“Ni me iré de Cuba, ni callaré mi voz”: escritor cubano denuncia censura
El régimen cubano, censurador y enemigo del arte y la cultura que no se alinee con el discurso oficialista, continúa cerrando el cerco sobre el escritor Pedro Armando Junco, quien fuera expulsado de la oficialista Unión de Escritores y Artistas en agosto, por emplazar a Díaz-Canel en una carta pública
Pedro Armando Junco, Canel y Raúl Castro. Fotomontaje: ADN Cuba
 

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El régimen cubano, censurador y enemigo del arte y la cultura que no se alinee con el discurso oficialista, continúa cerrando el cerco sobre el escritor Pedro Armando Junco López, quien fuera expulsado de la oficialista Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en agosto, por emplazar al presidente Miguel Díaz-Canel en una carta pública.

Recientemente, el espacio cultural “Escritores al bate”, que organizaba Junco López en Camagüey, fue suspendido definitivamente por las autoridades. El intelectual explicó las circunstancias en que censuraron definitivamente su peña de promoción literaria y cultural en general, en un texto que reproducimos en ADN Cuba.  

Pedro Armando Junco (1947) es un escritor de prestigio y muy reconocido en Camagüey y el país. Ha publicado cuentos, novelas, ensayos y poesías, y por su obra ha integrado antologías en Cuba, España y Argentina. Entre los reconocimientos que ha recibido destaca el Premio Nacional “David” (1987) por su libro La furia de los vientos, en el género testimonio.

En marzo de 2014, ganó el “Premio de la Ciudad Camagüey 500” en las celebraciones por el medio milenio de Santa María del Puerto del Príncipe (actual Camagüey) con su cuaderno Crónicas de un pueblo pequeño. En enero de 2015, en la Feria Internacional del Libro de La Habana fue presentada con mucho éxito su novela Treinta y seis hombres a bordo.

ADN Cuba reproduce las palabras de Pedro Armando Junco, tomadas de su Facebook personal:

Luego de leer sus comentarios sobre el cierre de mi espacio cultural, me he sentido tan halagado que deseo confesarles algo: desde ahora en lo adelante mi PEÑA ESCRITORES AL BATE son ustedes. Solo les pido mesura y un lenguaje comedido.

Si el cierre del evento tuvo como propósito llevarme al ostracismo, a encerrarme en la cápsula de mi hogar como han logrado con otros muchos o instarme a que me marche del país, han fracasado. Ni me iré de Cuba, ni callaré mi voz ante las injusticias, más cuando otros valientes también lo están haciendo desde adentro.

Pero hagamos un poco de historia sobre los hechos. Resultaba extraño que luego de mi expulsión de la UNEAC por escribirle una carta a Díaz-Canel, la dirección de Cultura no hubiera echado también la ficha negra en el asunto. Me dejé llevar por la utopía y me propuse realizar este evento cultural completamente al margen de opiniones políticas ni sociales. Estructuré “Escritores al bate” con absoluto objetivo de promover valores literarios desconocidos en el ámbito cultural de la provincia. Y elegí como primer invitado a uno de los más humildes ciudadanos de Camagüey –negro, pobre y ciego– de cuyo talento ya tenía noticias, gracias a diversas actividades en los Talleres Literarios de los que fui jurado. A esa Peña llevé también a uno de los más potentes solistas de la ciudad, quien puso a bailar hasta personas que pasaban por la calle. ¡La Peña fue un éxito!

En la próxima actividad invité a un señor que conserva una novela inédita, de la cual leyó algunos fragmentos. La cantante faltó a última hora, pero esta ingenuidad congénita que padezco, no me avizoró alguna jugada sucia de mis censuradores. Ahora es que me percato del objetivo: hacer fracasar la actividad por falta de público, como sucede en muchas otras en las que el desinterés mantiene las butacas vacías. Pero la Peña se volvió a colmar de público.

A raíz de mi expulsión de la UNEAC, mi correo electrónico nacional con sede en Cultura Provincial fue bloqueado, según me han dicho por orden expresa de la directora provincial de Cultura. Seguramente la directora de esta institución desconoce que ese correo me fue entregado completamente gratuito hace alrededor de veinte años por el entonces ministro de cultura Abel Prieto, gracias a mi condición de escritor.

Para esta tercera actividad ya se hizo sentir la censura más descaradamente. A la cantante invitada la llamó directamente dicha funcionaria y le “sugirió” objetara la oferta. Pero de inmediato reaccioné e iba a suplirla otro talento artístico, de material “no vendible”. Luego ocurrió el sospechoso corto circuito; hasta que por fin, ante mi insistencia en no claudicar, a menos de 24 horas del evento, me citaron y comunicaron, ya sin ambages y con toda franqueza, que la actividad no iba, porque no va…

Hay bribones y bribonas que viven contra los que pensamos y hablamos sin hipocresía; contra los que no tenemos miedo a decirlo; contra los que llevamos en sí el decoro que ellos no han podido conservar. Pero no importa. Ahora espero que en cualquier momento arranquen con impotente ira el lienzo artístico con mi poema “Delirio” que adorna la sala recibidor de la librería Ateneo; que bloqueen la reedición de mi exitoso libro “Crónicas de un pueblo pequeño”, ya aprobado por el Instituto Nacional del Libro y la Literatura; o que la mediocridad de estos bribones serviles ordene recoger mis obras en todas las bibliotecas de la provincia, conformen una pira con ellas y le prendan fuego, llevando a cabo otra Revolución Cultural a estilo Mao Zedong en pleno siglo XXI.

Sé que estas personas no son más que el látigo infeliz y tembloroso, manejado por una mano oscura que se esconde tras bambalinas; porque esa mano escura quiere pasar como desapercibida ante el mundo, para que no echen sobre ella otra mancha más de violación de los derechos humanos.

Piensan continuar sembrando la incultura, pero se equivocan. Cuba está despertando. No hay más alternativa que abrir la talanquera a una juventud ávida de libertad y de progreso. Muchos aún son dóciles y temerosos, pero otros ya están valerosos y dispuestos. Cuando los valientes y dispuestos sean mayoría frente a los dóciles y temerosos, llegará el cambio.

 

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