Delegada se queja de los altos precios del ordenamiento

Norma Cristina Pedroso es cuentapropista y delegada de su circunscripción. Su pequeño negocio de tejas de barro debe navegar contra todo: la falta de ayuda gubernamental y la crisis económica.
 

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Norma Cristina Pedroso es cuentapropista y delegada de su circunscripción, ubicada en el municipio La Lisa, de La Habana. Sin embargo, por la crisis agravada por la pandemia, casi ha perdido su pequeño negocio.

Resulta que Norma tiene una fábrica artesanal de tejas de barro, con la cual mantenía a su familia, sus empleados, y abastecía a sus convecinos. Antes, un camión de barro —su materia prima—, proveniente de Pinar del Río, le costaba 150 pesos. Ahora debe pagar unos 12 000, contó a CubaNet.

La pandemia la afectó también con el costo de la electricidad y, como al resto de los cubanos, con la alimentación y la escasez generalizada de productos básicos.

Norma pide al Estado que baje los impuestos y garantice los materiales necesarios para su negocio a precios justos, pero no tiene muchas esperanzas. La economía de El Cano depende de la alfarería, Norma quiso crear una asociación para fortalecer esta tradición, pero el Estado no lo aprobó.

También aseguró que los alfareros de La Lisa están en “completo olvido”, a pesar de esa tradición artesanal es la única de la cual puede enorgullecerse el municipio.

Esta cubana sencilla asumió como delegada de su circunscripción, la número 39 del poblado El Cano, para ayudar a sus vecinos. Con mucha claridad, explicó a CubaNet por qué lo hizo: “no es un compromiso con la Revolución, sino una labor humanitaria”.

Ayuda a las personas enfermas de COVID-19 de distintas maneras: comprándoles su ración en la bodega o enviándoles la comida o la escasa ayuda que destina el gobierno para ellos, con tal de que no salgan fuera de sus casas.

Antes de la pandemia, recibía extranjeros en su tejar y les daba terapia ocupacional; aunque no recibía beneficios económicos, se llevaba una gran satisfacción por ayudar a otras personas.

Como Norma, muchos cuentapropistas cubanos deben sobrevivir acorralados entre la crisis económica y la falta casi total de apoyo gubernamental.

Desde 2016, las reformas pro-mercado impulsadas por Raúl Castro fueron abandonadas y muchos negocios quebraron y el Estado endureció su control sobre ellos. La crisis provocada por la pandemia sólo vino a agravar la situación.

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