Los correcaminos, una nueva moda en Cuba
La suspensión del transporte por la pandemia de coronavirus impulsa a muchas personas a caminar largas distancias para buscar alimentos y otras necesidades de la supervivencia, cual si fueran correcaminos 
Cubanos en busca de alimentos
 

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La suspensión de ómnibus y taxis ruteros por la pandemia de coronavirus ha impulsado a muchas personas a caminar largas distancias para buscar alimentos y otras necesidades de la supervivencia. 

Durante el día se pueden ver a estos caminantes yendo de un punto a otro de La Habana, a veces en fila, como los que van del paradero de Playa hasta el poblado de Santa Fe, distancia aproximada de 10 kilómetros, a paso forzado, muchas veces cargados con las compras del día. 
Luis y Elsa son un matrimonio que realiza esta marcha todos los días. 

“A veces son tiradas más largas, como ésta de hoy, que vinimos caminando de Alturas de La Lisa. Acortamos camino por el hospital CIMEQ y salimos a Punto Cero”, confiesa Luis. “Caminar es un excelente ejercicio, pero no cuando se realiza por necesidad y sin una alimentación adecuada, ni asesoramiento médico.

“Fuimos a La Lisa a cobrar un dinero y comprar vituallas”, cuenta Elsa. “Ahora ya vamos de vuelta a nuestra vivienda. Estamos molidos de cansancio. Mañana pensamos ir a Miramar, a la tienda La Puntilla, donde dicen que están sacando detergente”.

Elsa se acomoda la mochila en la espalda, se pone de pie, da ánimos a su esposo para acometer el tramo final hasta el reparto El Roble y echa a andar.

“Para luego es tarde”, dice y se aleja a paso rápido, seguida de su esposo.  Comienzan a alejarse. De pronto son dos puntos sobre el puente del río.

Wendy Claro también hizo ese mismo trayecto a pie, dos días seguidos. Primero cuando fue a cobrar un dinero enviado por su hermano desde Atlanta. Y al otro día para comprar carne de puerco.

 

 

“Hay un timbiriche al lado del punto de la Westerns Unión, que vende carne de puerco los sábados. Me enteré de eso en la cola, cuando iba a cobrar. Hoy fui de nuevo, compré una paleta. Ese trayecto lo hago ya con los ojos cerrados. También el viaje diario al mercado Flores y al Náutico. ¿Tú sabes cuántos taxis de 10 pesos me he ahorrado en la gracia? Unos cuantos”.

Recorrido más largo todavía lo hizo Emilio el guajiro: de Jaimanitas a playa Baracoa, a pie, para comprar puerco. Cuando llegó se había acabado. 

“Gracias que encontré detergente y pasta dental y el viaje no resultó vano. A la vuelta sufrí un desmayo en el camino, son 20 kilómetros y estoy viejo para esas distancias. El problema es que en Jaimanitas no aparece nada. Hay que salir a buscarlo a otra parte.

En solitario, o en parejas, mucha gente camina en Cuba jornadas extensas para sobrevivir, arriesgando la vida en el periplo. ¿Tantas cuadras acaso no pudieran tener el virus en el camino?
Víctor Teja, del reparto Ramirito, es custodio en la inmobiliaria de 5ta y 110. Dice que en las madrugadas ve bajar de los municipios Marianao y La Lisa una fila interminable de mujeres rumbo a los mercados para la cola del pollo.

“Es una escena que no se acaba nunca. Dura toda la noche hasta que amanece. A lo lejos sientes el chancleteo acercándose, las voces, los chistes, luego se alejan y atrás viene otra oleada, a las colas de los sueños”. 

“He visto gente venir de Arroyo Arenas, El Cano, El Guatao, Mantilla… verdaderos correcaminos de estos tiempos. Los que regresan a sus casas cargados se notan felices tras el esfuerzo. Pero los que desandan el trayecto con las manos vacías, sienten la derrota peor que un contagio. Esos son los que me dan lástima”.