El fallido intento estatal de las tiendas virtuales
El fracaso de las tiendas virtuales organizadas desde el estado en Cuba contrastan con la eficiencia de las plataformas similares surgidas desde esfuerzos particulares, aunque estas últimas se caracterizan por un elevado sobreprecio
Tu Envío y las opciones similares venidas desde el estado han sido un fracaso

Mucho se ha hablado y escrito sobre el fallido intento estatal de las tiendas virtuales. Por ser un hecho que está por ver sus resultados seguirá hablándose y escribiéndose sobre ello, el nítido manifiesto de la incapacidad del estado para afrontar las crisis.

Marta Lidia, del reparto Flores, dice que nunca confió en ellas, pero aun así quiso probar.

“Y resultó un fiasco. Realicé una compra grande, que pudiera ayudarme a pasar la pandemia un buen tiempo, pero el envío nunca llegó. Llamaba todos los días a ventas online hasta que me aburrí del peloteo. Estaba pasando hambre teniendo dinero, invertido en una comida por internet que se esfumó en el ciberespacio. Finalmente cancelé el envío y pedí que me reintegraran el dinero. Otra odisea más”.

“En cambio, en los sitios de ventas de los particulares encuentras de todo: carne de cerdo, pollo, detergente, champú, jabón, lencería, peletería… lo que busques está allí, pero caro. Y el servicio es al momento”.

Sabrina Lince, del barrio Ramirito del municipio Playa, ha visto a través del teléfono y los datos móviles cientos de sitios de venta en Internet de personas que han emprendido pequeños negocios en medio de la pandemia. Y son los que están resolviendo el problema de la gente.

“En uno de esos sitios vi que vendían bocinas de música, a buen precio, me comuniqué con la dueña del sitio, una mujer hiperquinética que me pidió hablar por privado y me acribilló con propuestas: bolsos, vestidos, zapatos, ropa interior, también tenía cremas de tratamiento para el pelo de la marca La Skala y la firma Partener, de buena calidad. Finalmente me convenció de comprar un vestido, una crema y me hizo una rebaja por incluir un bolso. En un par de horas tuve el pedido en la mano. Ella misma alquiló un transporte y concretó la venta”.

Otra mujer satisfecha con los sitios de ventas de particulares en Internet es Mirna, que trabaja desde su casa y siempre está conectada por datos móviles.

“Es cierto que encuentras de todo en esos sitios, pero a un precio endemoniado. Es una solución del problema para quien tenga dinero, porque la entrega es rápida, sin burocracia. Pero hay que recordar que hay mucha gente, la mayoría del pueblo, que no tiene ni siquiera dinero para mantener activado los datos móviles y la conexión”.

Al comienzo de la pandemia del coronavirus el estado anunció estas tiendas virtuales y ventas online como la providencia para preservar el distanciamiento social (tan necesario para eliminar el virus), y contrarrestar el peligro de contagio que emanaban de las aglomeraciones de público en las colas de las tiendas.

“Pero al final fue un intento fallido”, dice Villa, que también perdió tiempo y dinero al pagar al sitio estatal Tu Envío por una lista de alimentos que jamás llegó. “El gobierno tiene a Cuba tan atrasada, que ni siquiera las tiendas por Internet sirven. Ese mercado lo están copando los particulares, vamos a ver hasta cuándo porque quien sabe si le caen arriba también y los sacan por el noticiero como delitos.

Magda Coquito, vecina de calle Tercera en Jaimanitas, dice que los cubanos quedaron en esta pandemia frente a una disyuntiva: la compra online que propuso al estado, de productos mayormente con su tiempo de consumo vencido, de mala calidad y la mayoría de los casos que nunca llegaron al destino, o la venta dinámica de un producto de alta demanda, aunque a un precio varias veces mayor.

“Tuve que comprar pasta dental por Internet, después de buscarla por La Habana un mes entero, con ahínco”, cuenta Magda. “Apareció Colgate, a 15 CUC, unos 17 dólares, un escándalo de precio, pero no quedó de otra. Eso o el jabón de bañarse para cepillarte los dientes”.
 
“Pasé tremendo sofoco la semana pasada cuando recibí 300 dólares de mi hermana de Miami, que me dijo lo gastara en comida. Yo pensé que esos sitios de particulares eran como los del estado, que era casi siempre mentira, o que al final no tenían todo lo que anunciaban y como precaución hice dos pedidos a sitios distintos”. 

“Las dos ofertan incluían una pierna de cerdo, arroz, malanga, café instantáneo, puré de tomate y refrescos de latas: 145 CUC. Y los dos pedidos llegaron casi juntos. De repente no tenía espacio para guardar dos piernas de puerco y tuve que pedirle de favor a Irasema, la cristiana de la cuadra, que me guardara una en su refrigerador”.

“Irasema confesó que hacía tiempo que no veía puerco y ya no recordaba a que sabía. Llevaba meses a base de croquetas o huevos, o lo que conseguía para el día, que devoraba en el acto. Le di un pedazo, por ayudarme a salir del apuro y así poder ayudar al prójimo”.