Artista Sandra Ceballos: Necesitamos un país donde se respeten todos los derechos
ADN Cuba conversó con la artista Sandra Ceballos sobre los turbulentos procesos socioculturales que prevalecen en la Isla, así como las tensas relaciones entre la cultura independiente y la oficial, que incluyen persecuciones, encarcelamientos y represión pública.
Artista Sandra Ceballos: Necesitamos un país donde se respeten todos los derechos
 

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La lista de firmantes a favor de la dimisión de Alpidio Alonso, por su violencia contra jóvenes artistas y periodistas frente al Ministerio de Cultura (Mincult) el pasado 27 de enero, recoge importantes nombres de nuestra cultura. Las curadoras de arte Carolina Barrero y Solveig Font entregaron a la Asamblea Nacional más de 1500 rúbricas de personas naturales de Cuba.

Aunque la intención de los manifestantes es dialogar con las instituciones, les han respondido con agresiones físicas y morales, que serían punibles en un Estado de Derecho. No obstante, cada vez se alzan más voces y organizaciones internacionales contra las faltas de libertades en la isla.

Sobresalen en la lista –pese a los intentos del vocero oficialista Humberto López por desacreditarla–, artistas de importante trayectoria en el país y el extranjero. La iniciativa fue apoyada por Sandra Ceballos (Guantánamo, 1961), cocreadora en 1994 del “espacio autónomo para las artes, Aglutinador”, del cual es curadora y directora.

Ceballos estudió en la Academia de San Alejandro (La Habana). Participó en becas y residencias en Suiza y Nueva York. Su obra está en colecciones del Museo Nacional de Bellas Artes y el Centro Wifredo Lam (Cuba); Museo del Bronx, Museo del Barrio y la Fundación Rubin (Estados Unidos); Museo Carrillo Gil y Museo Michoacano de Arte Contemporáneo (México); en la Videoteca del Centro Reina Sofia (Madrid, España), entre otros.

ADN Cuba conversa con Sandra Ceballos sobre los turbulentos procesos socioculturales que vivimos en nuestro país, así como las tensas relaciones entre la cultura independiente y la oficial, que incluyen persecuciones, encarcelamientos y represión pública.

– Como cofundadora de Aglutinador, ¿cuáles han sido los retos de mantener vivo el espacio independiente, pese a leyes y censuras que impone la política cultural del gobierno cubano?

Espacio Aglutinador no funciona bajo la presión de mantenerse vivo. Existieron otros retos de mayor importancia desde el inicio –cuando aún no existían leyes como el Decreto 349–, como es el de exhibir arte sin cadenas ideológicas ni políticas de ninguna índole. Aglutinador fluye de manera espontánea, neutral y tolerante, pero transgresor ante formatos curatoriales convencionales que responden a ideologías políticas ortodoxas, totalitarias y a objetivos mercantiles. Nunca ha sido tribuna para políticos, simplemente ofrece cultura libre de dogmas, prejuicios y academicismos. La actualización ha sido nuestra arma contra la monotonía y el estigma. Los eventos se han sucedido unos a los otros, con diferentes estrategias conceptuales y teniendo en cuenta la incidencia de conflictos sociales y la liberación mental de las diferentes generaciones sucesoras, aunque no nos parcializamos con los jóvenes. Eso sería ir contra nuestros preceptos, dentro de los cuales está no discriminar artistas por su edad. No obstante, nuestro público habitual es muy joven (creadores emergentes de diversos gremios del arte, estudiantes, críticos, curadores noveles…).

Pese a la censura en el momento de su creación, Aglutinador se posiciona en la escena de las artes rápidamente y se convierte en un símbolo de libertad y rigor profesional, no solo para los cubanos, sino también para una parte de las personalidades e instituciones culturales a nivel global. Tenemos un sistema democrático para seleccionar artistas (autodidactas y titulados; jóvenes y adultos; creyentes y ateos; cubanos residentes en la isla, de la diáspora y artistas foráneos; emergentes y legitimados; vanguardistas y conservadores), que marca un estilo de trabajo inusual. No tiene cabida la discriminación por conceptos extra artísticos ni la selección por cuestiones afectivas.

Inmerso en una avalancha de eventos –divulgación y reconocimiento (en Cuba e internacionales) por parte de artistas, críticos, curadores, periodistas, escritores, especialistas, algunos funcionarios, galeristas, profesores, teóricos del arte…– el Aglutinador creció y cavó profundo un camino hacia el arte de gestión autónoma y la libertad de expresión; pero ojo: siempre desde el discurso del ARTE.

– Hay difamaciones en la prensa oficial contra artistas como Tania Bruguera y miembros del 27N. ¿Cómo podría el arte independiente salvarse del hostigamiento de las autoridades? ¿Existe alguna opción luego de la violencia mostrada el 27 de enero por el Mincult, que llevó al cese del diálogo?

