El viaje extraordinario de Arturo Infante

 

Arturo Infante debutó en el largo de ficción como realizador con el filme El viaje extraordinario de Celeste García. Estrenada en el 40 Festival de Cine de La Habana, el filme compitió en el apartado ópera prima con una recepción mayoritaria por parte del público que abarrotó los cines donde se estrenó. Por estos días de junio el filme se exhibirá en toda Cuba. La premiere posibilitará al espectador de provincia, e incluso de la capital del país, que no pudo verla en los días del estreno en el 40 Festival, disfrutar de una historia que coquetea todo el tiempo con el absurdo y la parodia en su discurso fílmico.

Arturo Infante es poseedor de un filoso discurso paródico, donde la ironía y el choteo son ingredientes más que suficientes para narrar historias donde el drama social o el realismo se ven matizados por estos códigos, apelando, eso sí, a un espectador inteligente a la hora de decodificar sus historias.

Utopía (2004) fue el debut como realizador en el corto de ficción. Utopía son relatos que discursan sobre una realidad tan absurda como distópica: el polémico tema de la masificación de la cultura, y la creencia de que la misma es posible en una realidad que aún carece de la verdadera cultura esencial, que no se alcanza con programas masivos por televisión, y que tampoco se ha logrado desde las escuelas primarias donde no se imparten asignaturas de carácter artístico, que contribuyan a la superación intelectual del alumno. En el corto Gozar, comer, partir (2007), el realizador insiste en mostrar una cara nada complaciente de nuestra cotidianeidad, pero que en esencia refleja tópicos que se convierten en leitmotiv del cubano de hoy, con sus preocupaciones, ansiedades y añoranzas. Estos dos cortos de ficción nos anticipan a un realizador nada complaciente a la hora de construir historias, que retratan de una manera u otra la realidad que vive y la realidad que muchas veces se oculta por los medios de difusión masiva.

En el filme El viaje extraordinario de Celeste García nos entrega Arturo Infante una deliciosa comedia de costumbres con ribetes de ciencia ficción, donde no faltan ingredientes de sus anteriores historias. Una vez más el discurso de la parodia y la ironía nos acercan a un tema bastante narrado en nuestra cinematografía como lo es el de la emigración y la búsqueda de la felicidad, sólo que esta vez se nos muestra el conflicto desde una arista diferente. Narrar desde un discurso que apela a códigos donde el espectador es sujeto más activo que contemplativo, ya que debe decodificar un posible doble discurso, les exige algo más que risa y mero entretenimiento.

El viaje extraordinario de Celeste García es una película inteligente, que nos hace reír y pensar, risa amarga, eso sí, pero que convida a repensar males que nos atañen, no solo como ciudadanos cubanos que somos, sino como ciudadanos del mundo, ya que muchas de las miserias humanas que nos retrata el filme son verdades universales.

La historia de una mujer de 60 años llamada Celeste, que tiene una rutinaria vida como guía de un planetario es el centro de esta historia que pone el dedo en la llaga en conflictos que no son ajenos al cubano de hoy, conflictos que hemos padecido en el pasado, o que aún padecemos en un presente que no ha podido solucionar muchos de ellos, y laceran la memoria y la posible realización personal y profesional de cualquier ser humano. Esta mujer tiene un pasado disfuncional, signado por la violencia familiar y la incomprensión laboral que han dado al traste con una mujer infeliz y triste, una mujer que no ha podido enrumbar su vida por caminos que le permitan una vida más confortable.

 

Es Celeste pues un personaje más simbólico que realista, personaje que connota a toda una generación que se vio frustrada por errores de un pasado que aún llevan consigo y no han olvidado. Otro de los tópicos con los que arremete Arturo Infante son los medios de comunicación, la noticia de una posible invasión pacifica de una raza desconocida llegada del espacio, que dialoga con altos dirigentes del gobierno para invitar a los que deseen viajar a su planeta a empezar una nueva vida es un giro en el filme de una comicidad increíble, pero a su vez tan absurda y surrealista, que nos habla a todas luces de una realidad insuficiente y distópica, donde todo puede suceder o no, porque lo real maravilloso americano también es posible en una Cuba de hoy signada por ese día a día donde la lógica ya no es una buena guía, como dijeran los existencialistas a mediados de los años 50 del pasado siglo.

La emigración, la búsqueda de la felicidad, la necesidad de superar un pasado insuficiente y la solución a problemas económicos y de todo tipo, son algunos de los temas que aborda el filme, que también discursa sobre aspectos áridos de un pasado donde la educación en las escuelas en el campo devino un asunto polémico para la nación. La ESBEC Batalla de MalTiempo es el lugar donde los seleccionados para viajar al planeta Gryok van a prepararse para ser correctamente abducidos por una supuesta nave que vendrá a buscarlos. La disciplina militar del lugar remeda el régimen disciplinario de estos centros ya desaparecidos, muchos de ellos fueron objetos de polémicas, ya que los estudiantes padecían un reglamento más parecido al servicio militar que a una escuela de enseñanza media.

