Joven cubano cuenta sus inicios en la prostitución: "lo hice porque no tenía para comer"

Leosvel es un joven gay que se prostituía para ganarse la vida. Vive con su madre en un cuartucho, olvidados por su padre y sin auxilio del Estado. Esta es su historia
 

Reproduce este artículo

Leosvel Estrada se contagió de VIH cuando se prostituía para poder ganar lo mínimo para sobrevivir. Tuvo que dejar los estudios porque el tiempo no le alcanzaba; era ayudar a su madre o hundirse los dos aún más en la miseria.

“Yo con esas personas no quería acostarme, pero tenía que hacerlo obligatoriamente para tener, aunque sea con qué comer, con qué pagar alquiler”, comentó Estrada sobre sus inicios en la prostitución a los 14 años. Su padre los botó de la casa a él y a su madre cuando Leosvel tenía apenas seis años.

No pudieron hacer nada, ni las autoridades cubanas, porque el hombre era dueño de la casa. Desde entonces anduvieron “a la buena de Dios”, hasta conseguir un pedazo de tierra donde levantar el cuartucho de madera en el que viven en pésimas condiciones. Hay goteras en el techo y las paredes tienen huecos por donde entra el aire. Ni siquiera cuentan con baño y sanitarios.

Llorosa, Mariela Ruiz, su madre, cuenta que en vivienda tienen un expediente suyo desde hace 18 años, en el que pide una casa, pero no le han dado respuesta. “Ya estoy cansada, al gobierno no le importa nada, se han reído de nosotros”, comentó a Cubanet.

“Fue muy duro para mi saber que mi hijo era gay, que tenía VIH y que se prostituía. Él lo hizo a mis espaldas. Y enfrentar aquella realidad tan difícil, sin siquiera tener un vaso de leche para darle. Había día que no comíamos, porque no teníamos con qué”, agregó.

“A veces me acostaba con dos, otras con tres, dependía de la noche, porque por cada uno cobraba 5 CUC. Se me rompió el condón con uno y fue así como adquirí el VIH”, explicó por su parte Leosvel.

Al estado no le interesa la vida de nadie”, comentó el joven. Y su madre lo acompañó asegurando que “para el pobre no hay nada. Se pasan la vida diciendo que construyen casas, pero nosotros no hemos recibido ayuda. Me he pasado 18 años recibiendo insultos”.


El caso de Leosvel y Mariela no es raro en Cuba, por el contrario: miles de familia están en condiciones parecidas a la de estos dos cubanos, ya sea porque sus casas se derrumbaron o porque esperan en vano un auxilio del gobierno por cualquier otra situación.

ADN Cuba ha reportado denuncias como las de ellos casi cada semana. Por ejemplo, la víspera, Regla Miranda, una anciana de 65 años que reside junto a sus dos hijas en Águila, entre Neptuno y Concordia, en La Habana Vieja, denunció que su casa se está cayendo y que sus pedidos de auxilio al gobierno no dan resultado.

Según las autoridades locales, la reparación de su vivienda debe ser por esfuerzo propio, aunque Miranda sea una jubilada que solo recibe una pensión mensual de 350 pesos (12 dólares) y los materiales de construcción alcancen precios prohibitivos para la mayoría de los cubanos.

“¿Cuál es el miedo mío? Que se siga cayendo y nos mate a nosotros aquí”. Según declaró, se decidió a denunciar su situación porque “hay un derrumbe y (las autoridades competentes) no han hecho nada”. “Tengo una niña chiquitica y tengo miedo que se caiga eso (el techo) y me la mate”, aseguró.

Las políticas de construcción y reparación de viviendas en Cuba han sido ineficientes. Según estadísticas oficiales, el 39% de las edificaciones de la Isla están clasificadas en estado constructivo malo o regular y existe un déficit de casi un millón de inmuebles.

Tags
 

Relacionados