¿Qué debe esperar América Latina de China?
China ha caído en la tentación del imperialismo; no sólo busca expandir su poderosa economía, sino que intenta subyugar a naciones más pequeñas que la rodean
Desfile militar chino
 

¿Cuáles son los beneficios —o peligros— de las relaciones de América Latina con China? Esa es la pregunta que un grupo de expertos en política internacional intentaron responder este 13 de agosto, convocados por el Centro para el Estudio de las Sociedades Abiertas Contemporáneas (CESCO, por sus siglas en inglés).

Aunque la amenaza de China parece estar lejos de este continente, los especialistas coincidieron en que el expansionismo chino es un fenómeno novedoso en la época moderna, que amenaza a las naciones libres, debido a su modelo político.

Ese país asiático, que parece haber caído en la tentación del imperialismo, aceptó hace medio siglo los principios del libre comercio, pero sigue siendo un régimen despótico, que no respeta las libertades básicas, los derechos humanos e intimida a otras naciones cercanas, como Taiwán, la India y Japón.

En efecto, esta conferencia internacional trató también sobre cómo el Celeste Imperio —como se le conocía en la antigüedad— subyuga a pequeños países a los que terminó asimilando, como Hong Kong. Ese antiguo enclave británico entró a formar parte de China bajo el principio “un país, dos sistemas”, pero Beijing intenta a toda costa acallar la voz de su sociedad libre, regida por valores occidentales.

El temor, para el político dominicano Pelegrín Castillo, es que China no sólo busque expandir su comercio, sino imponer su ideología y sistema político al resto del mundo. Por su parte, Dragos Dolanescu, diputado a la Asamblea Legislativa de Costa Rica, se preguntó hasta qué punto América Latina debería promover relaciones comerciales con el gigante asiático o hacerlo con Taiwán, mucho más libre e igualmente desarrollado.

La última pregunta viene al caso, pues los vínculos comerciales con Beijing crecen cada año, a medida que la economía China se vuelve más grande y atractiva, pero el Partido Comunista ha puesto como precondición que sus socios no reconozcan a Taiwán o supriman su comercio con esa república, con la cual los mandarines comunistas tienen una disputa enconada desde la fundación de ambas naciones.


En lo que antes se conocía como la provincia de Taipei, ubicada en una posición muy ventajosa cerca de las costas chinas, a medio camino entre Japón y la península coreana, se refugió el bando perdedor de la guerra civil que sobrevino tras la expulsión de los japoneses, el Kuomintang de Chiang Kai-shek.

Allí fundaron una república dictatorial que lentamente evolucionó a un régimen liberal. Lo que no ha cambiado es la persistencia de los taiwaneses de mantener su independencia y el anhelo de la China comunista por volverlos a sojuzgar. Taiwán es un aliado fiel de Estados Unidos y ha desarrollado una economía y unas fuerzas armadas modernas para resistir las apetencias imperialistas de su poderoso vecino.

Entre otros, también participaron en el evento Pablo Viana, diputado del Partido Nacional de Uruguay, y Orlando Gutiérrez, co-fundador del Directorio Democrático Cubano.