar que el patógeno se propague desde Wuhan a través de los sistemas de transporte y las cadenas de suministro industriales que unen la República Popular a cualquier otro lugar”, subrayó en el escritor de opinión, quien se unió al Post en el 2000 y cuenta con estudios en Harvard y Yale.

El influyente Lane es directo al dar su diagnóstico sobre las causas de la actual crisis sanitaria, económica, social y humanitaria provocada por el nuevo virus nacido en Wuhan en noviembre último. El también abogado, experto en la Corte Suprema de los Estados Unidos, explicó que “la salud pública no es la única área en la que la insistencia de China en jugar según sus propias reglas no transparentes puede amenazar la estabilidad internacional. Las finanzas globales, especialmente las de los países más pobres del mundo, también enfrentan lo que podría llamarse riesgo de secreto chino”.

 

 

El editorialista y autor del texto The Day Freedom Died advirtió que “al no cumplir con sus responsabilidades globales de salud pública, a Beijing no se le debe permitir escapar con la no divulgación y el egocentrismo en las finanzas globales”.

“No puede haber una respuesta internacional efectiva y coordinada a la crisis financiera que enfrenta el mundo entero, especialmente sus naciones más pobres, hasta que China acepte aclarar completamente sus préstamos al exterior”, precisó.

Entre las observaciones de Lane, sobresale que Beijing utilizó su dinero para cooptar voluntades en las naciones menos desarrolladas por un total de “cientos de miles de millones de dólares en préstamos que China otorgó en las últimas dos décadas, posiblemente más que el Banco Mundial y otros bancos multilaterales de desarrollo combinados, con poca o ninguna exposición al tipo de escrutinio público que los gobiernos occidentales, las instituciones multilaterales y los bancos privados generalmente aceptan al hacer préstamos”.

Entre los pronósticos indica que un futuro próximo se enfrentarán esos países deudores, teniendo además como precedente la realidad de Venezuela y de tantos otros países de América Latina, incluida Cuba.

Presidentes de Cuba y China con sus esposas en Beijing

 

“Con sus exportaciones de productos básicos cayendo en picado en medio de la crisis económica mundial, los deudores a China en África y Asia pronto se enfrentarán a una horrible opción: empobrecer a su gente para pagar el servicio de la deuda a China o incumplir y perder activos nacionales clave, que publicaron como garantía para Beijing”.

Lane enfoca algo esencial: la falta de transparencia y las ocultas intenciones del régimen. Se detiene a evaluar que “los orígenes de la ola de préstamos en el extranjero de China radican en su necesidad de encontrar usos rentables para sus vastas reservas de ingresos de exportación en dólares, al tiempo que busca ganar influencia política en regiones estratégicas y ricas en recursos del mundo”.

“China utiliza los bancos estatales para prestar a los gobiernos, o, a menudo, a las corporaciones gubernamentales, a tasas de mercado. Hambrientos de efectivo y, hasta ahora, seguros de que podrían pagar a China a través del crecimiento futuro, las naciones africanas y asiáticas aceptaron el acuerdo. Los funcionarios corruptos pueden haber considerado las formas secretas de China, incluidas las cláusulas de confidencialidad en los acuerdos de préstamo, como una atracción adicional. El fraude y el desperdicio plagan muchos proyectos respaldados por China”, subraya Lane.

En su artículo, "el Post" hace referencia a una investigación realizada entre especialistas de la Universidad de Harvard y del Instituto Kiel de Alemania para la Economía Mundial. Allí se detalla que  “China había prestado 400 mil millones de dólares a 106 países en desarrollo y de mercados emergentes hasta 2017, la mitad de los cuales no aparece en los datos sobre la carga de la deuda de organizaciones multilaterales y agencias de calificación crediticia. Según el estudio, cincuenta países en desarrollo deben al menos el 15 por ciento de sus respectivos PIB a los bancos estatales chinos; 12 de ellos debían más del 20 por ciento”.

El texto del diario norteamericano destaca que “los gobiernos occidentales y los periodistas financieros han estado llamando la atención sobre esta bomba de tiempo durante años, instando a China a unirse al Club de París y asumir las obligaciones de transparencia que conlleva. En cambio, China ha insistido en tratar con sus deudores uno a uno”.