Logro del discurso del filme es narrar con ese filoso discurso paródico, donde pareciera que nos burlamos a cada instante de nuestros errores y de nuestra realidad. Y es a través de esa risa aparentemente ingenua que el filme hace una radiografía de aspectos álgidos de nuestra realidad, donde el tema de la alimentación es llevado a un nivel de ironía cuando les es comunicado a los posibles viajeros a Gryok de que una gallina equivale, en tamaño, a un edificio y que esos problemas que nos consumen estarán resueltos allá.

En el comienzo del filme asistimos, a manera de tesis, a uno de los parlamentos que pudiera definir esta deliciosa comedia de Arturo Infante cuando Celeste en una de sus clases en el planetario le dice al auditorio: El cielo que vemos hoy es el cielo de otra época, mirar al cielo escomo ver el pasado. El cielo es un misterio del que todavía sabemos poco. Y es que en el filme el pasado vuelve contantemente en una especie de contrapunteo para hacernos partícipes de la vida de esta mujer que ha sido dañada por su esposo primero y luego por la sociedad. El pasado que arrastramos, y que aún no podemos olvidar, vuelve en la historia que se nos narra, de una manera u otra, para hacernos tomar conciencia de la necesidad de superarlos.

El tema de la emigración y la búsqueda de la felicidad a toda costa es en el filme una reflexión sobre ese migrante que en esencia solo quiere su bienestar, más allá de posturas políticas, solo que aquí se insiste en esa masa de migrantes que en muchas ocasiones se nos ha querido mostrar como el lumpen, el asesino, el marginado. Celeste y muchos otros que deciden viajar a cualquier lugar del mundo, aunque sea un planeta desconocido, o cualquier lugar, son cubanos diversos, que por determinadas razones de la vida no han podido encontrar una solución a sus disímiles conflictos.

Es en esencia El viaje extraordinario de Celeste García un filme que dialoga con el presente y el pasado, dialoga desde el discurso paródico y la comedia con una realidad distópica, que laceran  la realización del ser humano, y que aquejan a la humanidad como pudieran ser: la doble moral, el arribismo, la hipocresía, la mentira, el oportunismo, la disfuncionalidad familiar y social, el totalitarismo, entre otros tópicos, para entregarnos con este relato que coquetea con el absurdo, una  fábula sobre un país que necesita a todas luces mirar su pasado para reconquistar su presente.

Otro logro del filme son sus actuaciones. El casting lo encabeza una reconocida y sólida actriz como María Isabel Díaz en la piel de Celeste, logra la actriz entregarnos a un personaje tan humano y desgarrado, que no podemos más que aplaudirle una vez más por su entrega. Destacan también en actuaciones especiales las actrices Beatriz Viña (una de sus actrices fetiches), y Verónica Díaz, en la piel de una funcionaria rígida e hipócrita, con ese doble discurso tan común en funcionarios como ella. No deslucen en sus personajes las actrices Andrea Doimeadios, Tamara Castellanos y Yerlín Pérez, una vez más sólido en su actuación está Omar Franco, aunque es válido señalar que el personaje del frustrado cantante de tango que interpreta Néstor Jiménez  lo asume desde la caricatura, lo maniqueo, lo que lastra el resultado final del mismo, ya que ese afeminado cantante que convive con Celeste y otros posibles viajeros no logra los matices necesarios para hacernos partícipes de su pasado infeliz, pasado que se enuncia y nunca llegamos a conocer, como tampoco aporta a la trama, en esencia, su diseño de personaje.

Esta coproducción entre Alemania y Cuba es una entrega que se agradece por mostrarnos las preocupaciones de un realizador que desde sus primeros cortos sostiene un interesante cine de autor. Sus historias nos hacen divertir, nos hacen reír, es inevitable la contagiosa empatía con ellas, pero también es inevitable pensarlas, pensarlas como una llamada de atención a una nación que viene construyendo su porvenir desde hace décadas arrastrando males con los que aún no hemos sabido lidiar, y es una realidad que se han construidos verdades de Perogrullo con temas tan urgentes como la educación y  la masificación de la cultura, dando al traste con una secuela de males e ignorancias que hacen que aún no podamos reconocernos como ese hombre culto que soñamos para todos.

Enhorabuena para EL viaje extraordinario de Celeste García, una película que sin poseer esa hondura conceptual, pone el dedo en la llaga en conflictos que necesitan visibilizarse, se necesita ese viaje al pasado desde el presente, sea el pretexto una supuesta raza alienígena  para que podamos todos recordar nuestra historia y nuestros errores, para seguir creciendo, avanzando,y lograr conquistar esa añorada felicidad sin tener que partir a ningún lugar,  pero también es necesario para ello para asumir verdades desde la honestidad y el empeño de un realizador que en esencia es la voz de su momento histórico.