El llamado “arte independiente”, no es ni lo será jamás, mientras necesite depender de alguna que otra infraestructura promocional para socializar su labor. Preferiría llamarle artivismo o arte disidente, pero desde hace años incide la semántica del término Disidente y se asume popularmente como una palabra peligrosa. Hay personas que piensan que un disidente es un delincuente. Los intelectuales, artistas y activistas cubanos no pretendemos destruir ni delinquir, sino ejercer nuestro derecho de disentir y exponerlo. En mi criterio las autoridades cubanas están estancadas en ideologías obsoletas, caducas, que al estar desfasadas y en un intento desesperado de permanecer en circunstancias al límite, generan metodologías agresivas, prepotentes y violatorias hasta de sus propias leyes. El desespero por seguir imponiendo una doctrina que no funcionó a nivel social ni económico y que, incluso, va en contra de los parlamentos originales del propio socialismo, es el móvil principal de estas estrategias difamatorias y las respuestas violentas, en lugar de aceptar la pluralidad/diversidad y respeto a los derechos elementales.

El diálogo con la institución-cultura no procede, ni procederá mientras los funcionarios no lleguen al convencimiento de que no funciona la prepotencia, ni la imposición de dogmas, ni las leyes que respaldan la censura, los allanamientos, la violencia y las violaciones de la privacidad. Mientras no entiendan que hace falta con urgencia un cambio de política cultural y social, el diálogo no será más que una simulación de atención, una puesta en escena por conveniencias éticas, entre otras cosas, o para dispersar multitudes inesperadas como sucedió el 27 de noviembre del 2020.

Los maltratos y violaciones crecerán y esto provocará más inconformidad y protesta. A lo que más temen es a que se unan personas, que como hemos observado ya trascienden los límites del arte hacia otras esferas sociales. Por cada golpe, por cada detención arbitraria, por cada chantaje o amenaza, por cada allanamiento sin orden judicial, difamación masiva en medios, por cada prisión domiciliaria impuesta sin dictamen judicial, se irán sumando cada vez más personas decepcionadas del sistema para exigir justicia: profesores, amas de casa, obreros, médicos, cuentapropistas, estibadores, electricistas… En general jóvenes, pero también adultos y mayores, y NO es que están “asalariados” por Estados Unidos, simplemente, abrieron los ojos.

Ahora los artistas, escritores e intelectuales cubanos deben actuar con rapidez, dignidad y unidad. Apelar a su conciencia y apoyar cada vez más a estos grupos de artivistas y periodistas que defienden el derecho no solo de disentir, de expresarse y elegir su destino, sino también el respeto a la condición humana y cívica del cubano.

Hay que apelar a personalidades e instituciones culturales del mundo para que tomen partido por este levantamiento de conciencia, para que se haga justicia y se apliquen las leyes a quienes están violando derechos civiles en Cuba.

– ¿Qué opina sobre las campañas de descrédito en el Noticiero Nacional de Televisión y otras estrategias del gobierno cubano para desestimar cualquier gesto contra su poder: borrar fichas y artículos de artistas disidentes en páginas de instituciones; “filtraciones” de audios y llamadas privadas; manipulación de la opinión pública al punto de generar usuarios en redes que promueven mensajes de odio y amenazas de homicidio?

Los sabotajes a la historia de la labor cultural de los artistas, y las campañas difamatorias, son una herramienta defensiva gubernamental que demuestra carencia de madurez, autocrítica y reflexión. Ellos tienen los medios de difusión masiva y en su desespero cometen delitos e infracciones como la difamación pública, amenazas de muerte, intromisión en la comunicación privada y la divulgación pública de vídeos, fotos y audios personales sin autorización. Además, intentan intoxicar negativamente y activar la violencia en la mente y praxis de los ciudadanos cubanos contra sus compatriotas periodistas y artivistas, que abogamos por el respeto a la individualidad (porque el pueblo cubano NO ES MASA), la democracia y equidad social.

Un porciento elevado de los cubanos no les cree. Perdieron fe en sus gobernantes porque éstos obviaron durante años información imprescindible para el pueblo; se escudan con el bloqueo/embargo para justificar los graves errores cometidos que condujeron a parte de la sociedad cubana al hambre y la miseria, a delinquir por necesidad, a la diferencia de clases, a negarles el derecho de votar directamente por un presidente que los represente, a negarles el derecho de viajar a otros países en años atrás y expresarse libremente sin ser perseguido, expulsado de su centro laboral o amenazado. El otro por ciento, ese que es convocado por las propias autoridades y para gritar improperios en esos salvajes actos de repudio –violando regulaciones para tiempos de pandemia, cometiendo el delito de escándalo público y desorden social, sin que las autoridades los multen– a hogares de familias que intentan ejercer su derecho a disentir, son una parte de la población que practica la doble moral y en el fondo de su corazón, unos quisieran irse de Cuba, otros llegar a su casa para cocinar lo que mandan sus hijas e hijos de Miami, pero otros actúan por temor a perder su integración laboral o estudios universitarios. Pueden existir personas sinceras que creen que éste es un sistema justo, convencidas de que lo que podemos denunciar, de manera independiente, no es más que prensa amarilla, sin embargo, los respeto (mientras no cometan violencia e injusticias) porque soy una persona de mente abierta, plural y democrática. Están en su derecho de disentir de nuestras ideas y propuestas si lo hacen con respeto. Las ideas no se imponen, se muestran, se asumen o no, pero tan importante es defenderlas como respetar a nuestro oponente mientras éste nos ofrezca la posibilidad de interactuar en comunidad sin ser censurados ni maltratados.

Es contradictorio que en estos penosos linchamientos mediáticos realizados en los medios, sus títeres-replicantes y las redes sociales oficiales, se acuse a periodistas y artistas de ser remunerados por residentes en Estados Unidos, cuando la política económica del país en estos momentos depende de dólares que envían a sus familiares aquellos cubanos que por diversas razones se fueron (muchos de ellos sufrieron la violencia de los “mítines de repudio” de 1980), y a quienes el gobierno acusó de “traidores a la patria”, “escoria”, “gusanos” en infinitas consignas que gritaban por las calles.

El Estado cubano –mediante sus tiendas en MLC repletas de productos, mientras que la mayoría a las que tienen acceso los asalariados del gobierno están vacías– está siendo financiado por el dinero del supuesto “enemigo cubanoamericano” que sostiene a su familia dentro de la isla. No solo crearon la infraestructura disfrazada para recoger ese efectivo en divisas, lo peor es que se están aprovechando del sufrimiento y sentimientos de estas personas que viven en el exilio, para con sus familiares que carecen de economía para adquirir productos para una vida sana y digna.

Por otro lado, tenemos conocimiento y pruebas de que algunas Bienales de La Habana e instituciones oficiales cubanas han sido financiadas por funcionarios y fundaciones foráneas, posteriormente consideradas –por el propio gobierno– enemigas de Cuba, por no estar de acuerdo con métodos y sentencias injustas impuestas contra intelectuales, activistas y periodistas durante la “Primavera negra” del 2003.

También se han creado proyectos culturales oficiales con instituciones norteamericanas estatales y privadas: exhibiciones, intercambios de eventos, becas, etc. Las instituciones culturales cubanas han recibido dinero de Estados Unidos gracias a estos eventos. De hecho, Tania Bruguera y yo (entre otros artistas cubanos) en 1996 participamos en una de estas becas coordinada por medios oficiales de ambos países.

En el caso de que fuera cierto: ¿Por qué no pueden recibir ayuda económica los periodistas y artistas? ¿Será porque el gobierno no se beneficia? Tengo una solución: ¿Los activistas, artivistas y periodistas independientes cubanos podrían sacar la licencia de cuentapropistas y pagar un porcentaje al estado? (Ríe).

– El artivismo parece estar teniendo efectividad en la sociedad que disiente del poder. La protesta de centenares de artistas y periodistas frente al Mincult y el acuartelamiento de San Isidro, lograron crear desde un raíz artística, movimientos cívicos…

El artivismo y las acciones de San Isidro indudablemente mostraron de disímiles maneras al pueblo cubano un camino a seguir. Abrieron la mente y les enseñaron que no son ganado, sino seres humanos con derechos de exigir y elegir su futuro. Y no se trata de jóvenes solamente, hay hombres y mujeres que trabajan para dar de comer a sus hijos, que tienen necesidad de expresarse y quejarse, sin la violencia como respuesta, y sin que siempre le impongan el embargo de Estados Unidos como justificación de la prepotencia y la incapacidad directiva.

Creo que el gobierno de Estados Unidos podría perjudicar más a la potencia totalitaria gubernamental cubana, si simplemente levantaran “el bloqueo”, si al fin y al cabo los dirigentes tienen todas sus necesidades y más, completamente cubiertas.

– ¿Qué podemos esperar del arte en Cuba y las políticas culturales en esta década que inicia?

Mientras no exista un cambio político, democrático, actualizado con nuevas ideologías y nuevas concepciones económicas, todo lo demás estará pendiendo de un hilo. Se necesita un país donde se respeten todos y cada uno de los derechos civiles y la institución/arte esté dirigida por personas cultas, actualizadas, sensibles, que partan de un pensamiento democrático, pluralista, autocrítico y constructivo; que defiendan la autonomía institucional y que no se vinculen con las fuerzas represivas y doctrinas totalitarias; que sean personas asequibles y tengan plena conciencia de que existen sus instituciones y puestos ejecutivos (gracias a los cuales llevan sustento a sus hogares) por la presencia y labor de los artistas.